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La Gloria de Eisental - Vigésimo tercer torneo.

Miér Ene 04, 2012 10:10 am por Jodri Rompehierro

Los juglares se encargan de llevar las noticias aquellos que no saben leer, y con sus cánticos transmiten toda la información. Esta vez cantan himnos de guerra, de lucha y combate. Pero más allá de su exagerada visión, comentan el que será el vigésimo tercer torneo de Eisental:


La Gloria …


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Para todos los usuarios.

Mar Ene 03, 2012 6:59 pm por Jodri Rompehierro

¡Muy buenas mis pequeños y Feliz Año Nuevo para todos!

Empezamos un año nuevo, y mi primera impresión no ha sido muy buena… Puede que esté confundido, o espere demasiado… Pero es lo que me parece y me cuesta decirlo… No sé si entenderéis a lo que me refiero.

En fin, aparte de …

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Un día especial

Mar Oct 25, 2011 7:05 am por Jodri Rompehierro

Un día especial


Saludos a todos y a cada uno de vosotros. Hoy es un día muy especial, y en nombre de todos los administradores tengo que contaros algo. Esta vez no voy a narrar ningún combate, ni a rolear con vosotros. Creo que lo que voy a deciros es más importante. Algo dentro de mí me …

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#1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

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#1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Vie Jun 24, 2011 3:41 pm

Diario de la Inquisidora Isabella

30000891367/41º milenio

Ahora que ya os he llamado la atención con mi vistoso epígrafe cabe presentaros mi nuevo y ambicioso proyecto. Espero que os guste:

Hoy estoy cabreada. Resulta que los miembros del Cónclave, sin previo aviso alguno, me han informado de que mi cometido actual tiene que cambiar. He tenido que abandonar las investigaciones al mandatorio supuestamente imperial Archimanus para cumplir con mi obligación para con el Emperador. Y, encima, como dirían mis antepasados, para mas inri la misión posee ciertas características particulares que hacen imposible que pueda desarrollar cotidianamente mis funciones.

Resulta que los detectives del Adeptus Arbitres han encontrado imágenes de un artefacto de origen irreconocible (todas las misiones empiezan así…). Aquí es cuando yo me empecé a extrañar. ¿Los detectives del Arbitres investigando algo que está a tres pasos de sus gordos y oleaginosos culos y encima pidiendo ayuda? Muy extraño, tendré que investigarlo en el futuro. Pero sigamos. Al parecer ser tengo que recuperar dicho artefacto en el mas pleno anonimato, o por lo menos lo mas anónimamente posible, y comprobar sus posibles usos y utilidades. Me envían con el mensaje una imagen holográfica de un huevo . La imagen azul no me deja ver de que color es, pero según el informe es negro (para variar…¿por que todos los objetos malignos para la humanidad tienen que ser negros? ¿Por qué no rosas?) ¿Parece fácil, no?Empero el gran defecto que dificulta la operación, el único detallito que hace imposible la típica misión de “quemar, destruir, quemar, destruir, matar y preguntar” es que el dichoso artefacto se encuentra en un planeta squat.

Los squats. Nunca me gustaron esos paticortos. Para empezar son desagradables. Para seguir son según mi concepción una panda de mutantes. Y para terminar no le profesan al Emeprador la lealtad férrea e impoluta que deberían. Son una panda de amargados. Malditos enanos espaciales... Lamentablemente la actual tesitura por la que está pasando el Imperio no es para tirar cohetes. Sin duda alguna el Adeptus Astartes podría exterminar las numerosas fortalezas squats, no obstante una guerra civil en estos momentos desgastaría nuestras defensas en gran cantidad y lo único que haría sería pedir a gritos a los enemigos de la humanidad una matanza. No, de momento los enanos están bien como están, aunque si un día de estos el Emperador despierta de su longevo letargo yo seré la primera en coger un lanzallamas y cocinar squat a la carbonara. Ahora lo mas seguro es que los squats no adviertan nada sobre mis intenciones en su planeta.

Me pongo los guantes. Uno de ellos, el más importante, sirve para tapar la mano biónica que sustituye al otro miembro que perdió sus funciones al explotarle en la mano una pistola de plasma. Me desagrada todavía el recuerdo, tanto hasta el punto de que ahora uso una pistola de precisión por si los casos. Cómo la explosión también me voló media cara compruebo que los ajustes tambien biónicos de la otra mitad metálica de mi cara están intactos y en pleno funcionamiento. Compruebo también si debajo de mi gabardina la armadura artesanal está purificada de todo. Beso el talismán del Emperador y lo meto entre las cosas de mi gabardina. Le digo al estúpido y hereje del piloto que vaya más rápido. Cuando llegemos le pienso volar la cara.

Bueno, sigo con el informe-diario porque en breve entraré en contacto visual con mi nueva “escolta”. Y sobre ellos me gustaría escribir. Obviamente no puedo meterme con mi escolta inquisitorial a hurgar en las narices de los squats, así que tengo que ir acompañada por una sucia panda de mercenarios contratados por un Rogue Trader, un tal Landernus el Viejo. O al menos esa es la concepción de…mierda, no me dejan escribir sobre ellos…nada, nada…Nos haremos pasar por una expedición de un Rogue Trader que pretende investigar unas ruinas sospechosas del planeta de marras, de cuyo nombre no quiero acordarme. Y bueno, en los momentos en los que escribo estas palabras mi nave, la Inquisitorial, acaba de amarrar junto con la nave de esa sucia panda de hipócritas y vagabundos. Lo primero que haré será hacerles un examen de purificación a esos sinvergüenzas para comprobar si son de verdad leales al Imperio. O sino…


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Vie Jun 24, 2011 3:42 pm

Hargreigh Corazón Oscuro observó aburrido a sus concubinas. Todas ellas eran esclavas elfas, vestidas en harapos ligeros y eróticos que seducían a la vista, pero al líder corsario de Naggaroth no le imbuían nada en aquel preciso momento. Se rascó un poco la entrepierna y se repantingó en su sofá verde mullido dE Arabia. Solo había una esclava que le hacía extasiar sus ansias eróticas un tanto. Y era una simple humana. Aquella seductora mujer le intrigaba en gran manera. Su pelo negro con mechones blancos la hacía ya de por si sola única en la sala, y el parche que llevaba en un ojo lo único que hacía era elevar los niveles de extasis hasta niveles insospechados, por lo menos en los humanos. Su gracioso bikini metálico sostenía un tabardo de tela roja. El cruel y sanguinario elfo la hizo un gesto con la mano para que viniera a su posición. La chica era nueva. La habían traído unos mercenarios a cambio de varias monedas de oro (que luego había usado para torturarles) y ya entonces el mes pasado era atractiva a la vista. A pesar de que una de sus manos iba recubierta en un guante de cuero debido a que estaba quemada eso lo único que hacia era acrecentar sus ganas de hacer el acto de la copulación...y luego disfrutar con sus gritos agónicos de tortura. Fuera un gran ventanal daba el acceso al Gran óceano, que esta noche estaba dormido y ronroneaba plácidamente sobre las firmes rocas negras.

La esclava se acercó. Al principio parecía tímida, así que el druchii tan solo tuvo que hacerle a sus guardias un gesto para apresurar la marcha rítmica de la bailarina. No sabía si eran las drogan de Nippon que había tomado o si era un maligno hechizo de alguna hechicera enemiga, pero aquella miembra de una raza infimamente inferior tenía un no sé que que la hacía mas cautivadora. Finalmente se hartó de esperar y tiró de la cadena que debería de llevar colgada al cuello. Con sorpresa se dio cuenta de que no estaba. Antes de que pudiera investigar mas sobre ello un daga vizcaína le rajo el cuello, muriendo al instante desangrado.


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Vie Jun 24, 2011 3:49 pm

Diario de la inquisidora Isabella/M41

Hoy por fin he visto a mi asquerosa tripulación. Panda de sinvergüenzas. Pero empecaré desde el principio. El piloto me avisó de que ya habíamos atracado en la nave del RT. Posteriormente yo le obligué a hacer votos de expiación por su impío retraso y al ir rezando demasiado lento le volé la cabeza por hereje. Luego me situé en la puerta que daba el acceso a la nave comerciante. En la puerta había una ventana de ojo de buey en la cual veía una persona.

Examiné con más detenimiento dicha persona. Era una mujer enfundada en una gabardina gris, que ocultaba todo un arsenal de pistolas y artilugios debajo. La mujer tenía un rostro proporcionado, sin llegar a lo robótico, con una tez rosa clara maquillada. Sus labios rojos destacaban en el rostro blanco, al igual que unos mechones blancos que rivalizaban con una larga cabellera negra. Lo único que afeaba aquel rostro era un ojo cibernético que arrojaba de cuando en cuando destellos rojos. Con sorpresa me di cuenta de que estaba mirando mi propio reflejo. Pero en aquel rostro faltaba algo… esos mechones pelo estaban muy sueltos. Con sorpresa me dí cuenta de que me había olvidado del sombrero de pico. Corrí a buscarlo y me lo puse encima de mi sagrada cabeza. Ya estaba preparada, así que ordené al aterrorizado copiloto que abriera las compuertas.

Cuando entre en la nave comerciante la Inquisitorial partió de regreso a el Emperador sabe donde. La sala estaba vacía y oscura. Saqué la pistola de su funda, y me toqué mi ojo metálico. De inmediato uno de mis ojos me donó una parcial visión infrarroja que me permitió detectar el calor de la tripulación más adentro. Viendo la poca celeridad de aquellos inútiles disparé dos veces al techo como señal de que había venido. La primera en irrumpir en la sala fue una chica hermosa. Tenía una coleta morena echada al cuello e iba revestida con varias placas de ceramita si no me equivocó. Sus ojos verdes cándidos me miraron austeramente. Su susto inicial se fue desvaneciendo al ver mi figura acechando entre las sombras. Se guardó la pistola que tenía dispuesta a disparar y soltó un grito cuyo eco reverberó por los estrechos pasillos.

La chica se fue por uno de estos y yo la seguí. De inmediato surgió un anciano sentado en una silla y portado por un par de servidores. El anciano tenía una larga barba blanca, una armadura de la época de la herejía, y unos ojos enfermizos que me miraban servilmente. Yo me paré y le ordené que me ensañara a su tripulación. Poco a poco los miembros fueron apareciendo y obligé a todos y cada uno de ellos haer una expiación para que yo pudiera comprobar si eran fieles al Emperador. Describiré a cada uno de los tripulantes:

Landernus: El viejo que he descrito anteriormente. Tiene más años de los que el mismo puede recordar, casi tantos como la Colossalius, su fiel nave. Es el Rogue Trader con el cual tengo que tratar.

Beatrix: La bella hija de Landernus y la primera a la que vi. Por su carácter para con la demás tripulación parece ser tan rebelde como le correspondería a una veinteañera. Más le vale que en acto de mi presencia siga fiel.

John O’neil: Es uno de los tripulantes que más odio. Tal vez sea porque nunca me gustaron los rubios, y menos los rubios que fuman, y aun menos los rubios que fuman y son unos fracasados. En su expediente figuran variados fracasos a lo largo de su vida. Casi todos ellos se deben a numerosas apuestas que ha realizado y perdido a lo largo de su vida. Parece ser que se había apostado algunos créditos a que su examen de expiación saldría bien. A mi me habría encantado que hubiera perdido la apuesta…

Gargo: Individuo muy bromista de tez morena que va siempre fumando un cigarrillo. Delante de mía no. Al parecer ser es un tanto nihilista, aunque es fiel al Emperador. Podría decirse que es el técnico de las armas pesadas.

Vermellon: El único que me inspira algo de confianza. Es, o al menos fue, un antiguo marine de los Guerreros del Arco Iris que aún conserva su servoarmadura ultramarine con una franja amarilla en el casco. Es muy reservado y callado, al contrario que su bólter.

Schawezztann: Exsoldado de Catachán. Como todo buen soldado de Catachán le gusta jactarse de sus merecidas victorias. Es más duro que una piedra, o al menos eso dice el. Si fuera tan bueno no le habrían echado del cuerpo. Está totalmente calvo, aunque intenta vanamente ocultar su “pelo” con un pañuelo rojo. No me gustan las personas que van por ahí presumiendo de su fuerza. Tienden a sobrevalorarse y morir en batalla.

Thorek: Es un miembro del gremio de ingenieros squat y es el piloto de la nave. Trabaj al servicio de Landernus a cambio de unos créditos y de llevarse algo de los botines. Como todos los imbéciles de su raza es orgulloso, tenaz, cascarrabias y borracho. Cuando le pregunte a Landernus que hacía aquí un squat el me dijo que Thorek no sabía nada de la misión y que al llegar al planeta le daría unas vacaciones pagadas para librarse de él. Estuve a punto de preguntarle cómo podríamos hacer que volviera, pero entonces me fije en que no había nada malo en mantenerlo lejos…

Los gemelos Finn: Dos ratlings de código genético casi idéntico que van siempre con Dchawezztann a todos los lados y solo siguen sus ordenes y ahora las mías. No me gustan mucho los alienígenas, los odio casi tanto como los squats o los mutantes, pero de momento sus rifles francotiradores pueden resultar útiles. Eso sí, cuando la misión haya sido finalizada les volaré la cabeza.

Illasi: Otra hermosa mujer. Pelirroja con pecas invadiendo su cara de treintañera. No es excesivamente alta, es más, ceo que los Finn son más altos que ella. Es la vigía en las expediciones de tierra, o sino sus habilidades psíquicas se utilizan para cruzar la disformidad. No sé muy bien cómo funcionan los astrópatas, pero creo que es la primera vez que veo un astrópata mujer que encima sale de su nave a tomar el aire libre.

Krok: Es un gran kroot que al parecer ser tiene una deuda con el Emperador y desde entonces se ha vuelto ferviente fanático de Su Divinidad. Estuve a punto de dispararle, pero según los exámenes de expiación es el miembro más leal al Emperador de la nave, asi que de momento lo dejo vivir. Lo que si que no he querido decirle es que los squats son xenófobos y que cuando termine la misión le volaré la cabeza.

John: Su examen de expiación salió mal y le volé la cabeza.

Stewart: Al principio me resultó sospechoso. Siempre llevaa encima un gorro que ocultaba su frente. Antes de que hiciera cualquier expiación o purificación le quité la gorra, dejando a la vista de todos un tercer ojo, que yo volé por los aires de un disparo. Landernus se ha hecho el tonto y ha dicho que el no sabía nada. Sí, y yo soy una exodita, no te jode…


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Vie Ago 26, 2011 2:44 pm

El primer guardia negro de Naggaroth alzó albotorgado su alabarda. La humana cogió el cuerpo del Hargreig y se lo lanzó a su guardaespaldas. Este cortó el cuerpo inerte por la mitad de un mandoble, pero segundos después se dio cuenta de lo que había hechomiró aterrorizado durante unos breves instantes el cadáver despedazado de su amo, instantes que aprovechó la concubina para pasar por el cuchillo al druchii.

El segundo más cauteloso, guardó cierta distancia con la víbora y finalmente se decidió a avanzar. Su futura víctima retrocedió varios pasos ante el ímpetu del guerrero, que se vio finalizado al tropezar con el cadáver de su camarada. La humana se abalanzó cual guepardo sobre el elfo cuchillo en mano y después de unos segundos de forcejeo el guardia negro de Naggaroth dejo de moverse.

Un poco aturdida se levantó. Acto seguido puso el sofá verde mullido bloquendo la única puerta que daba acceso a la sala, y un par de alabardas en los picaportes. Calculó que dentro de mas o menos media hora la habitación estaría llena a rebosar de furiosas armaduras moradas y negras. Acudió al balcón para ver su cadena colgada de la terraza y mecida dulcemente por los gélidos vientos del norte. Entre ella y el suelo restaban 20 pies a lo sumo, por lo cual tendría que alargar la cuarda de huida si quería de veras sobrevivir a la experiencia y bajar por la escarpada y negra torre para llegar a un barco secreto escondido en el acantilado.

