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La Gloria de Eisental - Vigésimo tercer torneo.

Miér Ene 04, 2012 10:10 am por Jodri Rompehierro

Los juglares se encargan de llevar las noticias aquellos que no saben leer, y con sus cánticos transmiten toda la información. Esta vez cantan himnos de guerra, de lucha y combate. Pero más allá de su exagerada visión, comentan el que será el vigésimo tercer torneo de Eisental:


La Gloria …


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Para todos los usuarios.

Mar Ene 03, 2012 6:59 pm por Jodri Rompehierro

¡Muy buenas mis pequeños y Feliz Año Nuevo para todos!

Empezamos un año nuevo, y mi primera impresión no ha sido muy buena… Puede que esté confundido, o espere demasiado… Pero es lo que me parece y me cuesta decirlo… No sé si entenderéis a lo que me refiero.

En fin, aparte de …

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Un día especial

Mar Oct 25, 2011 7:05 am por Jodri Rompehierro

Un día especial


Saludos a todos y a cada uno de vosotros. Hoy es un día muy especial, y en nombre de todos los administradores tengo que contaros algo. Esta vez no voy a narrar ningún combate, ni a rolear con vosotros. Creo que lo que voy a deciros es más importante. Algo dentro de mí me …

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Despedida, primer día

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Despedida, primer día

Mensaje  Margrave Hermann el Jue Feb 17, 2011 4:04 pm

Amaneció temprano en el pequeño pueblo de Eisental. Su lugareños despertaban en sus camas, ajenos a los esdevenimientos que estaban por suceder. Y al igual que ellos, Hermann, despertaba alumbrado por los primeros rayos de luz.

Le costó varios minutos rehacerse del estupor del sueño. No era un hombre que gustara dormir demasiado, pero como todos necesitaba descansar unas 6 horas diarias. Se levantó y encaminó a su ropero. Hoy era un día especial, así que escogió algunas de sus mejor ropas y se armó con ellas.

Abajo le esperaba su mayordomo Hugo, le había preparado el almuerzo, como cada día. Comió tranquilamente mientras éste terminaba algunas tareas que tenía enmendadas.

-Hugo, -le llamó el Margrave-. ¿Has hecho lo que te pedí?

La pregunta solo fue un modo de iniciar la conversación. Hugo era un fiel sirviente que obedecía todas y cada una de los mandatos de su amo, así que no se sorprendió al ver como el halfling asentía con la cabeza.

-Hoy veremos marchar a ese grupo.


Anduvieron casi en silencio por las calles de Eisental, Hugo hacía varias horas que correteaba, con sus pesados años, por el mundo, pero Hermann acababa de despertar y aun se sentía soñoliento.

Una figura ataviada con una túnica negra se hallaba en el punto de reunión, a las puertas de Eisental. Se trataba del sacerdote local que veneraba el culto de Morr, el Margrave no solía hablar mucho con él, solo cuando se trataba de temas políticos, asuntos económicos o en algunas festividades religiosas. En este caso debía encontrarse con él por asuntos sombríos, que entremezclaban política, muerte y religión.

Se acercó rápidamente mientras sentía el frío de la madrugada calándose en sus huesos. Un escalofrío recorrió su cuerpo de arriba a bajo pero quizás no fuera a causa de gélido viento. Había estado pensando en la tierra maldita que su grupo de incautos debía cruzar para llegar a su destino. Eso era lo que le aterraba, suerte que él no formaba parte de la expedición.

-Buenos días padre -dijo al sacerdote nada más llegar junto a él-. ¿Aún no ha llegado nadie?

Miraba a un lado y a otro, estaba claro que no habían llegado, en aquella entrada solo se encontraban ellos, los dos hombres y el halfling.

-Tampoco han llegado los víveres que pedí.




Solo pueden contestar en este tema los que en el anterior, "Hacia un funeral", se hayan ido a dormir.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Beatrixh Lonsalsus el Jue Mar 03, 2011 6:36 pm

El primer rayo de luz del día acarició suavemente su rostro y la despertó con dulzura. Había dormido profundamente, una noche sin pesadillas ni molestias. Ahora se sentía relajada y medió adormecida, así que tuvo que hacer algunos estiramientos para acabar de despertarse.

Ataviada con sus ropas y sus pertrechos bajó a la sala donde la noche anterior hubieron celebrado un exquisito banquete en honor a su próximo viaje. La sala estaba completamente cambiada, la gran mesa estaba vacía de alimentos, platos y demás enseres. Alguien se había levantado aun más temprano que ella y lo había limpiado todo.

Más allá de la mesa, por encima de los bancos encontró una pequeña cesta con varios trozos de pan junto con una jarra de leche y suficientes vasos para todos los huespedes.

“Supongo que esto debe ser el almuerzo”.

Agarró uno de los trozos de pan, y al hacerlo sintió que estaba algo caliente. El pan era de ese día, acababan de cocerlo. Estaba tierno, y al masticarlo sabía como lo que era, pan. Un trozo pequeño fue suficiente para llenar el estomago de la chica. Cuando terminó con el pan se llenó un vaso de leche y bebió, estaba fresca. Disfrutó del regusto que se le quedó en la boca.

Dejó el vaso en el sitio, un poco alejado del resto y salió a la calle hacia el punto de quedada.