Volvió a entrar en el alojamiento y vio que las reacciones de las doce atractivas concubinas elfas del príncipe druchii eran muy dispares. Unas lloraban, otras intentaban vanamente romper sus cadenas y otra se dirigió a ella con una mirada vengativa. La asesina puso entre las dos un cuchillo de distancia.

-¿Qué quieres de nosotras?- Preguntó la elfa mientras la asesina de druchiis ponía su cuchillo en su esbelto cuello élfico

--¿Tu que crees?...- Una sonrisa afloró en el rostro de la humana y la elfa retrocedió inútilmente unos pocos pasos mientras se llevaba las manos a sus pechos…


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Miér Sep 21, 2011 2:04 pm

El primer guardia negro de Naggaroth alzó albotorgado su alabarda. La humana cogió el cuerpo del Hargreig y se lo lanzó a su guardaespaldas. Este cortó el cuerpo inerte por la mitad de un mandoble, pero segundos después se dio cuenta de lo que había hechomiró aterrorizado durante unos breves instantes el cadáver despedazado de su amo, instantes que aprovechó la concubina para pasar por el cuchillo al druchii.

El segundo más cauteloso, guardó cierta distancia con la víbora y finalmente se decidió a avanzar. Su futura víctima retrocedió varios pasos ante el ímpetu del guerrero, que se vio finalizado al tropezar con el cadáver de su camarada. La humana se abalanzó cual guepardo sobre el elfo cuchillo en mano y después de unos segundos de forcejeo el guardia negro de Naggaroth dejo de moverse.

Un poco aturdida se levantó. Acto seguido puso el sofá verde mullido bloquendo la única puerta que daba acceso a la sala, y un par de alabardas en los picaportes. Calculó que dentro de mas o menos media hora la habitación estaría llena a rebosar de furiosas armaduras moradas y negras. Acudió al balcón para ver su cadena colgada de la terraza y mecida dulcemente por los gélidos vientos del norte. Entre ella y el suelo restaban 20 pies a lo sumo, por lo cual tendría que alargar la cuarda de huida si quería de veras sobrevivir a la experiencia y bajar por la escarpada y negra torre para llegar a un barco secreto escondido en el acantilado.

Volvió a entrar en el alojamiento y vio que las reacciones de las doce atractivas concubinas elfas del príncipe druchii eran muy dispares. Unas lloraban, otras intentaban vanamente romper sus cadenas y otra se dirigió a ella con una mirada vengativa. La asesina puso entre las dos un cuchillo de distancia.

-¿Qué quieres de nosotras?- Preguntó la elfa mientras la asesina de druchiis ponía su cuchillo en su esbelto cuello élfico

--¿Tu que crees?...- Una sonrisa afloró en el rostro de la humana y la elfa retrocedió inútilmente unos pocos pasos mientras se llevaba las manos a sus pechos…


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Miér Sep 21, 2011 2:06 pm

Diario de la Inquisidora Isabella/751 41k

Ya estoy alojada en mi respectivo camarote. Ese idiota de Landernus quería que habitara en un alojamiento defectuoso, así que yo le ordené que tendría que ser habilitada en la habitación más lujosa, que como no era la suya. Él ha tenido que irse al camarote de su propia hija y esta me parece que se tendrá que alojar de ahora en adelante en el cuchitril del xenos. La nave, llamada “Archaeorum”, es una nave gótica de tamaño mediano, un antiguo modelo Arceus proveniente de la Edad Oscura de la Tecnología.. Baste con decir que desde lejos parece uno de esos recipientes que los Antiguos denominaban comúnmente como botella. El que el casco (la tapa de la botella) tenga pintura azul acentúa aun mas si cabe esa primera impresión. Es curioso, porque solo el casco ha conseguido que su color triunfe sobre el tiempo. El resto de la nave, tanto por el exterior como por el interior, ha perdido su color ya sea por la oxidación o ya sea por impactos de proyectil. No es de extrañar teniendo en cuenta el historial de la nave. Al parecer ser es una herencia familiar que se transmitía de padre al varón más viejo y fuerte (este hecho ha ocasionado muchas muertes accidentales en el historial) y ahora la sucesora es Beatrix. Pobrecilla. Según algunos retazos de conversación que he conseguido captar sufre algo de discriminación por parte del Roge Trader.

Ah, si, se me olvidaba citarlo. El rubito ha estado haciendo de las suyas y ya he tenido mi primer encuentro con la tripulación, si es que a esa panda de inútiles se les puede asignar tamaña clasificación. Apostaba delante de mis narices a Schawezztan cuanto tardaría en cabrearme. Lo dijo a tal nivel infrasonoro que de no llega a ser por mi oído robótico no me habría llegado a enterar ¿Mi respuesta? Diríase metafóricamente que lo cogí por los genitales, alzando a aquella rata nauseabunda varios centímetros por encima del suelo a la vez que aferraba mi minúsculo objetivo. La rata puso cara de dolorida, gimiendo de dolor e intentando vanamente llevarse sus extremidades superiores al centro neurálgico de su cuerpo enclenque. Una mirada mía bastó para que cesara. Yo también cesé al cabo de unos instantes por puro cansancio más que otra cosa y deje que John O’Neil cayera al suelo, llevándose desesperado la mano a la entrepierna. Delante de mí estaba el resto de la tripulación sorprendida, menos Krok que realizaba trabajos manuales relacionados con sus armas. Y eso que no lo he cogido con la mano metálica…


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Miér Sep 21, 2011 2:06 pm

Los guardias negros de Naggaroth consiguieron por fin entrar en el salón. A unos pocos pasos estaba tirado en el suelo el sofá de Persia ahora teñido de sangre élfica. En el centro del salón estaban los cadáveres de los dos guardianes del noble y el del propio noble. En una esquina había una docena de esclavas elfas despojadas de su ropa que intentaban sin éxito taparse sus voluptuosos pechos. Una de ellas señalo rápidamente el balcón. El jefe del cuerpo de guardias negros corrió a asomarse y vio que colgada de uno de los góticos barrotes se hallaba una gruesa cadena. El guardia asomó un poco más la cabeza al precipicio y pudo ver con asombro como colgada de la cadena había una cuerda de vestimentas femeninas de esclava, y casi al final de ella se encontraba la asesina descendiendo por la negra y arisca torre, con las manos en su improvisada cuerda. Al fondo unas amenazantes y puntiagudas rocas señalaban al cielo amenazadoramente. El druchii sonrió. Se agachó aun mas por la terraza y extendió su alabarda, con la intención de cortar el fino hilo que separaba a la humana de la vida y la muerte. Entonces surgió de las sombras una de las esclavas desnudas, intentando impedir dicho acto. Rápidamente el druchii desenfundó el guante y introdujo su grácil mano por un orificio del trasero desabrigado. La elfa, sorprendida, se llevó las manos a su trasero mientras gemía de placer y el elfo oscuro aprovechó el momento para cortar la primera prenda atada a la cadena. Pero no pudo ser más grande su sorpresa cuando vio que entre la humana y el suelo tan solo había un miserable pie, y para más inri aterrizó en blando. La mujer recogió las ropas de las esclavas y corrió hasta llegar a la costa, hasta subir a un barco escondido entre las rocas. Cuándo subió al barco este partió rumbo al mar bajo el ritmo del trabajo forzoso de unos esclavos que movían sus remos trabajosamente, mientras el capitán acudía al puente para recibir a la inquisidora Allebasi , la cazadora de brujas.

-Los barcos de Naggaroth nos alcanzarán a este ritmo…

-Remeros no querer remar. Decir preferir tortura

-Bien, tengo el remedio. Déjeme hablar con la tripulación

Allebasi se plantó delante de los esclavos

-¿Veis estas ropas?-Dijo señalando los hábtos de concubina que había salvado-Son ropas de mujer-uno de los oyentes bostezó-¡De mujer elfa!-la inquisidora empezó a focalizar la atención- Pues bien, si llegamos a buen puerto estas ropas serán repartidas- algunos ojos se salieron de sus órbitas- y si no veo ningún barco druchii en el horizonte estas prendas-dijo mientras señalaba sus hábitos-serán también repartidas- se pudo oír algún silbido entre la multitud-y al mejor remero… ¡Me lo llevo al catre!-El público rompió en aplausos y el capitán empujó a sus subordinados para ponerse manos a la obra



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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Jue Sep 22, 2011 8:50 pm

Diario de Isabella/ 751 41k



Actualmente ya me conozco la Archaeorum de cabo a rabo y creo conocer también sus entresijos más ocultos. Mi lujoso camarote se sitúa al lado de tres capsulas de escape blancas con un ojo de cristal negro con combustible para tres días y habilitada para que quepan al menos dos individuos en cada una, y están iluminadas por unos tímidos flexos azules que con sus luces tenues y parpadeantes iluminan el pasillo de la nave, del cual ya escribiré posteriormente, ya que ahora procederé a describir la “sala de reuniones”. A la izquierda está el actual apartamento de Landerus, bastante espacioso y con múltiples instrumentos de ejercicio físico que eran usados por su antigua propietaria y ahora permanecen en el olvido. Enfrente está la sala de reuniones que resulta ser un espacio abierto conformado por dos sendos bancos metálicos con agujeros económicos, y rodeados por unas veinte taquillas previamente investigadas por mi persona, aunque al final la búsqueda no encontró culpables y cabe señalar que las taquillas de Krok, Stewart y John se encontraban totalmente vacías. Yendo a la derecha de las cápsulas de escape hay un estrecho pasillo rodeado de cables e iluminado por los flexos previamente mencionados que conforma la columna vertebral de la nave. La cabina, que está a la izquierda el camarote de Landernus, es la típica cabina de cualquier nave imperial: botones, mandos, cables… y una ventana de cristal que muestra el frío y negro espacio exterior. Pero volviendo al pasillo cruzándolo están las dos hijas de la Archaeorum: dos torretas de fusión circulares, con forma esférica y estilo característico de la Época Gótica. El resto del armamento de la nave lo componen unos cuantos blásters automatizados. Luego está los camarotes. Estos son de diez metros cuadrados a lo sumo y con flexos azules no más grandes que mi puño. Nada digno de citar en un informe, salvo que tuve que retorcerle el brazo al squat para revisar su habitáculo. Ya le he pedido al anciano que al llegar a nuestro destino despida al squat y contrate tripulantes nuevos, los que hagan falta pero que no llamen la atención y no tengan un expediente lleno de gazapos.

Al final del pasillo el estruendo de los motores anuncia que la nave ya se ha acabado y incluso si consigue uno sobreponerse al escándalo que provocan puedes fijarte en la pequeña escalera de incendios que lleva al hangar, que por cierto es bastante grande y espacioso. En una esquina hay una media docena de espectaculares motos Harley terrestres, que al igual que todos los vehículos de dicha marca son llamativas, pero sus motores y potencia son bastante deficientes. Caros e inefectivos, como los squats.

Y ahora informo sobre mis mas y mis menos con esta panda de disidentes. El segundo día pude oír como el nivel de silencio permitido era vulnerado por frecuentes gritos. Salí de mi camarote y me encontré con que en la ala de reuniones 0’Neil, Schawezztann y Illasi juagaban a juegos de azar relacionados con ese objeto cúbico denominado comúnmente como dados. Nada más irrumpir yo pisotee dichos objetos y le di a John una patada en la retaguardia y una agresión física al catachán que dejaría posteriormente a los dos tirados en el suelo. Yo les ordené que si querían jugar a juegos de azar tendrían que usar los dientes. No saben que lo único que hacen es fomentar el poder de Razarc, el Dios de la Mala Suerte, que precisamente se alimenta de la desesperación de los jugadores al ver que el azar no les favorece. Ahora por el vacío plano que se puede ver en la dentadura de Schawezztann creo que siguen jugando a los dados, pero ahora a escondidas.

El tercer día cruzamos la disformidad con la ayuda de la pelirroja. Primero yo me aseguré de que los campos de Gellar estaban correctamente instalados. Luego analicé a Illasi para comprobar si era de verdad una Navegante y el análisis obtuvo resultados satisfactorios. Luego la confirmada Navegante buscó psíquicamente la luz del Astronomicón. Finalmente pudimos partir. No hay nada destacable que mencionar. Atravesamos la confusa disformidad, de la cual no aportaré descripciones debido a que su sola existencia me provoca un gran desagrado. Baste decir que después de alguna interferencia llegamos dos semanas después (en la disformidad el tiempo transcurre muuuucho mas despacio, así que para nosotros fue una hora) arribamos a un cuadrante vacío del espacio y cercano a nuestro destino.

Ah, y se me olvidaba decirlo. Hoy mismo los gemelos Finn me preguntaron que porque llevaba partes corporales de origen cibernético. Ante dicha ofensa en mi dignidad yo les di a ambos gemelos dos gemelas patadas que los enviaron deprisa a llorar a las faldas de su amo. Patético. No me gusta recordar el preciso instante en que mi vieja y leal pistola de plasma me explotó en el justo momento de presionar el gatillo, lo cual provocaría las mutilaciones de las que ahora padezco. En el preciso instante de escribir estas palabras unas constantes turbulaciones agitan mis pausados sueños. Desconfío de todos estos gaznápiros, aunque en mi fuero interno confío en que si muero la bomba que tengo instalada al lado de mi corazón por lo menos se lleve a mi asesino…



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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Jue Sep 22, 2011 8:51 pm

Allebasi se despertó bastante satisfecha. Su noche de forniqueo había resultado bastante rentable, y aun mas que hubieran escapado de las garras cursis de los elfos oscuros. Se desperezó y se levantó sommolienta del cálido catre. Su conyuge temporal se removió un poco, buscando la fragancia del perfume anhelado. Ahí, con la blanca luna iluminando la negra oscuridad reinante en el puerto donde se hallaba atracado el barco la mujer tanteó por el suelo de madera hasta encontrar ropa y se vistió. Se dio cuenta de que se había quedado con un par de prendas de esclava elfa, pero pensó que ya improvisaría algo. Finalmente salió a cubierta y una vez a la luzz de la noche se dio cuenta de que iba vestida con las ropas de esclava que había usado en Naggaroth, circunstancia frente a la cual se encogió de hombros y acto seguido salió de aquesta guisa a la calle.

Fue rondando por las calles vacías de la ciudad hasta llegar a un bar de los bajos fondos a rebosar de parroquianos de toda índole. Nada más entrar por la puerta un vagabundo metió su sucia mano entre el tabardo rojo y dio un pequeño azote en el culo a la mujer acompañado de unas risas sádicas y del grito de "Puta". Allebasi se dió la vuelta, sonrió al vagabundo con su ojo sano y volvió a darse la vuelta para adentrarse en el antro, donde obviamente todo el mundo la miraba boquiabiertos. Enseguida la inquisidora empezó a mostrar su repertorio de bailes exótios aprendidos en Naggaroth y el público entusiasta empezó a romper en vítores y ssilbidos y a soltar dinero.

........................................................................... ....................

La inquisidora salió del local bastante contenta, con numerosas monedas repartidas por todo su cuerpo y un papel metido en su escote. Ya volviendo al barco se encontró con un trío de damas aristocráticas maquilladas totalmente yy con sus respectivos corsés y faldas que las acreditaban como asquerosamente ricas y pijas. Miraron a la mujer con ropas de esclava con una sonrisa de lobo en sus labios carmesíes. Una de las tres la llamó "puta" y sus dos amigas rompieron en carcajadas estruendosas. Allebasi, enfadada, cruzó rapidamente la distancia entre ambas con cara de mil demonios de los Desiertos del Caos, con una expresión que habría hecho sonrojarse al mismisimo Khorne. Al lado el mar discurría tranquilamente, chocando contra las paredes del puerto. En unas milésimas de sgundo la cazadora cogió a una de las damas y la tiró al mar. Con la siguiente hizo lo mismo, todo ello siempre a una velocidad vertiginosa. Ahora estaba sola con la mujer que la había tachado de puta. Esta última se dio la vuelta y empezó a correr. Allebasi corrió detrás suya, pero la corta persecución se vio cortada cuando la dama tropezó con su propia falda obviamente no ideada para correr. Rápidamente la "puta" se sentó encima de la cabeza de la adinerada, tapando sus gritos y de paso restregandola su culo desnudo por toda la cara. Al mismo tiempo cogió su cuchillo y rasgó las vestiduras de su víctima, para despues quitarselas de un plumazo y arrojarlas al mar. Posteriormente aprovechó varios hilos de tela de su tabardo para atar las manos y pies de la mujer, y finalmente para fabricar la mordaza simplemente usó las bragas de la aristocrata, y asi, atada de esta guisa, se cargó a la mujer a sus espaldas como si de un saco se tratara, con el culo al aire y unos pateticos grititos que pugnaban inutilmente con sus propias bragas. Despues de una corta caminata Allebasi subió al barco con el saco todavía a hombros. En la cubierta estaba ahora la tripulación, medio ebria .

-Tu mentir-dijo uno de los borrachos- Tu no dar ropa. Nosotros quitar tu ropa- ávida de sexo la tripulación empezó a avanzar, dispuesta a satisfacer sus necesidades reprimidas

-Un momento- dijo la inquisidora. Tiró el saco al suelo. Se agachó sobre. Le quitó la mordaza y antes de que el saco dijera nada le metió la mano por un orificio del trasero. El saco gemió de placer y no pudo evitar retorcerse un poco- Ser vuestra- Dicho esto se fue con paso solemne al camarote, dejando que los gritos de socorro de la aristocrata fueran ahogados por la clamación de la multitud.

Allebasi volvió a su camarote, ahora vacío de toda presencia humana o humanoide. Se quitó las ropas de esclava y empezó a ponerse la vestimenta típica de una cazadora de brujas. Se puso un corsé bastante abultado y mas resistente a los impactos que una coraza de hierro, los encajes, las bragas... Luego tocó ponerse los pantalones grises, seguidos por una gabardina negra que dejaba entrever el escote y llegaba hasta las rodillas. También se puso unas botas de piel de algo y guardó en los múltiples bolsillos de la gabardina toda la retahíla de objetos útiles para un futuro como siempre incierto. Despues de rebuscar un poco entre sus cosas encontró una ballesta de repetición que sustituía a su antigua pistola de pólvora que tan lealmente la había servido en el pasado hasta que la toco jubilarse junto con su ojo. Finalmente ya solo quedó ponerse un sombrero de pico que ocultaba su rostro al observador, al sol y a ella misma. Terminado ya todo echó un vistazo a los tímidos fulgores de luz roja que empezaban a invadir las nubes con su luz, y a iluminar tambien un incierto horizonte. Ahora la inquisidora Allebasi estaba preparada para rendir cuentas de su última misión...



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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Dom Sep 25, 2011 8:50 pm

Kainen, el piloto eldar oscuro, miró altaneramente a las dos ravens que se situaban en sus flancos, con sus estilizadas puntas negras apuntando de forma amenazadora a la patética nave humana que se aventuraba a pisar la zona del conde Sliscus. La nave era tan pequeña e insignificante que no se había estimado necesario sacar ninguna nave Corsaria de la flota de losp iratas, y que con tres Ravens sobraba y bastaba para saquear, destruir y torturar al mas puro estilo de los herederos de la Caída. Y mientras las otras dos Rvens se desviaban para tomar rumbo con sus mortíferas lanzas oscuras hacia las protecciones de la nave humana, Kainen pensó que no solo bastaba eliminar la nave y soltar una risa cruel y despectiva a la vez que las explosiones del botín sonaban en el fondo, no, si algo le gustaba mucho al cnde Sliscus eso era sin duda finalizar con estilo las cosas, y que mejor momento, ocasión y objetivo para mejorar su estatus social que un basurero espacial para poder disfrutar de la sangre de la batalla y a la vez hacerle la pelota al jefe con la promesa futura de alguna posible traición, quien sabe... De momento, mientras pensaba en como podría rematar la faena, dirigió su Raven hacia el estómago de la nave humana, iendo por debajo del casco a la vez que unas picaduras de mosquito en forma de blasteres automatizados le molestaban un poco. Al lado una de las Ravens explotó sonoramente y Kainen soltó un escupitajo despectivo al cristal mientras que apretaba los botones, accionando las lanzas oscuras y dañando a su objetivo gravemente.

Satisfecho con su tarea, esquivó un rayo de una de las torretas y atravesó finalmente la nave y con una pirueta giratoria se alzó al espacio, subiendo cada vez más a una altura desorbitante, consiguiendo aunar las ansias de adrenalina del piloto eldar, sacudiendose este en su asiento de puro placer. Una vez arriba el eldar oscuro decidió aprovechar el momento de futura victoria con varias acrobacias aéreas valedoras de muchos premios si hubiera habido en aquel momento alguna competición que ganar. Cuando terminó miró a través de la cabina a la minúscula nave enemiga como un punto lejano en la lejanía, una hormiga insignificante a la que Kainen podría pisar en cuanto qusiera y si se interponía en su camino alguno de sus verdaderos rivales sabría lo que se siente al sufrir una muerte rápida e indolodora. El eldar oscuro se relamió la lengua en un gesto bastante voraz y hambriento de mas adrenalina, y la raven se encaró hacia abajo, en dirección hacia la nave.

Y entonces la Raven descendió en picado, con el pie en el acelerador metido hasta el fondo y una risa cruel dibujada en el pálido y hermoso rostro del eldar extasiado por el momento glorioso, por su momento. Pulsó los mandos que hacían que fuese la propia Raven quien hablase y como si de un rugido atronador de Crommoragh se tratase las dos lanzas cristalinas dispararon, soltando una ráfaga azul que causó numerosas explosiones en la presa. Kainen soltó una risa maléfica. El momento estaba cerca. Y justo entonces de repente un rayo azul fulminó en el acto al engreído eldar oscuro y su preciada nave.


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Dom Sep 25, 2011 8:51 pm

Albión. La isla de los Ancestrales. Un misterioso terreno, fortificado con sus altísimos acantilados blancos y con una espesa niebla, y por si todo ello no bastará los frondosos pantanos de Albión albergan algo más que montruos y humanos...pero hay un lugar en la isla en el que la niebla es de un color diferente. Se trata de una niebla verde, una niebla tóxica que si no te habitúas a ella puede matarte por sus gases nocivos. Los días que el viento sopla a favor puede dislucirse entre las olas y la niebla verde una montaña, una especie de volcán stuado a apenas unas leguas de los acantilados blancos, con una pequeña gruta que da acceso a la Ciudad de las Ratas.

Al entrar en la gruta puede verse una bahía en la que hay atracados todo tipo de barcos de todo tipo de razas, empezando por barcos chapuceros creados de la nada, pasando por botes y gabarras negras y terminando por enormes barcos imperiales, cualquier cosa que flote valía para ser atracada en el viejo y desvencijado puerto solitario, y encima lo peor de todo es que eso no era lo que mas llamaba la atención, no, lo más llamativo del lugar era que el volcán estaba hueco, y aun mas extraordinario era el hecho de que el hueco fuera cubierto con enormes rascacielos que apuntaban al cielo a través del agujero del volcán como si fueran tristes lanzas que apuntaran al cielo en espera del toque de trompeta y un esperado relevo de armas. Y la capacidad de aquella ciudad no se limitaba al cielo, no, sino que se extendía también por el suelo, con enormes túneles subtérraneos improvisados de la nada que desembocaban en un río subtérraneo donde el agua potable era explotada de miles de maneras para abastecer a los habitantes de la Ciudad de las Ratas: skavens...

¿Y que hace en medio del Gran Oceáno, en medio de la nada un volcán hueco lleno hasta los topes de skavens? Para explicar dicho fenómeno tenemos que remontarnos a la época de los Ancestrales. Como bien sabrá usted, sino habría dado vuelta a la página nada más empezar, Albión fue creado en su momento por los misteriosos Ancestrales. Pero antes de Albión no había solo mar. Había un enorme volcán que con su lava apagaba toda vida que se atreviese a acercarse a menos de cien leguas, tan grandes eran sus erupciones y tan temible era su ira. Por alguun desconocido motivo a los Ancestrales el terreno les pareció perfecto y en un abrir y cerrar de ojos destrozaron el corazón del volcán y apagaron momentaneamente por varios siglos el ardor de su corazón. Acto seguido. después de crear Albión, decidieron construir una enorme ciudad dentro del volcán para guarnecer a los humanos y darles una vivienda donde vivir, pero como muchas cosas, lo dejaron todo a medias a su desparición, y con los fuertes vientos del Caos el puente de tierra que unía al islote con la isla se sumergió en el mar, aislando para la historia al terreno, no librandose eso si de las nieblas mágicas de Albión.

Y así siguió la cosa hasta hace relativamente poco tiempo. En aquella época por algun motivo desconocido la niebla desapareció, dejando a la vista nuevos teritorios por los que luchar, y como no podía flatar, todas las razas se unieron a la fiesta, sumergiendo Albión en una campaña pírrica de tesoros y anhelos. Y como no, entre todas aquellas razas estaban los skavens. El Consejo de los Trece decidió enviar sus ejércitos a las tierras prometidas, y entre las tropas marítimas y subtérraneas se hallaba una flota en particular que es la que nos viene al cuento, una flota gafada por el destino y predestinada a alcanzar méritos y deméritos para la gloria o la inmundicia eternas, una flota dirigida por el gran Capitán Hook Cola-Sangrienta, maestro tripulante del navío Archa-de-Perdición, encabezando la flota Salmuera, bajo las órdenes del clan Escorbuto y con el objetivo de hacerle la puñeta a sus rivales marítimos, los skavens del clan Artero que como buenos skavens se habían lanzado también a la campaña.

Hook Cola-Sangrienta, que contaba con el apoyo de algunops aliados, abrió un portal mágico gracias a la ayuda de Katze y Koldred que les permitió cruzar la niebl. Pero debido a que Koldred cometió un error garrafal en el ritual el portal fue invocado con defectos y se desató la madre de las tormentas en un día supuestamente tranquilo. La flota naufragó en gran parte y se estrelló contra las rocas marmóleas de Albión, pero hubo tambien una parte que sufrió un destino diferente... Hook Cola-Sangrienta llegó a un volcán en medio de la nada. Ordenó a los cañones de la disformidad disparar rápido contra la pared rocosa y mientras Koldred gimoteaba de miedo debido a los rayos un gran estallido anunció que se había abierto una puerta a un nuevo mundo. Cuando el capitán pirata vió los enormes edificios con runas ancestrales miles de planes buyeron en su retorcida mente...

Para empezar se independizó del Clan Escorbuto. Oficialmente Hook había muerto de forma trágica luchando contra miles de monstruos hasta morir por su clan. Ocultó a toda la gente posible su actual situación, pero un día el asesino del clan Eshin vanderone king of furcias king of furcias descubrió sus planes, así que Cola-Sangrienta le ofreció un asiento en el nuevo Consejo de los Trece que estaba formando, soborno que el Señor de la Comedia aceptó. (a Koldred, por poner su vida en peligro, ni pipas) Se enteró de que un general exitoso llamado Skabscror habbía tenido una buena campaña en Ulthuan, y que además quería cortar vínculos con Plagaskaven, asi que aceptó gustoso codearse con los líderes de la Ciudad de las Ratas. Y también se sumaron algunos clanes más, entre ellos cuatro poderosos clanes que sustituyeron a los Clanes Mayores para evitar contactos con el Consejo de los Trece, el cual solo tuvo consciencia de que en alguna parte del Gran Oceáno tenían una ciudad de skavens, nada más.Y por su parte debido a la situación estratégica de Albión Cola-Sangrienta obtuvo un cuadrante espléndido, ya que cubría las salidas marítimas del Imperio, Kislev y Norsca, pudiendo así enriquecerse de esclavos norteños de calidad y abastecerse de las mercancías del Imperio, y todo ello solo a cambio de respetar la única regla inviolable si quería seguir con su privilegiada posición: no invadir Albión...

No obstante no es la historia lo que nos preocupa, sino el presente, así que veamos que se cuece en estos momentos en la Ciudad de las Ratas. La calles están vacías totalmente, con la niebla verde invadiendo sus aceras y el aire y con las torres como única referencia de tranquilidad. Sin embargo el silencio reinante se ve quebrado por unos jadeos dolorosos provenientes de alguna parte de la ciudad, pareciendo así que era la propia ciudad la que se quejaba de los actuales habitantes que habían mancillado su gloria sin estrenar. Y entre la verdura destaca ahora la figura negra de un skaven cicatrizado totalmente y con ropas las mínimas, portando en sus garras varios mapas con dibujos de mares incógnitos para él y un enorem baúl cargado a sus espaldas sostenido a duras penas, el cual era el motivo de las quejas que turbaban la aparente paz de la ciudad. Un par de ojuelos se asomaron por las ventanas para observar que era lo que producía tanto jaleo, ojos que se retiraron al aparecer detrás del esclavo el mismisimo Hook Cola-Sangrienta que imperioso vociferaba sin parar órdenes a toda una caravana de esclavos que venían detrás cargados de toda una parafernalia de objetos.

Una alimaña saltó de un hombro a otro, para posarse sobre la gran gabardina roja apagada que cubría al skaven de pies a cabeza. La rata gigante era una burda imitación de un loro, con varias plumas insertadas a la fuerza entre el pelaje de colores pintados de la rata. Era un regalo del Clan Moulder, al igual que Mata-Mata, una enorme rata ogro que solía caminar a cuatro patas y enseñaba sus dientes a cualquiera que tuviera la intención de matar a su amo o de siquiera mirarlo, todo valía para el estómago de la gran rata que ya se había convertido en el símbolo de poder de Hook en la ciudad y lo hacía valedor de un gran poder indiscutible, por si no bastara ya con su habilidad en combate, y todo ello a pesar de su pelaje grisáceo oscuro, capeado en la zona del hocico y las cejas con muescas blancas deshilachadas. Su principal elemento característico era un enorme sombrero pirata de manufactura humana que lucía encima de su cabeza y que en aquellos momentos, por culpa de su complexión rátida, estaba a punto de caerse al sucio suelo con als consecuencias que ello acarrearía, auqnue esa no era en aquellos momentos la principal de sus preocupaciones. Resulta que de ojo izquierdo suele llevar una prótesis en forma de ojo de cristal humano que debido a sus orígenes no solía encajar en el vacío de Hook, llevandolo por ese motivo solo para las ocasiones importantes, como la reunión del consejo que iba a producirse en aquellos precisos instantes. Después de tantear el aire como un bobo consiguió por fin encontrar el ojo, y lo puso en su respectivo sitio. Acto seguido se acarició la vieja cicatriz que tenía debajo del ojo izquierdo y tanteó entre sus cosas hasta que por fin una de sus garras llenas de anillos de oro encontró un reloj de oro de manufactura tambien humana. El esclavo del baúl, ya medio muerto, maldijo entre dientes al maldito skaven por hacerle tener que aguantar tanto peso para una simple reunión, y la curiosidad de que habría dentro del baúl incitó al hombre rata a tirar la caja al suelo, pero antes de que pudiera por lo menos perpetuar parte de la acción un nuevo grito de su amo anunció que la caravana volvía a ponerse en marcha.