Vio dos hombre que reconoció al instante. Uno de ellos era el conocido Margrave, gobernante y líder del pueblo. Un hombre inteligente y calculador a su parecer. Y a su lado, una figura ataviada de negro. Era el sacerdote del pueblo, un personaje religioso que ya conoció brevemente en una ocasión.

Pero aquellos no estaban solos, había alguien más que al principio no reparó en su presencia. El pequeño Hugo también se encontraba con los dos hombres. Hugo era el criado favorito del Margrave. El halfling se encargaba de casi todas las tareas relacionadas con la casa March y siempre se le podía encontrar cerca del Margrave de Eisental.

Al llegar junto con los dos hombres realizó una elegante reverencia, primero a uno y luego al otro, inclinando su espalda hacia delante. Mientras que a Hugo lo saludo más cordialmente.

-Margrave. Padre. Hugo. Estoy lista para partir. Si hace falta pondré mi vida en juego para que el encargo se realice con éxito –hablaba con seriedad, con una voz firme y digna de aquellos que la escuchaban-. Es un placer serviros.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Yvraine del roble eterno el Sáb Jun 25, 2011 10:25 pm

Yvraine se levantó por la mañana antes de que el sol se levantara por el horizonte, preparo su equipaje y bajo a desayunar, ella no necesitaba comer, por el conjuro lanzado el día anterior mientras se repartían los objetos que se les cedieron para ir a sylvaia, pero sí que necesitaba tomar líquidos así que tomo un té de hierbas.

Tras el “almuerzo” se dirigió al punto de reunión acordado, de fondo solo vislumbró cuatro siluetas, tres de ellas las reconoció al instante: el sacerdote de morr, puesto que la túnica delataba que era él, el ayudante del margrave, por su estatura, y el margrave, puesto que su silueta era inconfundible. Hasta que no estuvo mas cerca no adivino que el otro integrante del grupo era Bea, una dama que la noche anterior le había presentado barric.

- Buenos días, estoy deseosa de marchar a la asamblea de vuestra parte - dijo mientras realizaba una reverencia

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Liur Valentine el Mar Jun 28, 2011 9:52 am

Era una buena mañana en Eisental, parecía que el tiempo iba a acompañar a los aventureros con un magnífico sol, los rayos de luz reflejaron directamente a la cara del joven galeno que apoyaba la cabeza en la ventana, parecía que en toda la noche no había cambiado su posición, había tenido un sueño muy profundo.

Poco a poco el galeno comenzó a despertar, tardó unos segundos en situarse, y el corazón le dio un brinco. “Mierda el viaje a Sylvania”. Liur se levantó de un salto de la cama, recogió sus pertenencias, se colocó la bolsita con todas sus cosas dentro, se aferró bien al cinto sus dos preciadas espadas, Pain a la derecha y shield a la izquierda, sonrió al recordar por un momento a su padre.

Luego cogido sus dos pistolas…. “¡¿Y mis pistolas?!.... es verdad las tiene el enano…” pensó Liur mientras daba un resoplido de alivio.

Después de observar por toda la estancia por si se dejaba algo, abrió la puerta y bajó a la parte inferior donde se lavó bien la cara para despejarse, cosa que le surgió efecto de inmediato. En el comedor pudo ver que les estaban esperando varios platos cada uno con un vaso de leche y un trozo de pan, se dio cuenta que solo uno había sido utilizado.

“Vaya parece que no voy a llegar tan tarde” Rió Liur para sus adentros.

Cogió la leche y de un trago se la bebió, por otro lado cogió el trozo de pan y echó a correr por los caminos de Eisental mientras se comía el trozo de pan hasta llegar al punto de encuentro.

Corrió durante un rato por las calles de Eisental algunas persona le miraban extrañadas, otras se molestaban por su comportamiento, el resto ni se fijaban, por fin se acercaba al lugar. A lo lejos pudo divisar cinco siluetas de las cuales pudo distinguir enseguida al diminuto Hugo entre los presentes, paró de correr y se dirigió al grupo con grandes zancadas. Estaban allí el Margrave, Bea, Hugo, el sacerdote de Morr y la elfa.

“¿La elfa?, ¿esta tía no come?”

Liur se puso enfrente del grupo y saludó a todos diciendo:

-Muy buenos días a todos, Liur Valentine está preparado para comenzar la misión.

Seguidamente dirigió un saludo cordial al Margrave y un guiño a Bea. Luego se retiró un poco y se acercó a Hugo para saludarle.

-Vaya Hugo no sabía que vendrías a despedirte de nosotros-dijo Liur al Halfling con una sonrisa.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Barrik Ojotrueno el Mar Jun 28, 2011 10:36 am

Esa mañana se había levantado bastante pronto de la cama. Había podido descansar después de pasarse unas cuantas horas con el encargo que el humano le propuso durante la cena. Puesto que la excitación del viaje lo mantuvo activo, se las había ingeniado para diseñar un esquema de las modificaciones que debía realizar en las armas.
Lo quería preparar de forma que no fuese algo permanente, pues dudaba que el resto de su vida el galeno necesitase de proyectiles con carga de agua santificada.