El pirata se rascó un poco el torso desnudo a la vez que caminaba con sus botas de cuero flexible y con la otra mano asía la gabardina, que ya os aclaro que llegaba hasta los tobillos y que era de estilo corsario, con múltiples rebordes, encajess, bolsillos y costuras que demeritaban un poco al pobre traje maltratado por el tiempo y por su amo, no así como los pantalones que tan orgulloso lucía. Finalmente, cien jadeos después, llegaron al centro, al Capitolio Fétido donde el consejo de los apodados moderadores decidía sobre el curso de acciones de sus habitantes y subyugados. El esclavo, que ya estaba sudando a muerte y arrastrándose por los suelos pudo admirar con cierto retintín la gran cúpula verde aparentemente debido a los gases que a pesar de no ser tan alta como las torres si que imponía bastante y lo más terrorífico era su entrada, recubierta de cabezas de cosas lagarto que eran lo más parecido a un adorno en todo el austero edificio.

Ya muerto de cansancio el pobre skaven cayó al suelo, recibiendo el impacto del enorme baúl que lo apretujó contra el suelo. Entonces pudo oír el sonido de marcha y oyó que el amo hablaba con un tal Kaze Ikari sobre desconocidos asuntos. Decidido a huir de aquella situación, el esclavo forzó a sus brazos débiles y famélicos a la tarea dificil de alzar al mismo tiempo cuerpo y baúl, tarea que en última instancia consiguió realizar a costa de tres costillas y un dolor tal que ya no pudo levantarse. El capitán Hook se dió cuenta del estrépito que causó el baul al chocar con el suelo y se acercó al esclavo con una sonrisa dibujada en su rostro, risa acentuada por los incisivos sobresalientes en el hocico . A la víctima de dicha sonrisa casi se le cae el alma al verla, ya que si algo conocía de su amo en el poco tiempo de servicio que llevaba era que tenía un humor sádico muy grande, y que una sonrisa equivalí a un castigo. Con una señal de sus zarpas Mata-Mata se acercó gruñendo, con su piel grisácea vibrando al son de sus ronroneos.Con otra señal de zarpa la rata se sentó encima del esclavo y Hook, satisfecho de si mismo, se dio la vuelta para ir a la reunión

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Nada más atravesar la sala de trofeos que conformaba la entrada imponente una escalera de caracol negra era el único elemento a destacar en un gran pasillo de paredes grises totalmente vacío, con runas ancestrales grabadas en sus paredes y símbolos herejes ya no tan viejos grabados en la piedra a zarpada limpia. Con pasos solemnes el pirata atravesó el pasillo y fue a las escaleras de caracol, agradeciendo como siempre que las cosas lagarto no hubieran hecho del edificio otro rascacielos. Él no había escogido el edificio por su situación estratégica, ni por connotaciones políticas, sino que lo había escogido por que era el unico edificio que no medía por lo menos treinta ratas ogro de altura, y que sus escaleras, a pesar de ser muy cansinas, no eran del todo pesadas. Sus rivales se veían obligados a subir por otra entrada, que daba acceso a unas escaleras diagonales muy largas , sucedidas de varias rampas y que hacían que todos los miembros del consejo menos el llegaran cansados a las reuniones y tuvieran menos posibilidades de luchar en pleno rendimiento. Cuando hubo subido todos y cada uno de los viejos escalones llegó por fin a un enorme portalón negro guardado por un par de alimañas de pelaje verde que dejaron pasar a su líder. Este abrió en un gesto artificioso los dos portalones, cuyas bisagras chirriaron con fuerza al verse forzadas. Nada más cruzar el portal las alimañas cerraron detrás suya la puerta y el último convidente de la reunión se vió a solas con sus lugartenientes.

Nada más entrar lo recibió un skaven con los ojos salidos de sus órbitas que soltaba sendas babas de rabia por su boca. No paraba de susurrar "Oh, gran líder-líder, susurranos tus órdenes-órdenes, nosotros cumpliremos-cumpliremos, oh, si-si", pero a una velocidad ultrasónica que hacía que sus palabras fueran ininteligibles e incomprensibles. Seguidamente Hook le dió una zarpada que lo mandó de bruces contra el suelo y susurró con tono imperioso sus órdenes "Cierra el puto pico, coño". Acobardado por la gentil premisa Katrek-Hirn, el segundo al mando de Hook y su infiel mano derecha volvió a su sitio arrastrándose, soltando entretanto unas heces que según él eran "para ensanchecer más tu gloria si no cabe, oh, sí-si". Con una sonrisa en su cara rátida el skaven instó a su lugarteiente a que si tan grandes eran sus heces, quien sino más apropiado que tu para comerlas. Otra vez acobardado Katrek dudó durante unos segundos, tras lo cual Hook se cansó, cogió de su barba peluda blanca al skaven, y restregó a la fuerza su cara por la mierda, salpicandose los dos en el proceso. Unas risillas corrieron entre los convidentes, risillas cortadas de cuajo por una mirada severa por parte de Katrek, que volvió a su silla con un número dos en el respaldo al mismo tiempo que comprobaba si su falda enana roída y verde había sido salpicada de heces, y aun más importante, comprobó si su casco con alas de oro que había estado todo el tiempo oculto, su capa roja con runas azules y la armadura de gromril se habían visto afectadas, proceso con el que estuvo ocupado casi toda la reunión, y nada más finalizar se puso a acariciar una bomba enana desactivada que siempre se conservaba debajo de su asiento a petición de Katrek. Ya sospechó Hook sobre la estabilidad del arma, estabilidad que comprobó golpeando el mismo a Katrek con la bomba , hecho que le produjo a Katrek un aumento de su esquizofrenia y le dejó para siempre históricos chchones marcados en su clava sin pelaje.

Mientras Katrek se atusaba nervioso los hábitos, olisqueándolos y mordiendo las placas de la armadura, Hook miró a la mesa en general. Al contrario que la mesa del Consejo de los Trece, esta era una mesa humana rectangular y muy larga, con Hook de espaldas a la entrada presidiendo la mesa y a una distancia prudente de sus subyugados, y con la silla de la Gran Rata Cornuda al fondo de la sala. Miró a través de los ventanales y susurró una orden a un esclavo provisional (siempre al terminar las reuniones Cola-Sangrienta lo mataba de forma ingeniosa) que cerró las cortinas, ocultando al mundo exterior lo que pasara en la cóncava sala.

Ahora centró su atención en los alli reunidos para ver si estaban todos. A su izquierda estaba el influyente Skabscror, un orondo y ancho skaven que se llevaba una zarpa carente de pelo a su tremebunda barriga pustulenta llena de, como no, pústulas, granos, moscas y demás fauna de las pestes. Las placas negras que campaban a sus anchas por el torso se veían incapaces se sujetar aquel enorme estómago, así que el influyente líder skaven tenía que llevar sus tripas sueltas. Afectado por la infección que pilló durante la Gran Marcha Hacia Ulthuan el señor de la guerra no podía evitar toser con preocupante frecuencia, y vomitar, cosa que hizo en aquel instante, empapandose su falda roja y roída y empapando también de paso la de Katrek de pus. Este, cabreado por ver su ingrata labor extendida aún más, cogió del suelo la bomba y con un gran esfuerzo golpeó con la espoleta al lado izquierdo de Skabscror, donde el ojillo rojo quedaba literalmente obstruido por los grandes granos que empezaban a invadir el rostro. Skabscror no pudo evitar caer al suelo, mientras se rascaba la cola llena de espinas con una mano. Rápidamente se abalanzó sobre Katrek y lo tiró a la mesa, cayéndose la bomba al suelo y provocando que los más cercanos a la bomba se levantaran y se alejaran un poco. Y mientras tanto Skabcror y Katrek peleaban con denodadas furias. Al carecer de cualquier arma (solo Hook podía llevar armas) y al estar la bomba en el suelo, y al tener en cuenta las pintas que tenían los dos, la pelea más bien parecía una pelea de pordioseros que se pelean cada día por comer el pan a costa de otros y por, básicamente, sobrevivir. Katrek intentaba de todas las maneras posibles que los dientes envenenados de Skabscror no le tocaran, mientras que este rugía de rabia a través de una voz carcomida y vieja acompañada de carrasperas, lo que no quitaba que las melenas antaño negras azabaches y ahora pelos con color enfermizo hicieran que el hombre rata pareciera un león a punto de morir.

Hook puso orden de inmediato, cogiendo su preciada pistola bruja de manufactura humana y disparando a un techo de piedra que llevaba ya varios agujeros, haciendo que el silencio tras el estallido cundiera en la sala. Skabscror gruñó a su líder y volvió cojeando a su sitio legítimo a la derecha de Hook, y Katrek, que no se había dado cuenta del engaño, se puso a la izquierda de su amo al mismo tiempo que susurraba conspiraciones promiscuas de razas del espacio y se limpiaba su todavía más sucio si cabe ropaje. En la mesa rectangular habían restos de comida, presumiblemente algún inútil o algún esclavo inútil particularmente goloso. A él le daba igual, ya que era lo suficientemente viejo como para haber perdido ya el gusto por algunas cosas, eso sí, de las traiciones y conspiracones no se podía cansar, si quería seguir viviendo a favor de sus tesoros, y en menor medida de la Gran Rata Cornuda, tendría que estar atento a las puñaladas traperas que eran la orden del día en Ciudad de las Ratas, así que siguió viendo a los skavens que habían acudido.

Por si a los hombres rata que estaban delante de Katrek no les bastara con tener al esquizofrénico hombre rata enfrente, al lado suya estaba Oglock el Horrible, un horrible orco negro enorme que no paraba de rascarse en aquellos precisos instantes la entrepierna, buscando inútilmente algo que no había. Oglock el Horrible fue en las épocas de la prehistoria de la Ciudad de las Ratas un obsesivo skaven bebedor, estafador, sinvergüenza, ladrón, caradura, borracho, mujeriego y demas cualidades aplicables a cualquier buen político. El cambio fisiológico de Oglock se debe a que una vez consiguió matar con gases tóxicos a un enorme orco negro de gran brutalidad, y nada más ver su gigantesco cuerpo inerte en el suelo el señor de la guerra lo cogió por una pierna y le pagó una gran fortuna al doctor Rotcìv Nietsenkarf, el diábolico líder del clan Mind, expertos en transplantar cerebros de un cuerpo a otro y crear guerreros perfectos, y precisamente el trasplante del cerebro de Oglock al de un enorme orco negro perfectamente adapatado al combate ha sido uno de sus mayores éxitos, ya que el skaven no perdió la cabeza en el proceso, sino que al haber adquirido un cuerpo diferente adquirió algunas costumbres orcas como la de animar a gritos a sus tropas y cosas de esas. Nada más realizar el trasplante el propio Hook le preguntó quien era, y cuando el orco le dió una senda patada en la entrepierna reconoció sorprendido a su viejo "colega" de antaño un tanto cambiado. Sus tres docenas de guardaespaldas orcos negros ataviados de armaduras negras de hojalata oxidado y armados hasta los dientes hicieron que ninguno de los líderes skavens se opusiera a la subida al poder del orco, aunque si bien no le caía a nadie bien en la sala debido a su mal comportamiento para con los demás y sus malos modos que hacían que Skabscror y Katrek parecieran damiselas bretonianas. Normalmente Oglock solía llevar una enorme armadura azul y verde con símbolos y pinturas de dientes dibujados en todas las placas y unas enormes hombreras del tamaño del puño de una rata ogro portaban unos pinchos amenazadores que sujetaban una capa de pieles de todo tipo. Luego la cara se veía apenas cubierta por una mandíbula de metal, que formaba parte del casco austero con una cola de caballo roja arriba del todo para "hacer k korra maz-maz" según palabras de su propio creador, cuya piel era...¡Sí! ¡Verde oscura! ¡Eres el/la put@ am@! Cuando Katrek se sentó al lado del piel verde este se limitó a gruñir un poco para así mismo mientras se acariciaba la cicatriz frima de la casa de Nietsenkarf.

Luego estaban los cuatro líderes de los cuatro clanes principales de la Ciudad de las Ratas: el clan Murzol, los jinetes de la noche, oscuros skavens obsesionados con los murciélagos y los principales aliados del misterioso Koldred, o como el prefería llamarlo, saco de mierda, que debía de andar escabullendose y tramando planes en alguna parte de las callejuelas de la ciudad, riéndose a la sombra de la niebla y envidiandole; el clan Dirg, siniestros skavens que tras haberse sumergido en las profundidades del Mundo habían salido al exterior con lo que ellos llamaban "el Don de la Visión Oscura"; el Clan Slike, los maestros del dolor que consideraban cualquier cicatriz de signo de estatus, cualquier tortura como un placer y cualquier flagelación una minucia; y por último estaba el clan Mind, ya mencionado con anterioridad, que se había ganado a la fuerza el mote de los ladrones de cerebros, por no hablar de los rumores de que tenían un nuevo laboratorio en el Nuevo Mundo... Hook apartó la mirada de los Cuatro Fantásticos debido a que los cuatro lo miraban fijamente y seguro que con ideas perversas en sus retorcidas mentes...

Ya al fondo estaba La Gran Rata Cornuda, un enorme asiento más grande que el de Hook, pero no así más lujoso ni menos roído. En la corta historia del consejo el dios de los hombres rata no había hecho ninguna aparición por la ciudad de sus lacayos fieles, pero Hook, a pesar de ser un tanto ateo, no relegaba al olvido totalmente la devoción a su Divinidad.

Como fiel garra izquierda del dios rátido estaba sentado dócilmente Aguabendita, o sino para abreviar Katze. Poseía una túnica de harapos blancos deslucidos que le cubría su viejo torso y un pantalón gris cubría sus partes inferiores, además de la clásica capa gris-blanca y sucia de todo buen vidente gris que se precie. Aguabendita provenía de tierras muy lejanas,p ro lo que su acento era radicalmente distinto, además de un complejo vocabulario que por mucho que el mago se esforzase por hablar alto y claro nadie conseguía entender. Su bastón con la punta de símbolo de la Gran Rata Cornuda le servía de apoyo no solo para los hechizos, sino que también para caminar, ya que de todos el era el más viejo habitante de la ciudad, cosa que era acreditada por el pelaje blanco y lleno de telarañas que cubría su cara rátida, además de un par de cuernos de cabra enroscados varias veces para seguir dando la fe de que era muy viejo. En las reuniones, a no ser que se solicitase que hiciera una predicción o que se tocaran temas relativos a la Gran Rata Cornuda, Aguabendita se solía pasar las reuniones mirando embobado el techo y papando moscas literalmente.

Luego había un sitio vacío que señalaba la ausencia de Krullz-Tragaldabaz, gran aliado en el pasado de Oglock pero que ahora se había ido hara un par de años a tierras incógnitas en busca de nuevos tesoros. Por si los casos Hook se asegura de que no se le vaya la lengua si le capturan...

Siguiendo con el examen previo el siguiente asiento si que estaba ocupado por un skaven ataviado con lo que parecía la concha muerta morada de un bicho muy grande ahora muerto, cuyos cuernos hacían que el señor de la guerra pareciera un vidente gris. El pecho también estaba cubierto por un peto blanco más parecido al de los escarabajos que a otra cosa. Destacaban sus incisivos, largos y amarillentos como los de un monstruo, y prisiones de una lengua bífida que siempre salía de su encarcelamiento para relamerse, como si todos los ahí presentes fueran una comida más. Un par de téntaculos salían de algún punto del cuerpo del skaven y un par de patas más con aspecto de insecto rascaban nerviosamente la mesa. El skaven se llamaba Rorath, el único general obsesionado con el aspecto de sus tropas, lo cual hacía que la proximidad de todos los otros compañeros le asqueara. Muchos rumores decían que quería llegar a líder solo para librarse de semejantes mentecatos y más de una vez se había arrastrado por los suelos pidiendo clemencia y un nuvo sitio, a lo cual Hook solía responder con varias leches a la cabeza semiacorazada del insecto, skaven o lo que fuera.