Aprovechando los primeros cantos del gallo, se puso en pie y desayunó en la taberna que regentaba del enano de barba morena. Si se iba a pasar algún tiempo viajando, prefería hacerlo con la panza llena de buena comida y mejor cerveza.
Una vez saciado, se dirigió a la forja de la aldea a pedir un par de herramientas y materiales que iba a necesitar para su trabajo. También se pasó por un par de tiendas para abastecerse de ungüentos no sólo curativos, sino también con los que realizar sus pruebas.

Al final, cuando por fin tuvo preparado su morral, ya estaba bastante alto el astro rey en el cielo y se encontró con casi todo el grupo en la plaza junto a las autoridades.

- Buenos días, por Grungni, pensaba que llegaba tarde pero ya veo que aún nos faltan un par.

Justamente, el par que dejó la noche anterior en la posada. Konrad, yéndose sin despedirse; Mortran taciturno durante la cena y las cervezas.
No le sorprendería que alguno de los dos no apareciera tras haberse pensado mejor la tarea de recorrer esas tierras de tan oscuras leyendas.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Konrad Helrich el Mar Jun 28, 2011 2:19 pm

Como él planeó. Había pasado la noche en una ruinosa taberna, quizás la más vulgar y pueril de Eisental, pero una taberna mucho más agradable que aquella que hospedaba a sus compañeros de viaje. La compañía de los borrachos que no preguntaban el porque de nada era menos problemática que la curiosidad de aquella panda de niñatos. En la taberna sólo había fracasados, incluido Konrad, pero eso estaba por cambiar, e iba a ser muy pronto.

Despertó con los primeros rayos de luz. La pereza era una lacra de los débiles, así que sin pensárselo dos veces, se levantó y se puso unos pantalones. Debía mantener el cuerpo en forma, e igual la mente, si quería volverse más poderoso. Lo suficientemente poderoso como para doblegar a ese Margrave que tanta repulsión le producía. Se echó de cabeza al suelo y empezó hacer varios ejercicios: unas cincuenta flexiones en dos series de veinticinco , ciento veinte abdominales en series de treinta, y algunos estiramientos de todos los músculos para terminar.

Aquel ritual que practicaba todas las mañanas era lo mínimo que podía hacer para no perder sus facultades físicas. Pero aún no estaba todo hecho. Quedaba darse un baño fresquito para quitarse el sudor, y seguir entrenando. Esta vez la mente.

La paz que necesitaba para calmar su ser y refrescar sus músculos la encontró en el lago. Era el lugar más calmado de todo el pueblo. Raras veces se veían por allí soldados o granjeros, además, era inmenso. No había ningún problema de espacio, alguien podría gritar en un extremo que de seguro que nadie lo oiría en el otro.

Del mismo modo que su madre lo trajo al mundo, Konrad se zambulló en las cristalinas aguas. Se quedó tendido, dejándose llevar por las pequeñas ondulaciones. Hasta que la superficie del lago quedó inmóvil. Era un momento de paz inimaginable. Konrad disfrutaba de aquella sensación como si el tiempo dejara de existir. Se concentró en mantener una respiración constante. Cogía aire, y al mismo tiempo las virtudes humanas eran aspiradas por Konrad, pero al echar el aire sólo salían sus defectos. Repitió aquel proceso hasta que su mente quedó en un estado de ensimismamiento que ni fuego en su bota lo hubiera podido perturbar.

Tras largo tiempo, despertó. Y se dijo así mismo que era hora de reunirse con sus molestos compañeros. Esperó sentado en la hierba que los rayos de luz secaran su piel, y cuando ya estuvo más o menos seco, se vistió, se calzó las botas y recogió su espada larga.

Paseó por las calles de Eisental sin mucha prisa. No le hacía ilusión reunirse con sus compañeros de viaje, así que no le importaba llegar tarde o que hubieran marchado sin él. Al fin y al cabo, sus planes nada tenían que ver con ellos.

A lo lejos distinguió un grupo de personas, e inconfundiblemente vislumbró al Margrave. Aquel hombre con sus lustrosas ropas, arrogante como nadie. Ese tipo tenía sus días contados. Pero esperaría hacer el viaje, en volver de aquellas malditas tierras tendría tiempo suficiente para aclarar un par de cosas pendientes. No anduvo más al verlos.

“Aún no están todos”

Se quedó parado, a la sombra de una casa. Se apoyó y esperó que llegara el retrasado.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Hugo Terrans el Miér Jun 29, 2011 9:44 am

Las rutinas del día apenas fueron interrumpidas por la partida de la comitiva hacia la Asamblea. Los criados sabían qué hacer, Hugo había preparado los documentos que esa mañana, más tarde, les tendía que echar una hojeada Su Señor, las compras estaban de camino… la vida discurría casi sin verse alterada a pesar de la partida de los curiosos emisarios.

- Sí Milord, se ha hecho como vos pedisteis.
Dijo en un tono bajo y evitando hablar deprisa, como solían hacer los de su raza. A primeras horas de la mañana no convenía alterar el humor del Margrave.
Por lo demás, la pregunta no era más que algo cotidiano entre el regente del pueblo y su servicio. Asintió en silencio ante el comentario casi trivial de Su Señor.

Cuando salieron, Hugo no pudo evitar reparar que el ambiente seguía siendo frío y húmedo a esas horas y miró al cielo deseando que el sol calentara sus viejos huesos que se resentían en esas condiciones.
Como de costumbre, llevaba consigo su bastón de caminar. Aunque sus piernas eran cortas siempre se mantuvo un paso por detrás del Margrave. Durante el recorrido se permitió divagar sobre el destino del viaje que aguardaba al grupo. Hacía décadas que no visitaba La Asamblea, que no disfrutaba de sus comidas cariñosamente elaboradas que lo hacían a uno ser incapaz de levantarse de la silla durante una hora… sus confortables casas de tamaño halfling… la alegría de sus gentes… sí, lo añoraba. De haber sido más joven y no estar sujeto a responsabilidades, sin duda los habría acompañado gustoso.

Llegar al lado del sacerdote de Morr terminó con su repaso de los recuerdos. Era un hombre solemne y leal a los Dioses que sin embargo, le producía cierta inquietud que tenía muy a bien de disimular.

- Buen día Padre.

Saludó añadiendo una leve inclinación de cabeza.

Todavía era temprano y no le extrañó que los encargados de cumplir esa misión se encontraran ausentes. Normalmente esas cosas comportaban regar con cerveza la cena. Un poco preocupado recordó la posada donde los había dejado tras pasar por el almacén y dirigió su mirada hacia esa calle.
La voz de Hermann hizo que se volteara y lo que comentó, que se le erizaran los cabellos de la nuca.

- Los víveres fueron encargados ayer mismo Milord, justo después de dejar al grupo. Es posible que la presteza del viaje haya podido impedir que estuviesen listos a primera hora, pero no dudo en que aparecerán.

Dijo valiéndose de todo su buen hacer. El encargado de prepararlos era un mercader orondo al que seguramente se le habían pegado las sábanas, pero que cumpliría el encargo a sabiendas de que el Margrave siempre pagaba bien.

Se alegró de que la aparición de la dama Beatrix permitiera centrar la atención en otros menesteres y le dio los buenos días con sobriedad aunque era una de las personas de confianza de Su Señor.
Poco a poco, fueron apareciendo el resto, incluido el joven Liur por el cual sentía cierto desvelo.

-Buenos días Señor Valentine, suelo acompañar a nuestro querido Margrave a los actos oficiales, y este como ves, ha reunido a unas cuantas eminencias de la ciudad.
Dijo refiriéndose al religioso sin que su tono de voz sonara petulante ya que simplemente exponía los hechos con su natural seriedad.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Liur Valentine el Lun Jul 11, 2011 11:53 am

-Buenos días Señor Valentine, suelo acompañar a nuestro querido Margrave a los actos oficiales, y este como ves, ha reunido a unas cuantas eminencias de la ciudad.-dijo Hugo con su característica voz seria.

-mmm también tienes razón Hugo…por cierto ¿Quieres que te traiga algún recuerdo de La Asamblea?, estoy seguro que te haría ilusión, ya que por tu trabajo no has podido acompañarnos- dijo Liur con una sonrisa en los labios a aquel halfling que había sido su primer “amigo” en Eisental.

Cuando terminó su frase, apareció Barrik el enano al que le había dejado sus dos pistolas. Tendría que pedírselas una vez acabara de hablar con el halfling. Ya solo faltaba el tío de la armadura y “nadie”, Liur frunció el ceño al recordar a aquella persona. Dentro de poco comenzará el viaje a Silvania, era un viaje peligroso pero si las cosas salían bien podía ser un viaje bastante aprovechable para los estudios del galeno.

Liur dirigió un saludo al enano y volvió a dirigirse a Hugo.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Mortran el Jue Oct 20, 2011 11:08 am

¡Tarde! ¡Llegaba tarde! Y eso a pesar de que se había levantado temprano para alimentarse debidamente y recoger sus pertenencias. Calzarse de nuevo la armadura había resultado de lo más molesto pero la fuerza de la costumbre había automatizado casi todos sus movimientos. Se la hubiese podido poner con los ojos cerrados.
Sin embargo se despistó, perdió la noción del tiempo y llegó tarde al punto de reunión con el Margrave.

"No me han despertado, ya veo que tipo de compañeros son estos" Pensó para sí con amargura y rencor.

Se lo pudo escuchar antes que ver debido al traqueteo que armaba con la armadura al llegar trotando a la plaza del pueblo.

"Malditos"


Cuando llegó, plantó los talones para sujetarse con firmeza mientras recuperaba la respiración. No estaba seguro de proferir una disculpa sabiendo como se las gastaba el déspota soberano, así que tratando de que su corazón volviera a latir a un ritmo normal, guardó silencio con la esperanza de partir lo antes posible y poder olvidar esa ridícula situación.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Kendrall el Mar Oct 25, 2011 7:31 pm

El sol, orgulloso y vibrante, se había asomado hacía rato por el balcón a saludar, las calles volvían a la ajetreada normalidad de cada día con los monótonos quehaceres de los primeros madrugadores de la ciudad, y mientras tanto, los pajarillos piaban alegras y desenfrenadas melodías revoloteando alrededor de la huracanada cabecita del inconsciente Kendrall.