Y ya por último, a la derecha de Skabscror se hallaba vanderone king of furcias king of furcias, el renegado delclan Eshin y antiguo segundo al mando del clan, hasta que un día se hartó de las migajas que dejaba Snikch y buscó independizarse junto con un clan afiliado al Eshin. Como siempre vanderone king of furcias king of furcias permanecía constantemente callado, reservandose su grave voz para otras cosas más importantes. Su pelaje plateado destacaba entre los negros ropajes con detalles rojos del clan Eshin, cosa que aun así no ennegrecía su carácter, bastante reservado y tímido, escogiendo siempre sus palabras con todo detalle. Era uno de los mejores estrategas al servicio de Hook, y sus pocas ganas de ser el lider de algo lo convertían en el lugarteniente perfecto...de momento... También tenía el mote autoimpuesto de Señor de la Comedia, aunque algún chistoso del consejo le había impuesto el mote más aclarativo de Señor de la Mala Comedia.

Hook Cola Sangrienta sonrió un poco. Estaban todos. La reunión podía empezar...

.............................................................

El esclavo skaven gruñio a sus camaradas y le hincó un diente a su ex-camarada, con la sangre todavía fresca de su corazón esparcida por su espada oxidada e inservible. Los otros dos hombres rata le enseñaron los dientes al asesino. Ellos también habían contribuido a la causa, así que se de verdad querrían pelea pues tendrían pelea, pero de momento se pondrían de mutuo acuerdo para sobrevivir. Y pasado ya un rato degustando los órganos famélicos del muerto apareción una sombra en la asquerosa y puñetera nebulosa lejanía. Era una figura ataviada de negro. Todavía hambrientos, los esclavos no dejaron de intentar saciar su hambre, pero entonces interrumpieron de golpe su comida. Se acababan de fijar de que hoy era su día de suerte. Los tres se levantaron con la sangre negra en sus bocas. Se acercaron a la figura encapuchada con el destello ambicioso del hambre en sus ojillos rojos. Poco más bastó para que fueran correteando hacia su nuevo aperitivo. Sin embargo antes de que pudieran alzar sus zarpas frenaron su euforia para ver que el invitado había desaparecido.

Un tenue miedo empezó a apoderarse de sus corazones simples. Paranoicos como el que más, intentaron exrutar las sombras, buscando a su adversario y guardando las espaldas de cualquier apuñalada. Pero de repente se dieron cuenta de que uno de los esclavos yacía en el suelo degollado. Ahora más nerviosos formaron alianzas moméntaneas con tal de luchar contra aquel mal. Justo entonces volvió a aparecer la sombra para atravesar en un tris el cuello de uno de los esclavos restantes. Sin embargo este no murió en el acto y se aferró con fuerza a la capa negra, y mientras el asesino acuchillaba al desesperanzado skaven el superviviente soltó un alarido de rabia y se dio la vuelta para salir corriendo por patas. Con solo un además el aesino lanzó un par de cuchillas al aire, dos de las cuales se perdieron en el aire. El cobarde esclavo siguió corriendo hasta que de repente se vió obligado a parase para llevarse la zarpa al pecho. Estaba teniendo un infarto. Cayó al suelo y intentó ya a la desesperada arrastrarse para huir, pero ya era tarde. El Señor de la Comedia estaba obstaculizando su vía de escape

........................................................................... .....

Después del festín de tres hombres rata que se había dado, vanderone king of furcias estaba más que satisfecho. Se frotó un poco su barriga y musitó un par de chistes malos al aire a la vez que llegaba al nubloso puerto, donde había atracado un barco roído y semi-roto. vanderone king of furcias subió a la cubierta, donde se hallaban unos cuantos skavens de pelaje negro con armadura pesada y alabardas, escoltando a un misterioso personaje envuelto en una toga negra con capuchaque tan solo dejaba entrever unos pocos pelos de color negro azabache. Luego llevaba mchos más barulos diseminados por su cuerpo rátido: un colgante de alas de murciélago que relucía a la luz de un tímido farol de luz difuminada, muchos saquitos rellenos muy seguramente de piedra bruja, un baculo que en el final lleva una piedra verde agarrada por 4 alas de murcielago hacia arrriba de metal negro, una punta de metal en la punta de su cola, y un anillo que lucía en la zarpa derecha una piedra negra tremendamente misterioso y que se rumoreaba que era parecida al que llevaba Vashanesh... Se trataba de Koldred, el principal conspirador al trono de la Ciudad de las Ratas. Se dirigió a vanderone king of furcias con una vocecilla de niña malcriada:

-¿Qué nuevas traes-traes, vanderone king of furcias?

-¿Cuántos elfos se necesitan para encender una vela?

-...

-Ninguno, por que ya tienen plumas. Jajajajajaja

-...

-...

-... .... ...Te he hecho una pregunta...

-Y yo otra, y no has respondido. ¿No te da vergüenza?

-vanderone king of furcias... Maldita furcia, llevo un mal día, no me entretengas con tus paridas...

-Por cierto... ¿Donde está el líder del clan Murzol?

-No te importa... RESPONDE PRIMERO A MI PREGUNTA- La imagen de un skaven adulto protestando con voz de nena y saltando sobre la cubierta divirtió un tanto a vanderone king of furcias, que no pudo evitar sonreír un poco, al igual que los guardaespaldas, uno de los cuales había soltado una ligera carcajada. Koldred se dió la vuelta furioso y lo fulminó con la mirada. Hizo un chasquido con la lengua y un murciélago blanco de ojos rojos se bajó de su espalda para volar a morder al risitas del grupo. Este, aterrorizado ante la idea de morir, se arrojó por la borda al mar contaminado y el murciélago volvió a su sitio legíimo en los ho,bros de su amo.

-Vale, vale... No se por que te cabreas tanto, no ha habido absolutamente nada, tan solo un reparto de víveres y algunas disputas entre Skabscror y Katrek, nada más...

-Bien-bien... el plan va tal y como tenía planeado...¿ Verdad, Katrek?

Entre las sombras apareció un skaven ataviado con una pesada armadura de gromril y con una falda llena de vómito. Acarició una bomba enana que llevaba en el regazo y asintió a su ayudante





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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Dom Oct 16, 2011 2:28 pm

Diario de la inquisidora Isabella/13 de abril/16:03 horas terrestres/ 40687k

Hoy he estado a puntisimo de morir. Para variar. Al final las turbulencias previemente mencionadas eran en realidad impactos certeros de astronaves enemigas que se estrellaban contra el patético escudo de plasma de la nave. Inmediatamente nada mas aperseverarme de la situación fui directa al camarote a pedir explicaciones. Ahí estaban Landernus y su hija con la misma duda, exigiendo respuestas y en caso de respuestas, consecuencias. Mientras ellos discutían de cosas tan transcendentales como el reparto de cápsulas, el estúpido retaco manejaba los mandos de la nave, sudando la gota gorda y maldiciendo entre dientes al enemigo. Yo quería sustituir al retaco, pero Landernus era demasiado viejo y yo no estoy cualificada para pilotar una nave de este calibre, pero ya me he apuntado mentalmente que intentaré contratar un copiloto mas o menos fiable, por si los casos, ademas del ya obvio sustituto del squat borracho. Mire a través de la cabina y tan solo pude atisbar perpleja relámpagos morados y verdes. Por aquella forma de atacar y la rapidez y la insitencia en prolongar el asalto juraría que eran eldars oscuros, pero en el fondo todos los eldars son una puta panda de piratas maricones, así que no esoty muy segura...

Sencillamente me encogí de hombros y me fui por las puertas corredizas a la columna vertebral. Despues de unos varios pasos pude comprobar que el mando de las dos torretas de fusión era llevado por el rubito de mierda y el catachán, los dos animados por los gritillos de los gemelos. Pude ver por su sudor y gritos de guerra que estaban consiguiendo el mismo éxito que Sanguinius al enfrentarse a Horus: nulo. Luego me enteraría de que los expertos en armas eran Stewart y su compañero en la muerte. Entonces el marine apareció, llevandose pesadamente la mano a la entrepierna y exigiendo información sobre la situación. Y cogí rápidamente al rubito de mierda, lo tiré a un lado y ordené al servidor fiel del Emperador que ocupara el asiento. Espero no ser malinterpretada en futuros informes. Cogí al ex-guerrero del arco iris porque no había ningún otro tripulante a mano, de haberlo habido habría cogido incluso al propio Kork.

Antes de que el rubito de mierda dijera nada Vermellon apretó el gatillo y acertó certeramente en uno de los cazas. En la otra torreta Schawezztann disparó un único rayo azul. El caza tan solo tuvo que apartarse un poco gracias a sus reflejos de lince, y ponerse delante de la nave para disparar un par de ráfagas cristalinas que si bien no impactaron al guardia imperial, si que dañaron aún más la estructura. Pude ver desde la otra torre como el caza seguía esquivando despectivamente los rayos de los blásteres mecanizados que en su fútil intento de acertar al enemigo hacían que sus disparos se perdieran en el espacio. Ahora que estaba por la otra borda Vermellon volvió a apretar el gatillo, no obstante en dicha ocasión falló estrepitosamente, perdiéndose su disparo en la nada, y casi juraría que desde su sucia cabina de xenos el puñetero alienigena se descojonaba de nosotros.

Luego seguí avanzando a los camrotes. Krok se negó a salir, bueno, mejor dicho yo se lo pedí y el desde su celda de mierda se calló. Yo no dije nada más, ya que en aquellas circinstancias no requeríamos de sus servicios. Pero si de los de Illasi, así que seguí avanzando por el camarote hasta llegar al camrote de la pelirroja. Acto seguido golpée la puerta con mi puño órganico, solicitando a gritos que la Navegante sacara su hermoso culo a la cabina y nos sacará de allí. Ella me respondió con un grito aterrorizado que inspiraba tan solo desesperación, y yo, sorprendida, volví a gritar, pero al recibir únicamente como respuesta unos sollozos gentiles decidí dejar de insistir en mi fútil tarea y decidí ir a la tapa.

Los artilleros seguían inutilmente intentando acertar, y los gritos de ánimo de los gemelos Finn se veían eclipsados por el tañido de la fusión en su más puro estado. Fui de inmediato a la zona de las cápsulas, donde estaba el viejo porteado por su tecnoservidores. Me preguntó que que hacía. Yo respondí dirigiendome hacia el panel de las cápsulas y pulsando los tres botones de huida y obedeciendo la orden todas las cápsulas de escape salieron al espacio exterior para quedarse flotando en el vacío negro al carecer todas ellas de algún piloto afortunado que las ordenara marchar. Obviamente Landernus protestó por la acción y la hija acudió con sorpresa a la sala. Yo le dije a Vermellon que siguiera el protocolo de defensa 30.01.

Pasaron unos pocos segundos y tal y como yo había previsto apareció de algún punto del espacio la nave xenos para acercarse a las cápsulas, pero antes de poder siquiera aproximarse al área Vermellon disparó y destruyó la nave. Ahora según mis cálculos ya solo debía de quedar una nave que habíamos perdido de vista de cualquier método de comprobación. Sabía que el eldar picaría en el cebo, ya que si mis suposiciones son ciertas a los eldars negros no hay nada que les guste más que ver sufrir a la gente y ¿Que mayor regodeo hay que en torturar mentalmente a unos avenedizos que en una reacción de terror intentaban huir de la escena del crimen? Pocos.

Un rato más tarde la nave se convulsióno mas vilentamente si cabe. En el pasillo se produjo una explosión que destruyó la torre de fusión de Vermellon, el cual se salvó solamente gracias a su servoarmadura ultramarine y a su voluntad férrea en el Emperador. La nave siguió agitandose y todo el mundo, hasta incluso yo, cayó al suelo debido a los continuos impactos que sufría la Arcaeorum. Y así siguió la cosa hasta que de repente los disparos cesaron. Misterio. La evaluación de daños está por hacer, pero yo augurio daños garrafales en la estructura, y, ojala, en los pasajeros...


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Dom Oct 16, 2011 2:29 pm

-Por Sigmar… ¡Si es Allebasi!

-¡Sargento!

-No me llames sargento, hijiña, sabes que soy un sacerdote de Sigmar

-Vale…¡General!

-Anda, calla y siéntate, que tenemos que hablar

-Huy, eso suena muy mal…

-¿Qué tal te ha ido la misión en Naggaroth?

-Bien…

-¿Rescataste a la elfa sujeta a la maldición de la ropa quemada para que nos aportara información valiosa sobre nuestros enemigos de Ulthuan a cambio de conseguir que toda ropa que se pusiese no se quemara y se librara así de la maldición?

-Ehh…a la elfa no la traigo... Pero mire…¡Tengo sus bragas!

-(“Suspiro”) Ay, Allebasi, por Sigmar, que no sabía yo que tenía una discípula tan irresponsable y no cumplidora del deber…

-Si al final sí que consigue matar al príncipe elfo oscuro Comocoñosellame. Y incluso vuelvo sana y salva sin un rasguño

-Precisamente eso es lo que le preocupa al Archilector allá en Altdorf. Que vuelvas sana y salva. Verás… últimamente tu comportamiento, más que parecerse al de una inquisidora restrictiva y férrea se asemeja más a lo propio de las put…

-Cabe recordarle, general, que antes de ser inquisidora era…

-¡No lo menciones!

-Vale, vale

-A ver…creo, personalmente, que el archilector quiere librarse de ti

-¡¿Cómo?!

-Claro, tus últimas misiones han hecho que pierda la confianza en ti. Y te quiere sustituir. Así que o encuentras una nueva misión para subir tus méritos, o el Archilector te desnudará enterita y te lanzará a los perros de presa del asilo a pasar tus infinitos ratos libres, aunque conociéndote eso seguro te gustaría

-Ay, que bien me conoce el maestrilloooooooo

-(“Suspiro”) Yo tan solo quiero augurarte un futuro, pero tu comportamiento choca con mi fidelidad a Sigmar, y por muy aprendiza mio que seas mi fe es superior a cualquier mujer, y….espera, ¿Qué es ese papel que llevas ahí?

-¿Esto? Lo gané… trabajando…

-Si, y yo soy un elfo Silvano, no te jode…Anda… ¡Si esto es un mapa! Y al lado hay un objeto… mmm… parece un huevo con forma ovalada… un huevo negro…

-Tu sí que los tienes…

-Mira ¿Sabes que? Ahora por graciosa te asignaré esta misión

-¿La misión? Que tengo que hacer?

-Tendrás que encontrar este huevo, que al parecer ser se halla en la fortaleza

-¿Una fortaleza?¿De qué reino es? ¿Humanos? ¿Orcos? ¿Goblins? ¿Hombres rata? ¿Hombres bestia? ¿Hombres-hombres?

-No, no, no…jejeje….es una fortaleza de…

-¡Coño! ¡Dejese ya de tanta puñetera intriga, que a mi estas cosas me la sudan!

-…FÍMIR…

-¿Fíque?

-FÍMIR…


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Dom Oct 16, 2011 2:29 pm

El pirata Darkreig miró a su alrededor. Estaba a punto de entrar en la corte del conde Sliscus junto a su líder, el gran Darkrai. Muchos años llevaban ya sportando el yugo de la sociedad eldar y ahora por fin podrían librase de dicho yugo, y todo gracias a Sliscus. Con su ayuda Darkrai se convertiría en el más afamado lugarteniente de los piratas eldars y obtendría la gloria absoluta. Lo que Darkrai no sabía era que Darkreig tenía pensado arrebatarle el poder una vez hubiera llegado a la cima, y a lo mejor incluso conquistar Commorragh y los mundos astronave. Pero de momento todas esas cosas no eran más que cuentos infantiles y leyendas imaginarias, ambos eran conscientes de que para llevar a cabo sus planes de futuro tendría que pasar por un escalofón que ambos esperaban que fuera lo más breve posible, el escalofón de Sliscus. Ahora estaban en una de las astronaves que el pirata robó en su día a aquellos estúpidos arcontes durante la guerra civil, esperando de pie sobre una superficie llana y lisa que ayudaba bastante a correr ya que los pies se deslizaban cn facilidad, un suelo repleto de signos esotéricos relacionados con la Caída y con Asdrúval, además de manchas de sangre tanto secas como frescas que otorgaban al ambiente cierto hedor de cadáver desagradable para cualquier fosa nasal, fuera de la raza que fuera. El suelo terminaba en aquella puerta cerrada, una puerta bastante simple y gótica, toalmente negra con brillos `plateados en sus bordes curvos de goticidad y siniestridad amenzanates para cualquier visitante, voluntario o no. Los dos eldars oscuros, embutidos en vestiduras de guerra, no se amilanaron y se pusieron detrás de la guardia Callicera, simples piratas experimentados en miles de batallas.

Mira que años pasaron había desde que abandonaron el refugio materno de sus mundos astronave, convirtiendose en forajidos, buscando miles de batallas de cuyos nombres no querían acordarse y afrontando peligros importantes e inombrables en cuaquier idioma conocido, todo ello con el fin de vivir aventuras, buscar fama, dinero y vivir la vida loca. Si, aquellos eran años muy bonitas, se creían los amos del mundo, nadie se oponía a ellos y todos se unían a la bandera negra con letras blancas que querían decir en la lengua eldar "Muerte", y otras cosas de lo más variopintas como el pincho de cabezas humanas que Darkrai llevaba a sus espaldas como desafío a los ignorantes humanos. Sí, mira que habían vivido muchas cosas, pero hacer tratos con eldars nunca había entrado en sus planes ni de coña. Se habían aliado con eldars de Ynneagus, con humanos, con exoditas, con arlequines, pero nunca con piratas, y encima estos eran piratas eldars oscuros. Incomprensible.

La puerta se abrió.

Darkrai miró a Darkreig y Darkreig miró a Darkrai, intercambindo sendas profundas miradas que decían mas que mil palabras humanas. Debido a sus años pasando con los humanos habían adquirido ciertas costumbres de dicha raza estúpida, como la de tragar saliva, costumbre que ahora Darkreig cumplía con todo rigor, o morderse una uña, otra costumbre de la que Darkrai no denegaba. Y es que ver el trono de Sliscus resultaba en todo sentido bastante inquietante.

La sala era totalmente redonda menos en lo que a la puerta se refería. En el centro un muerto eldar había tumbado, carente de vida y atravesado por alguna espada, y delante del cadáver habían unas escaleras, al pie de las cuales se hallaba la guardia de Sliscus envuelta en sombras eternas, atenta a cualqier señal de peligro para acudir en ayuda de su despótico líder y salvarlo de cualquier peligro relacionado con el peligro no saludable para la salud eldar tan frágil. Siguiendo las escaleras habían tres kymeras de colro rojo carmesíe enseñando sus imponentes fauces a cualquiera lo bastante estúpido como para acercarse a su señor e ilídico amo ayudados en cierta parte por el señor de las bestias y su látigo que a su vez estaba ayudado por Sliscus y su latigo. Siguiendo los escalones se hallaban tres concubinas, esclavas que curiosamente eran de la raza denominada como tau, vestidas en harapos propios de las esclavas y con un manjar de frutas exóticas envenenadas que dar a su amo y señor, el cual se hallaba sentado en un trono de color rosa.

Sliscus daba ya a primera vista la impresión de ser de todo menos un blandengue. Su piel era totalmente tránslucida, y sus ropajes hoy estaban compuestos por piel de lobo blanco con unos guantes grises a juego y una armadura de un color a veces blanco y a veces gris, dependiendo. Y el rostro desafiente del propio Sliscus apuntaba altivo hacia los invitados. Darkreig volvió a ttragar saliva y tomó la iniciativa antes de que su compañero lo hiciera:

-¿Por que nos has hecho esperar?- Darkrai se sorprendió de la impetuosidad de su alegado y miró un tanto asustado al pirata eldar, esperando la reacción de La Serpiente mientras se llevaba la mano a la espada. Esos malditos humanos y sus costumbres...

-¿Que pasa? ¿Quereis estar siempre en mi presencia para compensar mi retraso debido a unas péridas economicas que acabo de sufrir? Por que os puedo cortar las cabezas y ponerlas de pomo, que esa maldita puerta necesita pomos... o incluso puedo utilizar vuestras propias pieles de abrigo, si así lo precisais...- Una sonrisa se dibujó en el rostro del oscuro. Darkreig, que no sabía si la amenaza iba o no en serio, decidió fruncir el ceño. Darkrai retomó el liderazgo perdido

-No hemos venido a pelearnos contigo sino precisamente todo lo contrario, hemos venido a hacerte una propuesta

-Habla- Ahora el pirata parecía aburrido, ya que bostezó serenamente, se repantingó en su asiento y se apoyó con la ayuda del brazo en el reposabrazos del trono, mirando a sus concubinas.

-Verás... Ultimamente se nos ha ocurrido interceptar mensajes de la inquisición...y nos hemos encontrado con una cosa bastante interesante...- Darkrai lanzó un holograma al suelo, y este se encendió, mostrando la imagen no muy nítida de un huevo con forma ovalada de color negro. La imagen tenía interferencias. Sliscus le hizo una señal a una de sus kymeras, azotó al señor de las bestias y este azotó a la kymera, lanzandola directa a coger con la boca el holgrama, sbir por las escaleras y depositar en la mano tránslucida de Sliscus el objeto, dejando babas en la mano. Sliscus se retiró con un gesto de repugnancia las babas y miró un tanto embelesado el holograma. Darkreig sonrió, ya que la segunda fase ya se había completado. La Serpiente estaba en el bote. Entonces Sliscus sonrió

-¿Que pasa con este objeto? ¿Donde está?

-Está en el planeta Toh...

-Con eso me basta. Adiós

-Pero...

-Adiós-Temerosos de represalias los piratas no se lo pensaron dos veces y dieron media vuelta

..............................................

-Señor, ¿Usted se ha creído algo de lo que han dicho? Son sus rivales directos en negocios, se quieren librar de usted. POsiblemente sea una trampa.

-¿Y esa evidencia la pones en duda? Al esclavo te vas

-No....No....NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

-Insolente... Bah, pero ultimamente me estoy aburriendo. Haya lo que haya en ese planeta debe de ser divertido....Vayamos ahí

................................................................

-Maldito seas, Darkrai, te lo dije, no iba a resultar

-¡Tú no tienes derecho a decir nada! ¡Solo eres un sodlado! Obedece y ya está

La cara de Darkreig ahora insinuaba que preguntaba que iban a hacer. Obviamente, primero de todo tenían que salir de la nave, y luego, por el gesto de asco que puso Darkreig adivinó con horror adonde iban a tener que ir ahora a buscar aliados...



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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Dom Oct 16, 2011 2:30 pm

Asphixious. Un nombre que nadie conoce. Un nombre perdido entre las brisas crueles del tiempo que olvida rápidamente. Un nombre antaño muerto que ahora, aunque entre las tertulias sigue sin ser mencionado, da mucho de qué hablar, ya que cualquier frase que vaya acompañada de este nombre es sinónimo de dudas a tutiplén. Y es que Asphixious no es un Rey Funerario normal, y sus propios camaradas en la corte lo miran por encima del hombro, creyéndose superiores a un Rey Funerario de lo más inusual… Ya para empezar está su aspecto. No muy lujoso: Un collar de oro azul y circular bordeando y adornando el cuello, una corona faraónica con la típica efigie de un cetro, vendas al lado de las mejillas, armadura de oro, , faja clásica con rebordes metálicos y detalles de oro, y unas sandalias en los pies. Y para explicar la psicología del susodicho personaje antes hay que echar un vistazo a su biografía trágica, un anal en las historias de Khemri que hasta el mismísimo Settra se niega a mencionar.

Resulkta que la historia de nuestro personaje empieza con el periodo después de Settra. Asphixious heredó la ciudad de Hamon- Jo- Ra por herencia familiar, y nada más ponerse al mano sus consejeros le aconsejaron con vehemencia que invadiera territorios y ampliara el territorio de su padre, para la gloria de Khemri y de su padre. Ante estas palabras lo único que el rey se dignó a decir fue que él no era ningún descerebrado. Para él cosas tan banales como los territorios o el poder o incluso los ejércitos no tenían importancia alguna ante dilemas filosóficos como por ejemplo asegurarse sobre qué había detrás de la muerte, o ocuparse del hambriento y fidedigno pueblo pobre. Aun así no era estúpido, y mantuvo por si los casos, y como reserva, alianzas férreas con el culto mortuorio, sin indagar demasiado en sus procesos, lo cual no impidió que los mantuviera a raya. Toda su vida la vivió en un abismo entre la felicidad obtenida por haber tenido un hijo, que aunque era vago e inútil, era un hijo, y por el otro lado confusión y desesperación por no saber encontrar solución alguna a sus dilemas existenciales, tan solo obtuvo polvo y arena. Y mientras tanto su reino iba reduciéndose cada vez más y más, conquistado por reyes furiosos y ávidos de poder, y las arcas del tesoro, en vez de destinar casi por completo sus recursos al mermado ejército o ser invertidos en templos descomunales o estatuas inútiles fueron destinados a bibliotecas, compendios de todo el conocimiento que había sobre cualquier problema moral que se planteara el rey.

A pesar de las circunstancias, el pueblo vivió feliz, hasta que un día el rey, desesperado, fue sujeto a todos los procesos de momificación y encerrado en su humilde pirámide junto al fiel ejército que, a pesar de ser escaso, guardaba fuerte cariño y lealtad al soberano. Luego, poco a poco, hubo una partición en la población: unos, liberados del yugo de la esclavitud, emigraron a Khemri, y otros, fieles aun al soberano, vivieron y murieron pacíficamente en la ciudad de Asphixious. Y todo fue así hasta el Despertar…

Cuando el rey despertó, al contrario que la mayoría de sus colegas no experimentó rabia absoluta y odio, sino que adoptó una nueva perspectiva sobre la vida y la muerte que esperaba que le diera más respuestas y menos preguntas. El resto de sus súbditos resucitó tal y como manda el protocolo en toda buena ciudad de Nehekhara, e incluso los habitantes de la ciudad resucitaron para aburrirse soberanamente. Ahora, actualmente, Asphixious se halla encerrado en sus aposentos, intentando dislucir soluciones a muchos de sus problemas mentales, y mientras el pueblo se aburre soberanamente…

……………………………………………………………………..

Henkrich el Nigromante De La Mala Sombra observó desde su privilegiada posición encima de una colina quejumbrosa la silueta oscura rodeada de niebla de la fortaleza de los fímir. La verdad, hasta ahora creía que la cosa sería fácil. Había leído sobre el Huevo Negro. Había levantado un ejército de no muertos desde sus sepulcrales tumbas del sórdido cementerio situado a pocas millas de Drakenhof, y había viajado expresamente desde Sylvania para llegar hasta ahí. Y ahora no sabía qué hacer.

Con un gesto modesto se limpió la túnica negra de polvo, y por arte de magia se volvió roja, o por lo menos un rojo oscuro apagado parecido al rojo. Luego pasó una de sus huesudas manos cadavéricas por el rostro aguileño, más concretamente para acariciar la barba estilo árabe que lucía con orgullo. Luego miró al centenar de esqueletos y zombis que mantenía con ayuda de un artefacto mágico poderoso con forma de calavera, y pensó que sus poderes estaban en auge.

Esta sensación hizo que volviera a los pensamientos del inicio, ya que seguía sin saber cómo penetrar la torre. De momento desharía el hechizo que mantenía a sus hordas no muertas bajo control y volvió de nuevo al carruaje negro y gótico donde su criado difunto lo esperaba para servir la cena. Esperaría tres semanas por si había algún atisbo de movimiento, y luego volvería a su mansión tétrica de Ostermark.

Miró el cadáver de su antiguo maestro vampiro y en tono de broma habló cómicamente a su maestro:

-Ser o no ser, esa es la cuestión


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Dom Oct 16, 2011 2:31 pm

El Shas’El Ka’Sorra miró de forma ceremonial y respetuosa el trono blanco de Aun’Fa. Ignoró la gran sala circular en la que se hallaba, simple y con y brillante, e ignoró también el trono blanco de detalles finos en el cual se sentaba el etéreo. Sus ojos iban solo para su líder espiritual, el representante del Bien Supremo, y a su largo bastón de mando rojo con bordes de oro, o por lo menos un metal de composición parecida. Tragó saliva ya no de forma ceremonial, y alzó la vista hacia la ilustre figura. A la mente se le vinieron imágenes del Bien Supremo, y de una raza unida en pos de un único objetivo: la iluminación. Ka’Sorra abrió su boca azul y empezó a hablar lentamente al etéreo, pero este lo interrumpió antes de que pudiera proferir sonido alguno:

-¿Dudas de algo, Shas’El? Puedes levantarte, no soy un dios- el etéreo sonrió. Un poco abrumado, el tau hizo caso y temblorosamente alzó sus pies del suelo e intentó mirar de igual a igual al que había dado la orden, aun así no lo consiguió- Te he hecho una pregunta…

-Señor… Aun’Fa… dudo de la operación que designó…

-¿Acaso dudas de tus soldados?

-No…dudo de…- el comandante no soltó un escupitajo a la sala por simple educación, sin embargo se quedó con las ganas- del Mont’ka…- Aun’Fa lo miró de forma extrañada y curiosa al mismo tiempo

-¿Dudas acaso de la operación?- Ka’Sorra se puso firmes de inmediato, y empezó a ponerse nervioso. Ahora miraba al suelo.

-No, señor, no dudo de que investigar la luna de Toh y apoderarnos de ella sea una mala idea… dudo de los miembros del Mont’ka…

-Mmm…- el etéreo se rascó la barbilla como si fuera un vulgar gues’la- ¿Podrias citarme el perfil de cada uno de los miembros del Mont’Ka que tenías la obligación de supervisar y no comandar, sino dirigir?

-Sí, señor…

El encargado de purificar el terreno con armas pesadas en nombre del Bien Supremo es un Hurulaxi, una especie de mercenario, con constitución parecida a la de los gue’la, solo que más grande y fuerte, además de una piel ligeramente azulada. Repito que se parece mucho a un gue’la. No sabemos de su nombre porque ni siquiera sabemos si tiene. Es un simple mercenario que usted mismo me mandó contratar en pos del Bien Supremo

En el grupo de cazadores se halla también un solitario taleriano, de nombre Goof. No quiso recibir ayuda de otros miembros de su raza, y desconfía de nosotros. Según análisis previos parece ser que le gusta pelear solo. Su físico es… parecido al de un perro, solo que posee escamas en vez de pelo, y tiene una inteligencia bastante tau. No puso muchos reparos en participar en el Mont’ Ka, ya que le tiene mucho odio al Imperio.

El grueso de la tripulación lo componen tres gue’sheas, guerreros de especto parecido a un sea (felino) que siempre están dispuestos a colaborar con la causa. Los especímenes tienen todos pelaje rojo, y son buens guerreros. Sus nombres, que son Gu’nei, Gu’yei y Gu’pei, nos hacen sugerir que son hermanos, no sé si tienen vínculos familiares, pero algo hay…

Hay también dos Gue’nagas en el cuerpo. Uno es de constitucióin fuerte, algo deficiente en inteligencia, pero efectivo en fuerza, además de escamas azules, y otro es de compostura más débil, pero más habilidoso y escamas de coloración variable que le permiten camuflarse. No se sabe si están emparentados con los slaani, es una de las tareas de investigación de la casta de tierra.

Hay también cierta rivalidad en el grupo. Verá, el Gran Kroot Pchikak accedió a representar a su pueblo en solitario, sin embargo su salvajismo choca violentamente con el Barghesti que ordenó explícitamente que contratáramos, ese tal Wolf. Mide dos metros, parece uno de esos animales que los gue’la de Fenris llevan muertos a sus espaldas, es efectivo en cuerpo a cuerpo, y bastante violento. Hemos tenido que mantener una pequeña celda de contención para contener su ira.