-¿Qué-reticuladas-chinchillas-me-habrán-arrastrado-hasta-aquí?- se preguntó el halfing aturdido y con una jaqueca digna de un nuevo y prospero siglo.

Llevándose la manita a la frente palpó algo viscoso y puntiagudo que no debería estar ahí, y agarrándolo ipso-facto descubrió que era la espina dorsal de algún desafortunado pececillo. La olfateó meticulosamente arrugando el hocico varias veces consecutivas, y con cara de asco y un gesto torvo la lanzó lejos de él. Un bárbaro escozor le recorría el cuerpo, el estómago le ardía avinagrado, escuchó un terrible y desconcertante rugido no muy lejos de allí, hinchó sus mofletes como dos enormes globos apunto de estallar, y al comprobar que no podría respirar mucho más tiempo con aquel agrio sabor en la boca, un chorro de bilis sanguinolento brotó a borbotones de sus fauces incontrolablemente.

Aún estaba limpíandose el morro con su sucia y andrajosa capa, cuando unos estrepitosos pasos lo alarmaron como a un hormiguita al ver su vida pasar bajo la sombra de un enorme elefante. Asomó la cabecilla fuera del contenedor, y algunos recuerdos de lo que había acontecido la noche anterior comenzaron a aflorar, pétalo a pétalo, en su particular jardincillo neuronal.

-¡Oh, sí! el-chatarrero... casi-me-olvido,¡tengo-una-misión, tengo-una-misión!- chilló loco de felicidad batiendo sus manos como si fueran abanicos, aunque pronto su gesto se vio ensombrecido de repente, y llevándose el dedo índice a los labios, añadió con una voz cargada de misterio- chsssss... un-misión-secreta ¡secreta!

Dando un salto con voltereta incluida salió presuroso de su improvisada habitación, disponiéndose a seguir sigilosamente al hombre de hierro por las calles de la ciudad, hasta que llegaron a una amplia y concurrida plazueleta. Se sentó en un banco como quién no quiere la cosa, lanzó una mirada a ambos lados, con los ojos entrecerrados como si fuera un detective, y se puso a rebuscar en su bolsa a ver si había aparecido algún nuevo hallazgo. El mediano siempre pensó que aquella bolsita debía tener propiedades mágicas o estar bendecida por algún dios, ya que siempre encontraba algo de utilidad que él no recordaba haber metido.

-¡Cacahuetes! ¡al-vapor! ¡y-como-para-aguantar-una-semana! gracias-gracias -dijo mirando al cielo con las pupilas relucientes y una enorme sonrisa- ¡Bendita-seas-mil-veces, Esmeraldita mía!

Después de un fugaz y habitual recuento de todos sus enseres disponibles, volcó su atención en el grupo esperando ansioso que se pusieran en mancha pronto, ya que él no era un hombrecillo asiduo a permanecer mucho tiempo en un mismo lugar y comenzaba a impacientarse.


Allí reunidos estaban todos y cada uno de los rostros que había conocido la noche anterior en la posada, excepto el desconocido blancucho que se mantenía a la sombra a una distancia prudencial de sus compañeros. Además de ellos, había un bohemio y silencioso sacerdote, un melenudo hombre aparentemente de alta cuna, ya que al ver sus lujosas y llamativas vestimentas Kendrall dedujo que debía tratarse del alcalde, el cual les estaría dando los últimos detalles de la misión... ¡y un halfing! al principio no se percató de su presencia, pero al distinguir su pequeña figura entre la multitud, el mediano se puso como una moto, bamboleándose inquieto en el banco,con las piernas colgando en el aire, se aferró fuertemente al banco, clavando las uñas de sus manitas en la madera ante la tentación de salir corriendo a saludarlo, preguntarte sobre la familia y conversar de sus innumerables aventuras. Aunque por la seria y aburrida expresión de éste, bien pensó que podría ser un rehén o un esclavo... a decir verdad el Margrave no le transmitía gratas sensaciones, parecía un hombre muy severo, así que casi contra su voluntad se quedó allí esperando. Lo primero es lo primero, se repetía mentalmente una y otra vez en su cabeza, luego ya tendría tiempo de volver para rescatar al mediano de las garras de aquel hombre.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Hugo Terrans el Mar Oct 25, 2011 10:26 pm

Había pocas ocasiones en que el viejo sirviente se sorprendiera ya, con tantas cosas vistas en su larga vida, pero la sencillez del aprendiz de galeno y la perenne alegría despreocupada que lo acompañaban le resultaba cuanto menos chocante. Eso y que por norma no solían tomar en cuenta sus deseos o apetencias.
Sin duda, se dijo para sí, era más probable que obviara su avanzada edad como impedimento a realizar ese viaje por descuido que por cortesía o educación; no es que le faltase educación al muchacho, pero le parecía el tipo de persona que dice las cosas como se le pasan por la cabeza. Tan franca e inocente era la juventud...

Durante unos instantes se lo quedó mirado pestañeando sin saber qué decir ante su ofrecimiento. No le parecía decoroso pedir más de lo que ya hacía al grupo por la ciudad y por ende, por el Margrave y él mismo. Y sin embargo... nuevamente los recuerdos desfilaron en un sinfin de vivas imágenes por su mente, viéndose obligado a sacudir levemente la cabeza para alejarlas.