Y por último está un gue’la, un espécimen corriente y moliente, que aceptó entregarse al Bien Supremo de forma sumisa y voluntaria. Confiamos plenamente en el.

Luego la nave es tripulada por un par de Nicasar cuya función es meramente de pilotaje de la nave, y un tríuo de Shas’ui en armaduras XV25 de último modelo realizarán las tareas de exploración.

La operación es simple: observar, esperar a que los reek realicen su asalto sobre la base de los aliados de los gue’la, expulsar a los seres del planeta a ser posible sin bajas, y dejar que la casta de tierra investigue el planeta, y la tecnología de esos que llaman squats…

-¿Y? ¿Qué problema es el que inquieta tu mente?

-Ni…ninguno señor… ya hablaremos cuando se ejecute la operación…





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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Miér Nov 09, 2011 5:07 pm

ApuntaCosas Vlark agitó su cola escamosa de forma nerviosa, acarició sus manuscritos de forma ociosa hasta casi arañarlos, y miró de forma irritada a las puertas del consejo, al ihual que los otros once miembros del consejo. Bueno, lo bueno de que el general Hook se retrasara para variar era que por lo menos el escriba encargado de anotar en sus papiros todo lo que pasara en la sala no fuera el foco de atención de todos aquellos temibles señores de la guerra, en particular ese gusano apestoso de Oglock, que siempre estaba sugiriendo en varias formas de cocinarlo y comerlo, aunque fuera crudo, y Vlark no quería convertirse en la víctima de los apetitos culinarios de un ¿orco?, ni en la cena de Rorath, que aunque nunca decía nada con respecto a su persona, siempre lo miraba como si fuera una piojosa criadora, no-no, como si fuera un buen puñado de piedra bruja comestible. Menos mal que luego Vlark sacaba gran tajada de las operaciones y ¿Quién sabe? Tal vez incluso un día fuera el él que mirara de forma apetitosa a un escriba servicial, quien sabe… una buena puñalada siempre obra milagros…

Y justo, hablando del rey de Lustria, las puertas crujieron sonoramente para abrir paso al señor de la Ciudad de Ratas, el gran Hook, que por la sangre seca negra que tenía alrededor del hocico sugería que había vuelto a tener seguramente otra de sus “diversiones”… mientras que el no fuera el elegido de sus bromas todo iría bien-bien…

Recordando su deber, Vlark cogió con desgana su pluma de tinta de piedra bruja y empezó a escribir garabatos en el roído papiro que tenía entre garras. Ahora que Hook había llegado, ya estaban todos, y la reunión podía empezar. Esta vez ApuntaCosas rezó a la Gran Rata Cornuda por que el ritmo de la conversación fuera lento y fácilmente apuntable…

Antes de que el jefe chillara cualquier cosa, fue Rorath, el hombre rata con capa de cosas de cosas lagarto el que habló-chilló primero en forma de reprimenda, dirigiéndose con cierta osadía hacia su líder:

-Vuelves a llegar tarde, oh gran líder-general. ¿Por qué siempre eres el último?

Hook no pareció tomarse para nada bien esas palabras. Furioso por la insinuación, fue casi corriendo hacia el sitio donde estaba sentado el skaven, y le agarró de los hombros, con una mirada colérica en sus ojos. El resto de miembros del consejo se apartó de la puya, por si los casos. Vlark tomó nota en los papiros de todo lo que iba a pasar. La ya inmortal sonrisa que se dibujaba ahora en el rostro del anciano quería indicar que algo malo iba a pasar. Vlark observó también el detalle de que Katze, el vidente, cruzaba sus garras y observaba todo con cierta curiosidad, aunque también aburrimiento, como si todo aquello fuera inferior a su condición. Hook abrió de nuevo la boca, y esta vez nadie osó interrumpirle:

-¿El último? ¿El último? No soy el último. Tu vas a ser el último- Rorath tragó saliva y a punto estuvo de secretar el almizcle del miedo. Vanderone ya lo había hecho, a juzgar por el olor que había en el aire. Hook cogió en volandas a su subalterno, lo llevó a la puerta, le dio una patada en su trsero y lo echó de la reunión. A continuación cerró rápidamente las puertas. Momentos después las puertas crujieron, anunciando el retorno de Rrath. Inmediatamente Hook lo volvió a agarrar y a llevar a su respectivo asiento:

-Pero… Rorath… vaya vergüenza… ¿No te da vergüenza? Llegas- miró su reloj de forma desinteresada- llegas cinco segundos tarde. Vaya vergüenza. ¿Sabes que? A partir de ahora, para que no vuelvas a ser el último en llegar…- Hook sonrió y ató la pata posterior derecha de su lugarteniente al aposagarras de su silla-… nos aseguraremos de que seas sieeeeeempre el primero en llegar, y el último en… ¿salir? Bah, da igual…

Una vez hubo terminado con sus asuntillos, el capitán correteó de vuelta a su sitio, mientras el encadenado se esforzaba afanosamente por intentar desatarse de la silla, llegando incluso a hincar los dientes en la cadena de hierro oxidado, arañándola, pateándola, todo sin éxito. Mientras Skabscror vomitó infecto pus a las rodillas de Oglock. Este, malhumorado, cogió el morro del vomitador y restregó su cara por la mancha, intentando borrar la suciedad. Katrek, al lado, miró de forma contemplativa al cielo, como embobado, y dijo:

-Snoopy… ¿Eres tú?

Asqueados por la escena, los miembros de los cuatro clanes se hicieron los distraídos, esperando a que Hook volviera a su sitio y empezara diciendo algo. Katze seguía conservando su inicial postura, esperando algo, o alguien… Vanderone, que quería aprovechar la situación, empezó a contarle chistes a Rorath, diciéndole con pelos y señales lo que iba a hacer con su clan, sus propiedades y sus criadoras. Y, finalmente, el gobernador de la Ciudad de las Ratas aposentó su cuerpo plácidamente en la silla, no sin antes comprobar que no hubiera veneno en el respaldo o alguna cosa de por el estilo. Vlark anotó todo lo que pasara, aunque primero se frotó un poco sus ojeras, antes de seguir garabateando. Estaba cansado ya de escribir. Tal vez un día se convirtiera en un señor de la guerra, solo hacían falta influencias… de las cuales no carecía…

-Traigo nuevas-nuevas

Vanderone soltó un resoplido aburrido. ¿Nuevas-nuevas? ¿Algun barco abandonado? ¿Iban a cambiar por fin el nombre de la ciudad por uno que diera mas miedo-acojonara? ¿Acaso iba a haber movimiento de ejército? Vlark empezó a transcribir rápidamente. Fuesen cuales fuesen las nuevas-nuevas, pensaba sacar tajada y beneficios de cualquier operación que fuera a realizarse. La expectación de la sala quedó al final plenamente satisfecha por las siguientes palabras:

-Me voy-piro por unos cuantos días-tiempo

Ante la revelación de las nuevas-nuevas, Skabscror volvió a vomitar en su sitio, causando mas desagrado y fastidio en Oglock, con sus consiguientes consecuencias. Todos los miembros del clan abrieron sus hocicos como primera impresión, y un almizcle desagradable lleno el ambiente, un almizcle que Vlark podría haber jurado que se trataba de júbilo. Otra vez hubo otros momentos de incómodo silencio tan solo adornado por los latidos frenéticos de los señores de la guerra, y las babas del orco-skaven que caían sobre la mesa, con algunos tosidos provenientes de la masa apestosa que suponía Skabscror. Hasta Ktrek había dejado sus locuras para atender al desenlace de aquella situación. La pluma de polvo de disformidad estaba expectante. Finalmente fue Katze el que interrumpió el silencio con sus chillidos lastimosos en tono extranjero:

-¿Y adonde-cuando te vas-piras, chamaco-buey?

Hook, la víctima de la respuesta, bostezó un poco y llevó a su garganta canosa una botella de licor humano, ingiriendo su contenido con sonoras tragadas. Pasados algunos latidos dejó el recipiente en el suelo y contestó a la pregunta con sus propios chillidos, y de paso con una sonrisa siniestra:

-No importa-interesa. Me voy-piro.

Ahora fue Katrek el que habló-chilló, doblemente interesado. Katze se acariciaba sus cuernos cabrescos y escrutaba con una mirada imbuida de poder y curiosidad el rostro de su líder, como si estuviera buscando algo:

-Sea-sea lo que sea-sea, el amo-líder de alimañas-ratas, y dueño-gobernador necesitará guardaespaldas-soldados para su-nuestra futura-próxima voy-piro. ¿No querrá-gustará estar-quedar indefenso-desprotegido…verdad-mentira?

Vlark casi sonrió ante ese patético intento por parte de Katrek de hacerle la pelota-lamer culo a su líder, que miraba fijamente a su subordinado como si fuera un simple mendigo-pordiosero de calle, aunque desde luego las pintas las tenía. Oglock soltó un enorme eructo, se dio un par de puñetazos en el estómago, escupió al lado de Skabscror (que a todo esto estaba ocupado con un ataque repentino de tosidos que le había entrado) y alzó su mano verde oscura para hablar, lanzando a Katrek una mirada despectiva:

-Tonteríaz-pamplinaz. Zu señor-líder eztara-quedara maz seguro-defenzo con miz guardaespaldasz-zoldadoz. Katrek no zeria capaz ni de proteger zu culo peludo.

Ante esta ofensa a su ¿dignidad? Katrek casi tiró su silla al levantarse para protestar ante las acusaciones de Oglock, acariciando su preciada bomba de las cosas-con-barba y soltando espuma por la boca:

-Dímelo a la cara, moco verde-apestoso

-¿Cómo?

Ahora fue Skabcror el que emitió algo parecido a unos chillidos entre sus tosidos y constantes estornudos, como si le costara hablar:

-Ton “tosido” tonterías. Yo “estornudo” solo ”tosido” “tosido” yo “tosido” sacri ”tosido”fico mi “tosido” cola “tosido” trasera “más tosidos” para defender al insigne Hook-líder “tosido” “tosido” “estornudo” “ostia de Oglock”

Entonces a Vlark casi se le cae su pluma cuando se dio cuenta de que estaba pasando en aquella sala. A los señores de la guerra les importaba tres pimientos lo que le pasara a Hook… no, si que les importaba, pero según el creía, no les interesaba para nada que Hook llegara a buen puerto, sino más bien que tuviera “accidentes”. Pensó en decírselo a su amo, pero al cabo de unos latidos se dio cuenta de que Hook no era que digamos un skaven plenamente influenciable. En cambio, si subía al poder algún otro skaven más influenciable, como por ejemplo Oglock, el status social de Vlark subiría como la espuma de los gritos desesperados de una marabunta de esclavos al morir víctimas de dulces torturas. Sería mejor seguir esperando a que cariz tomaban los acontecimientos, y mientras tanto, apuntar algo en esos papiros roídos. Su temporal líder volvió a sonreír y a chillar-hablar, ordenando así a sus generales-lameculos silencio absoluto y total excepto por la pluma del escriba al rasgar violentamente el papel.

-NO va-viene nadie-alguien conmigo-nosotros. Me voy-piro yo solo… no necesito-solicito vuestra…”ayuda-socorro”

Skabscror inspiró aire fuertemente, como si se tratara de la respiración de una rata ogro vieja y corrompida, y habló seguidamente sin conceder ni el más mínimo latido a cualquier tosido-estornudo:

-¿Y quién-quien reinará-gobernará en vuestra-su ausencia-retiro?

Inmediatamente cundió el pánico en la sala, y el caos imperó por completo, ya uqe todos los skavens levantaron sus posaderas de las sillas casi al unísono para pelearse entre ellos. Todos menos Katze, que observaba pacientemente el transcurso de todo, Rorath, que seguía intentando liberar su garra de la cadena que lo sujetaba a la silla, y Hook, quien tenía sus garras fuertemente ancladas en su botella de licor humano, bebiéndola a grandes tragos. ApuntaCosas no se molestó en apuntar lo más mínimo, y sonrió por el alivio que suponía que su trabajo se viera interrumpido. Lo único que anotó fue “arduas discusiones-debates en la sala-consejo”. Una vez hubo terminado de beber, Hook estrelló su botella contra el tablero, e impuso de nuevo el condenado silencio a chillidos fuertes:

-Los que gobernarán-mandarán en mi ausencia-retiro serán tres: Skabscror…- un sonido de asquerosos vómitos sugirió que el recién mencionado estaba vomitando de alegría- …Katrek…- al oír su nobre en la lista el skaven juntó sus manos de júbilo y le sacó la lengua burlonamente a Vanderone- …y…el elegido para recibir el premio del liderazgo es…¡Saco de mierda!(saco de mierda es el mote que Hook le tiene puesto a Koldred)- No hubo aplausos. No hubo felicidad. Tan solo rabia incomprendida. Oglock se plantó delante de Hook para protestar.

-Pero… pero zi ni zikiera ez del consejo. ¡Ez una alimaña-lameculos k zolo mereze morir-morir!- Ante la sugerencia de muertes vanderone rascó sus colmillos un tanto satisfecho y esperó a que Hook le diera la inevitable orden. Sin embargo, lo que hizo fue dirigirse a Oglock

-Tú no mereces nada-nada. Tu eres-serás por siempre miserable-despreciable alimaña que ni siquiera puede-consigue…- El pirata hizo un gesto obsceno con su garra que hacía mención al acto del coito. Rabioso por la insinuación, Oglock se mordió los labios y a punto estuvo de alzar su puño, pero al final contuvo su mano para dar a su espalda la vuelta y mirar coléricamente a Rotcív, el científico loco. Este puso correteó un poco para poner un par de skavens de distancia entre él y su “cliente”. Furioso, el orco volvió a dar la espalda para salir por la puerta, rumiando para si algunas cosas. Satisfecho ampliamente por la conclusión del debate, Hook salió seguidamente por la puerta, y uno a uno todos los generales salieron también por la puerta desvencijada. El escriba fue el último en salir, después de anotarlo todo en sus papiros y pensar en cómo sacar tajada de la situación. En la sala solo quedó Rorath, que seguía en sus devaneos y esfuerzos por romper la cerradura.

…………………………………………………………………………….

Kamikaze Barra Doce ordenó a sus fieles servidores que soltaran las amarras del barco. Luego, espetó a gritos a otros siervos que azotaran a los esclavos para que estos remaran vehementemente. Entre quejidos y forcejeos, finalmente el buque insignia del capitán Hook se hizo a la mar. Kamikaze estaba la mar de contento. El capitán Hook le había dado el mando de su bien mas preciado, el Perdición, y encima, por si alguien quería sobornarle para algun “accidente” estaba reposando en el camarote. No cabía duda que tarde o temprano Kamikaze le haría una “visita”, para ver que tal estaba…

Lo que si que le asqueaba y extrañaba al mismo tiempo era el mal estado de la nave. Ciertamente, parecía más bien una rapiña de hace pocos días, poco más que chatarra flotante pintada de negro que mas que inspirar miedo inspiraría risas en sus enemigos. Desde luego pensaba quejarse a Hook por el mal estado del barco que mandaba. No quería ser el hazmerreir de sus superiores, por no hablar de las consecuencias de un impacto de bala de cañón en el casco del barco…

Se frotó nervioso su pelaje tintado de rojo, y cogió su incensario, dispuesto a pedir cuentas a alguien… Poco a poco subió por las escaleras, mientras que el barco abandonaba ya el puerto y se adentraba justo casi en la salida cóncava de la isla, rodeada por estrechos y afilados acantilados. La luz del Sol cegó a lso remeros, que intentaban hacer lo que podían por remar lo más rápido posible antes de morir agotados por el esfuerzo y los crueles latigazos. Gruñendo para si, Kamikaze pro fin subió los escalones que daban a las puertas oxidadas del camarote. Con un golpe de incensario rompió las puertas y entró furioso en la sala, mientras planes de poder sobre miles de congéneres se gestaban en su cabeza rátida. Tan solo había algo que no iba del todo bien. No había nadie en aquella habitación vacía y oscura. Tan solo sonaba como una especie de murmullo algo parecido a un tic-tac, un rumor difuso y lejano cuyo significado Kamikaze tan solo pudo entender en el último momento.