- Tal vez... Empezó a decir en voz baja, dirigiendo una rápida mirada al Margrave par comprobar que no le prestaba atención. - Si no es mucha molestia y tampoco interrumpe vuestros quehaceres, os agradecería enormemente una bolsita de la hierba de fumar que se cultiva en los verdes prados de la Asamblea. Nunca he podido encontrar otra igual, siquiera en los presentes que extranjeros ofrecen a Su Eminencia el Margrave. Si no es mucho pedir...

Estaba seguro que más tarde se arrepentiría de pedirle aquel favor personal; ¡ya se arrepentía a medida que las palabras iban saliendo por su boca! Pero la certeza de que nunca más iba a volver a su tierra y la añoranza fueron más fuertes en esta ocasión y sus manos deslizaron tímidamente unas cuantas monedas en las de Liur para efectuar la compra.

Mientras simulaba carraspear recuperó la compostura al lado de su Señor para comprobar que el último de los emisarios especiales (y tan especiales), llegaba embutido en su pesada armadura.

"Por fin están todos"
Escasos segundos después, escuchó con alivio el sonido de las inconfundibles bestias de carga que portarían el aprovisionamiento del grupo. De todos modos, se aseguró de lanzar una severa mirada al encargado que llegaba con tanto retraso.
Sólo quedaba el discurso de despedida del MArgrave y la bendición del eclesiastico para verlos partir hacia las tierras del sur.

"Tal vez no vuelvan de esta." Se dijo con pesadumbre observando los jóvenes rostros. Especialmente al del estrambótico galeno. "En fin, esperemos que Morr no los reclame a su lado."

Cuando uno se hace viejo aprende a aceptar los designios de los Dioses y las penurias de la vida, demasiado cruel y sanguinaria con frecuencia.

Hugo Terrans
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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Margrave Hermann el Lun Oct 31, 2011 12:38 pm

Ahora que todos se habían reunido a las puertas de Eisental no existía ningún impedimento para retardar su viaje. Aquel grupo, formado por los más dispares personajes, tenía encargada una complicada misión, y más que complicada se podría decir peligrosa. Suicida dirían los más avezados aventureros. Tanto el que más como el que menos había oído hablar de los males que la tierra maldita y putrefacta de Sylvania albergaba, en sus bosques, en sus aldeas, o en sus castillos, pero ninguno de aquellos aventureros parecía preocuparles en lo más mínimo. Debía ser la inexperiencia o la juventud, quizás las dos cosas al mismo tiempo. Pronto borrarían aquellas sonrisas dichosas de conocer más mundo y desearían no haber emprendido aquel viaje hacia el infierno de los muertos vivientes.

Ya habían aceptado, ahora tocaba sacar pecho y seguir adelante. Sobretodo seguir adelante, esta era la única forma de salir vivos de aquella pesadilla.

El Margrave miró a cada uno de los presentes, también a la carreta que acababa de llegar. Todo fluctuaba según sus planes. Los aventureros dispondrían de la suficiente comida para realizar todo el viaje, e incluso más si alguno caía por el camino. Le había salido bien la jugada. Aquellos aventureros harían por un módico precio el trabajo que un mensajero habría pedido una fortuna, y además, sólo tendría que pagar a los supervivientes. Se iba a ahorrar muchas coronas con aquellos incautos. Trató de disipar aquellos egoístas pensamientos, no era momento para pensar en los beneficios, ahora tocaba despedirse del grupo y desearle la mayor de sus bendiciones.

-Sed bienvenidos –levantó la voz para que lo oyeran bien-. Hoy es el día de nuestra despedida, y me siento congratulado con vuestra presencia. Sé que todos y cada uno de vosotros sois valerosos aventureros. En vuestros ojos aún no he hallado ni una pizca de miedo, y eso es lo más importante en la vida. Lo que realmente valdrá el día de mañana.

Avanzó unos pasos para tener más cerca aquellos que iban a trabajar para él. Los miró a los ojos, uno por uno, sin decir nada. Anduvo con calma de un lado a otro, y cuando ya los tuvo bien calados, volvió hablar con el mismo tono de serenidad.

-No temáis, no dudéis, y por supuesto, vivid para volver. Vuestras vidas valen mucho más que unas gracias, y nadie se merece un baño de sangre en su honor. No quiero desalentaros con mis palabras, pero no os voy a mentir...

Descansó unos segundos y con la voz más débil, dándoles la espalda mientras se dirigía a la carreta que transportaría los víveres de aquellos desgraciados aventureros continuó:

-Sylvania es como las fauces de un lobo hambriento. Tiene hambre de vosotros, y no dudará en devoraros si le dais la oportunidad. Sus tierras malditas cobijan mil demonios, ninguno mostrará piedad, ni siquiera por doncellas o niños.

Mientras hablaba revisaba que todo en la carreta estuviera en orden, y así era. Todo lo que había pedido estaba en su sitio: la comida para sobrevivir y algunas mantas para abrigarse en la fría noche. Pagó al cochero y le invitó a que se alejara, ya había hecho su trabajo, él no formaba parte de la expedición y tampoco deseaba serlo, así que sin detenerse demasiado, bajó de su asiento y con una escueta reverencia se alejó por la calle. Luego siguió Hermann con su discurso, mirando nuevamente a los aventureros, con el habitual tono de voz.

-Ya está todo listo. Aquí tenéis lo que necesitáis para el viaje y hay espacio suficiente para guardar vuestras pertenencias. Montad, y que los vientos os acunen en sus brazos mientras el viaje se hace más y más liviano. Que todo lo que os impida realizar el encargo muera de envidia por no poder servir a la sagrada tierra del Imperio que de tantos dones nos engalana y nos libera del mal del norte.

Sus palabras terminaron ahí, y retrocedió unos pasos para dejar que los aventureros tomaran posesión de aquella carreta tirada por una pareja de caballos. Hugo siguió a su señor y se plantó a su lado, mientras, el oscuro sacerdote no dejaba de murmurar extraños versos en una lengua desconocida, y sin dejar ni un momento de recitar su parafernalia religiosa, se apartó hacia el otro lado como una sombra se aleja de la luz diurna dejando que los aventureros tomaran el protagonismo en lo que quedaba de día.

***

Anduvieron todo el día por aquellos abruptos caminos dejados de la mano de Sigmar. Era como si nadie en mil años se hubiera preocupado por arreglar los baches o los caudales que el agua dibujaba al precipitarse sobre la tierra. Los caballos fueron los que más sufrieron, su movilidad estaba reducida, y la carreta muchas veces parecía que fuera a volcar arrastrándolos tras ella. Tuvieron que hacer varias paradas para tranquilizar a los animales, pues cuando más se acercaban aquella tierra maldita más nerviosos se ponían.

Pronto las estepas desaparecieron y los árboles formaron frondosos bosques. El día se oscureció veloz al adentrarse en aquella vegetación exorbitante, y una fina niebla que llegaba hasta los tobillos de un adulto planeó por el suelo.

Los aventureros no habían dejado el camino, no disponían de ningún mapa que les indicara la ruta a seguir, pero por los postes sabían que no iban mal encaminados. Durante su gran caminata no se encontraron con ningún viajero, nadie frecuentaba aquellos caminos, se notaba por la vegetación que trataba de invadirlo. En poco tiempo, la oscuridad se hizo palpable, y los astros de la noche ocuparon su lugar en el firmamento. A través de las ramas, una débil luz era la única iluminación de la que disponían los aventureros.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Barrik Ojotrueno el Mar Nov 01, 2011 9:42 am

- ¡Vamos tropa! ¡En marcha! Tronó la gruesa voz del enano diferenciándose del lúgubre tono del Margrave cuando terminó con su discurso, acompañándola con un gesto de su corto brazo para que tomaran las carretas. Si el líder del poblado pretendía darles ánimos no lo había conseguido, pero el enano era de los que preferían ver las cosas como realmente eran por muy crudas que pareciesen y se tranquilizó pensando que viajaban preparados y para afrontar lo que fuera.


”Eso me recuerda… ¿Quién se quedó con el suministro de alcohol del almacen?” Se preguntó haciendo memoria mientras salían del pueblo. La noche anterior al final se la pasó dándole vueltas al modo de modificar las armas de Liur.
Finalmente había pensado decantarse por una carcasa hueca para las balas reforzadas en la base por hierro y dejando la parte delantera forrada con algún metal blando como el lithium o el rubidio, fáciles de romper con el impacto y el calor del disparo. Si a demás les daba en su extremo forma ovalada y no las rellenaba del todo dejando espacio para un poco de aire, seguramente se partirían como huevos. Aquello no estaba falto de complicación pues tenía que fabricar proyectiles con dos aleaciones distintas, huecos y que encajaran sin dejar salir el agua, lo cual implicaba un trabajo de tuerca bastante preciso. Como pretendía alterar lo menos posible las preciadas reliquias familiares del joven galeno (¡Faltaría más! Sólo un chapuzas se dedicaría a cambiarle las piezas por otras. Para eso más valía darle unas nuevas pistolas), y los proyectiles iban a ser sensiblemente más largos y de mayor calibre que los que usaba ahora, tendría que lijar y pulir el interior de los cañones para darles cabida.
Con suerte, a penas notaría la diferencia en el peso…


Todos estos pensamientos ocuparon su mente hasta que hicieron un alto en el camino para comer antes de adentrarse en las inhóspitas tierras fronterizas. Momento que aprovechó para dar las instrucciones que también bullían en su mente.


Entre todos repartieron los víveres y objetos esenciales en cada carreta de forma que ninguna llevara todo lo importante, pues sería fatal perderla y de este modo si alguna se extraviaba no les faltaría de nada teniendo las otras.

La caravana iba dirigida a la cabeza por el enano y la elfa de los bosques. De momento era la compañera que mejor conocía y confiaba a pesar de pertenecer a la peculiar raza y ambos contaban con la ventaja de ver bien en la penumbra, Yvraine a demás a más distancia que él y con sólo ponerse de pie abarcaba mejor el horizonte. Se percataría de cualquier movimiento antes que nadie y encima afirmaba que “manejaba” magia… cosa que hacía que se le erizaran los pelos del bigote pero que podría ser de utilidad.
En más de una ocasión le cedió las riendas para que tratara de tranquilizar a los caballos con las palabras de su lengua natal y su afinidad hacia la naturaleza. Barrik prefería los ponis sin duda, se adaptaban mejor a vivir bajo tierra en las montañas pero tenía que admitir que los caballos como fuerza de trabajo de tracción para accionar maquinaria eran de lo más prácticos si se carecía de medios mejores como el vapor impulsado por la combustión del carbón; así que les tenía bastante respeto a esos animales.

Por el contrario, en el otro extremo de la caravana había situado a Nadie y al macizo Mortran, los cuales no le inspiraban demasiada confianza pero parecían suficiente diestro y fornido respectivamente para proteger la retaguardia de posibles asaltantes de caminos.

En el centro Liur protegido por la espada de Bea. Durante el viaje y hasta que no pararan a descansar, le había devuelto las pistolas ya que no podría ponerse a trabajar en ellas y de hecho, tampoco las necesitaba de inmediato para fabricar los proyectiles, ya tenía sus medidas. Era preferible que desde esa posición pudiese cubrir los flancos y ambos extremos usando sus armas de distancia, sería un buen y rápido refuerzo para ambos casos.
A demás, siendo el aprendiz de galeno el que mejores conocimientos tendría para sanarlos, quería tenerlo bien protegido en el centro del grupo.

La dama Beatrixh a demás de parecer firme en sus creencias, conocía al extraño Liur así que era la mejor candidata para hacerse cargo de su seguridad en un momento dado.

A medida que avanzaban, el paisaje se fue volviendo más mustio y lúgubre, señal más certera que los mismos postes del camino de que se estaban acercando a las tierras malditas.

- ¡Encended las antorchas! No tardaremos mucho en detenernos. Les gritó horas antes a los de atrás mientras él hacía lo propio al ir menguando el día e introducirse en un espeso bosque. Habían preparado ellos mismos cuatro postes con antorchas en las esquinas de cada carreta para iluminar sus pasos y con la leve esperanza que ahuyentaran a las bestias y malos espíritus.
Dado que no era sensato deambular por esos lares caída la noche, y no sólo por temor a perderse… colocaron las carretas en círculo quedando los aventureros en el centro a la luz de una buena fogata que calmara sus espíritus y calentara la cena. Hasta entonces el viaje estaba siendo fácil.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Kendrall el Mar Nov 01, 2011 9:42 pm

Inmerso en sus meditaciones personales, el mediano ni se dio cuenta de que un par de carruajes habían atracado frente a sus narices. Se levantó del banco, y se dirigió a un rinconcito donde un come-fuegos estaba haciendo uno de los mejores espectáculos que había visto en su vida. El raquítico hombre, con apenas unos gallumbos y un turbante blanco sobre la cabeza para proteger su cuerpo de las miradas indiscretas, hacia malabares con un par de leños ardientes entre sus manos, la estela fogosa de aquel elemento iba creando dibujos de dragones en su recorrido por el aire. Kendrall lo miraba embobado y alucinado, entonces el hombre agarró un madero con ambas manos, y deslizándolo poco a poco dentro de su boca se lo trago enterito. El mediano ya estaba pensando que aquel hombre se había pasado de listo, y que sus órganos internos le iban a pasar factura de un momento a otro, cuando unas horrendas y descomunales llamaradas rojizas y azuladas brotaron de repente por las orejas y los orificios nasales del come-fuegos, tratando de envolver y absorver el cuerpecito del mediano. Kendrall completamente abrumado por la impresión, salió corriendo escopeteado, agitando los brazos en alto y gritando como un poseso, hasta que se perdió entre las callejuelas de la ciudad, y se olvidó de todo lo que había sucedido.

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Re: Despedida, primer día

Mensaje  Konrad Helrich el Mar Nov 15, 2011 10:16 pm

Konrad siguió aquel destacamento de pendencieros suicidas como un lobo sigue a sus presa antes de abalanzarse sobre su pecho y devorarle las entrañas. Él no quería comerse a nadie, ni siquiera alguna de las féminas, sus deseos eran mucho más ambiciosos. Necesitaba aquel grupo de aventureros para llegar a lo más oscuro de aquella tierra maldita, al negro corazón de sus bosques. Tenía la esperanza de encontrar en aquel lugar lo que le faltaba.

Se tomó, más que de buen grado, que Barrik lo mandara a vigilar la parte trasera junto con Mortran. Obedeció sin decir una palabra, y tampoco mostró en su rostro una mínima complicidad de afecto. Había estado analizando minuciosamente a sus compañeros, y de todos ellos, Mortran era el que menos conversación le daría. Si el hombre hojalata se portaba bien quizás algún día pudiera considerarlo como un amigo.

Prendió una antorcha para alumbrar sus pasos y los de su compañero. Ambos tenían un aspecto siniestro a la luz de las llamas y la luna, en aquella oscuridad creciente. Silenciosos como cadáveres vivientes se acercaron al resto de sus compañeros cuando decidieron que había llegado el momento de acampar. Konrad se quedó varios pasos atrás, no quería juntarse con el resto, prefería la soledad y odiaba la compañía. Apoyó su espalda en una de las carretas, se cruzó de manos y pies, y cerró los ojos. Debía meditar, encontrar algo de paz en aquel lugar, y así, equilibrar cuerpo y mente por lo que pudiera pasar.

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Re: Despedida, primer día

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