KABOUUUUUUUUUUM

……………………………………….

En el puerto una figura oscura y sombría miró un objeto que devolvía destellos dorados en su regazo, y a continuación admiró embelesado el hongo enorme y amarillento que formó la sonora explosión del falso “Perdición”. Con una sonrisa en su rostro de roedor, Hook soltó una orden a una callejuela que daba al puerto y estaba aparentemente vacía. Siguiendo la orden, un objeto empezó a bajar por la calle, en dirección a las turbulentas aguas contaminadas del mar. El objeto fue alumbrado por la luz del lejano Sol, y se reveló como una especie de barco de artesanía imperial de proporciones inmensas, que era empujado por la calle gracias a una serie de ruedas que tenía, como si fuera un barco. El capitán skaven subió al barco gracias a una cuerda tendida desde arriba, y una vez subió, se acarició la cicatriz del rostro y miró como sus esclavos ponáin en funcionamiento el barco. No hacía falta decir nada porque los hombres rata sabían de su labor de p a pa, así que lo único que tuvo que hacer el pirata fue volarle la cabeza a un esclavo como recordatorio, y luego sentarse sobre su cadáver para observar como los plebeyos hacían rodar el barco, acercándose este cada vez más y más al puerto.

El barco en si tenía tres mástiles, con tres velas, estando la más grande en el centro. Luego, la superficie del barco constaba en una superficie plana llena de charcos de sangre seca negra, y luego el castillo de los camarotes, donde Hook reposaba. Los “súbterraneos del barco consistían en muchas habitaciones y guaridas, que Hook se sabía de memoria, y pro supuesto unas cámaras especiales dedicadas a los remeros esclavos, cercano además a la santa barbara, y también a la máquina de vapor que hacía que el barco fuera aun más rápido. Y el armamento de la nave consistía en seis cañones del clan Skyrre, y dos de las cosas hombre, por no hablar de todos los instrumentos de matanza que llevaría la tripulación, a excepción de los esclavos, y de Mata-Mata, la descomunal rata ogro cuya excepcionalmente terrorífica masa bastaba como arma.

Finalmente un grave impacto y temblequeo sugirió al skaven que el barco ya había llegado al mar, y ahora naegaba con rumbo hacia el Viejo Mundo. Mientras surcaba los mares y salía de la isla, Hook pensó en los tratos que acababa de hacer con la otra raza subterránea con la que compartían el suelo, los hombres topo.

Un escalofrío le recorrió la espalda. Al igual que los skavens con las ratas, los taplins o talpidins eran burdas imitaciones humanoides de los topos, compartiendo su ceguera física, pero ninguna más, ya que el viejo brujo topo había explotado astutamente sus puntos flacos y le había costado un montón convencerlos para transportar el objeto, sin embargo su enorme astucia y riqueza venció a las argucias de los habitantes de la enorme ciudad de Toppansk. Seguro que esos seres tan inferiores habían sido convencidos por alguno de los traidores del consejo. Al recordar el consejo, Hook sonrió, y pensó en que el plan iba a las mil maravillas. Tal vez no tendría que tirar el sombrero al suelo…

………………………………………………………………….

Las calles estaban vacías. O esa era por lo menos lo conclusión que de momento sacaba ApuntaCosas Vlark, que aun así seguía manteniendo un ojo puesto en las sombrías y siniestras calles envueltas en niebla verde. La Gran Rata Cornuda debía de haberle sonreído el día en el que el escriba encontró un barrio fantasma, sin skavens molestos que insistieran en poseer su gaznate. Inicialmente pensó en poseer algún guardaespaldas, pero sería bastante arriesgado, y no se fiaba de la volubilidad de un par de guardaespaldas. Aunque cuando adquiriera mas poder tenía pensado en comprarse una rata ogro como Torturador o Mata-Mata, solo que diez veces más grande y poderosa. Es más, podría comprar esas ratas ogro a sus respectivos dueños, ya que después de la reunión de hoy sin duda recibiría alguna visita…

Ahora tan solo quedaba sacar las llaves que le permitirían el acceso a su guardia, un rascacielos de veinte paradas de altura digno de un señor como él. Mientras buscaba entre sus cosas oyó una risa siniestra y esquizofrénica que hizo que perdiera los nervios y se le cayera todo al suelo, papiros incluidos. Vlark no prestó atención a los objetos caídos, ya que estaba bastante ocupado intentando secretar el almizcle del miedo y escudriñar las sombras de la calle. La risa volvió a sonar, una risa propia de un esclavo que hubiese ingerido enormes cantidades de piedra bruja, una risa sardónica de las que tan solo aparecían en las peores pesadillas. Sin duda alguna, fuera quien fuera el reidor, era alguien bastante temible, o bastante loco, como para poder hacer miles de maravillas con su gaznate. Acarició su cuello y esta vez el interés por encontrar las llaves aumentó enormemente. Después de indagar entre sus cosas minuciosamente, al final encontró una llave roída y oxidada. Rápidamente se levantó, solo para llevarse el segundo susto de toda su vida (el primero fue cuando nació)…

Tenía un skaven delante suya obstaculizando cualquier retirada hacia la puerta. Pero no era un skaven cualquiera. No, este era de lo más extravagante. Tenía su piel totalmente blanca como la nieve, y los rebordes del hocico eran rojos, además de que el pelo, contando la gran melena que sobresalía en su nuca, era totalmente verde como la piedra bruja. Sus ojos tenían un reborde negro, y sus ropajes, morados y , por raro que pareciera, elegantes, contrastaban con la pinta de payaso que tenía. Desde luego, parecía sacado de alguna pesadilla horrorosa de las que provocaba el clan Sommnus. El skaven profirió un sonido, y ApuntaCosas contemplo con cierto horror que se trataba del que se había reído antes. Cuando hubo parado de reír, y ApuntaCosas de secretar el almizcle del miedo, el skaven empezó a hablar:

-Una ratita iba por la esquina… ¿Cuál es el lugar más seguro para ella?

Vlark, confuso, se levantó, y empezó a intuir el rumbo de la conversación. Interrogó al payaso:

-¿Qué quieres?

-¿Qué que quiero? Lo mismo que tu: información…

-¿Por cuánto?

-Toma- lanzó un saco piojoso al suelo- El resto será tuyo si me enseñas donde tienes el acta…-Inmediatamente, Vlark se lanzó a por él saquito, y contó una por una todas las piezas de piedra bruja que había. Iba a proponer una oferta mayor pero quería librarse del desconocido cuanto antes, así que enseño los papeles que tenía a sus espaldas. Acto seguido, el payaso sacó un cuchillo, lo clavó en el gaznate de Vlark, y se hizo con los papeles. Vlark gritó, pero no había nadie para escucharle… Mientras, el payaso veía lo escrito y se descojonaba de lo lindo…



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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Miér Nov 09, 2011 5:07 pm

Diario de la Inquisidora Isabella M41 936955

El viaje está transcurriendo sin ningún tipo de incidente a destacar. Hasta hace unos pocos días, había problemas con unas provisiones a cada minuto más mermada. La tripulación sugería parar en algún planeta, sugerencia que yo solo aceptaría si es para dejar abandonado a algún que otro tripulante… La tensión a bordo aumentaba a medida que las provisiones disminuían, y la situación pintaba cada vez más chunga. Ibamos camino del motín.

Por lo menos el que no haría ningún motín sería el squat, ya que después del incidente con los sucios xenos, consideré correctamente que habíamos sido víctimas de una traición por parte del piloto, así que decidí personalmente clavar al squat con tornillos al rojo vivo en la silla metálica, y hacer que siempre hubiera una tripulanta de confianza vigilando al apestoso traidor. He considerado mucho sobre el sí debería haberlo matado de un solo pistoletazo de mi fiel pistola, pero al final he llegado a la conclusión de que morir por algo así sería una muerte demasiado digna para esa rata apestosa. No, tiene que sufrir, implorar por que acabe con su vida, darse cuenta de que está perdido y de quien es el verdadero señor de todo. Y cuando me implore por el Emperador que le de la redención, yo lo redenciaré gustosamente de un plegarioso BANG. Buen plan.

Y también estaba el problema de los soniditos. Oí que Schawezztann tiritaba en el pasillo, susurrando a Gargo algo sobre unos ruidos que interrumpían su velada. Venían de la despensa. Como Gargo estaba fumando de uno de sus cigarritos, interrumpí súbitamente la conversación sacudiéndole a Gargo un puñetazo en la jeta, consiguiendo de por si el ya inimitable hecho de conseguir que por primera vez en la historia de la humanidad un humano se tragara su propio cigarrillo, dientes incluidos.

Pero lo de los ruidillos me dejó preocupada, así que decidí enviar a Schawezztann a investigar a las despensas, ya que parecía un experto en el tema. Así pues, el guerrero de Catachán entró en el compartimento sorbido y oscuro, pasando a la sombra de enormes contenedores vacíos, mientras yo esperaba en la puerta, pistola en mano, y Gargo delante.

Lo que pasó en la estancia tan solo lo sé tras análisis e investigaciones posteriores. Al parecer ser, el catachaniano recorrió varias veces la sala, hasta dejar agotados mis pies (y mi paciencia) cuando volvió a oír el extraño sonido. Sonaba como una especie de objeto orgánico rozando contra otro objeto metálico. Clis, clas. Aferró el gatillo con fuerza. Clis, clas. Empezó a castañear. Trrrrr Clis,clas. Gotas de sudor cayeron lentamente al suelo, y el sonido reverberaba ahora por la sala. Trrr cho chop chop Clis, clas. Schawezztann, guerrero supuestamente vetrano, apuntó con su rifle láser a la oscuridad reciente. Trrrr cho, cho, chop, chop Clis,clas. Ojala hubiera estado ahí para saborear su miedo, ese miedo que me permite dormir por las noches cómoda y tranquila. Trrrr chop, chop, chop, chop, Clis,clas Glup. Pude oír una voz temblorosa preguntando al vacío. Trrrr chop, chop, chop,chop,chop,chop Clis,clas Glup -¿Hay alguien ahí? Grrrrr. Si, un gruñido cada vez más sobrecogedor me anunció que iba siendo hora de patear el culo a Gargo. Para reforzar a su compañero. Los momentos de incertidumbre pasaban, cuando de la oscuridad salió un trastabillante humano aterrorizado de Catachan, apartándonos a un lado y corriendo pasillo abajo. Gargo iba a hacer lo mismo cuando decidió heroicamente romperse la rodilla y quedarse en el suelo a entretener lo que fuera que hubiera ahí mientras que yo, agradecida por el honorable gesto, me ponía a salvo en un sitio seguro. Nada tuvo que ver mi bota estampada contra su pie, lo juro.

Y entonces, cual xenos repugnante, salió un xenos repugnante de la oscuridad. Sus dos extremidades inferiores eran pezuñas de caballo, su caparazón azul oscuro resaltaba en la oscuridad, unas fauces rojas rugían de hambra, y cuatro garras se aproximaban a gran velocidad al heroico Gargo, que incomprensiblemente se arrastraba en dirección contraria, seguramente planeando alguna estrategia remilgada. Era un genestealer, uno de los estúpidos bichos más estúpidamente peligrosos de la galaxia, un bicho que no me gusta tener de compañía en un espacio cerrado si el inquisidor Kryptmannn no está de por medio para ser devorado, como ahora Gargo. Yo desenfundé la pistola y disparé, alumbrando las sombras momentáneamente. Fallé.

El genestealer, que llevaba una coloración que denotaba su origen proveniente de la flota enjambre Kraken, rugió con más fuerza, y arañó con una de sus garras a su presa, que por supuesto, gritó también. Un estallido (seguramente mío) de la pistola de Gargo (mío) hirió ligeramente al alienígena, haciéndolo retroceder por unos momentos y concediéndole el momento justo para escapar, lo suficientemente rápido como para que a mí se me ocurriera la idea de cerrarle la puerta en las narices.

Oí que a tripulación iba ya a nuestra posición, y el primero en llegar fue el kroot, que se abalanzó sobre el genestealer con un cuchillo en mano, lanzándolo al suelo. Mientras yo recargaba mi pistola, el kroot disparó su primitiva arma al xenos, sin demasiado éxito, ya que solo logró volarle un ojo. El genestealer, furioso, se levantó a la velocidad del rayo y acometió al kroot con tanta fuerza que, además de lanzarlo al suelo, también cayó junto a el, para intentar rematarlo una vez en el suelo.

Por un momento yo empecé a sumar dos más dos. Tenía una pistola cargada. Tenía a dos repugnantes alienígenas en la mira. Pam, pam. Dos pájaros de un tiro, o dos. Sería muy fácil, y libraría a la galaxia de una carga pesada, así que no dudé ni un momento en disparar y fallar un tiro precioso, que tan solo incapacitó un brazo al kroot.

Este, superado por los cuatro brazos enemigos, sacó su cuchillo, aguantó un par de zarpazos de su enemigo con expresión sufrida, y clavó un cuchillo primitivo en el costado de la coraza del tiránido, para después empujarlo lejos con sus piernas. Acto seguido ambos se levantaron de sus respectivas posiciones, examinando a ambos contrincantes con sendas miradas asesinas. Yo volví a apuntar con la pistola cuando se oyó un estallido y el genestealer cayó inerte al suelo. O´Neil disparó un par de veces más con su pistola al xenos, y aprovechó para incluso darle un par de patadas.

Como la situación ya estaba controlada, cogí mi pistola y apunté de nuevo. Apreté el gatillo y un chillido de dolor que aliviaría mis pesadillas sobre alienígenas me anunció que había impactado satisfactoriamente n la pierna derecha de O´Neil, que ahora volvía a su lugar natural, el suelo, para retorcerse. Ignoré las miradas estupefactas de la demás escoria de la nave y fui a la cabina, donde también disparé en la pierna derecha al squat. Cuando volvía al lugar de la ya pasada batalla, Beatrix, tan bella como siempre, interrumpió mi camino para hablarme:

-¿Por qué lo has disparado?-dijo, señalando la ya pasada cabina

-Por no ayudar

-….Y a él- señalo al rubito de mierda-¿Por qué lo has disparado?

-Por no ayudar bien

A continuación me dirigí al resto de la tripulación masculina de la nave, con mi mirada fija en el repugnante cadáver del repugnante xenos. Hablé con mi poderosa voz hecha ya desde mi nacimiento para la oratoria y los discursos inspiradores:

-A partir de este momento, las tripulantas, nos alimentaremos de la despensa, como corresponde. Vosotros…ya estáis servidos…

Como ya dije, el viaje transcurre sin ningún incidente a destacar. Por mí.



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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Miér Nov 09, 2011 5:08 pm

Seis no sabía cuánto tiempo llevaba ya al servicio de sus amos, los skavens. ¿Años? ¿Lustros? ¿Décadas? La cifra le era esquiva a la memoria. Por recordar no recordaba ni siquiera su pasado antes de ser esclavo, si es que alguna vez había dejado de serlo, tan solo sabía su nombre gracias a seis rayas grabadas a cuchillo en su antebrazo, seis rayas a las que no podía sonsacar significado alguno, tal como estaba trabajando siempre para los amos, intentando desesperadamente agarrarse a una vida pobre y lúgubre en demasía.

Como ahora, sumergido como estaba en las fétidas aguas marítimas del puerto, buscando alimento submarino para los amos junto a toda una miscelánea de esclavos igualmente de desesperados, buscando alimento para los amos. Apartó exasperado el cuerpo inmóvil de otro esclavo skaven con orificios en la cabeza que denotaban una muerte por el mosquete que portaba el Señor de los Esclavos en su bote de la superficie, y que no dudaba en accionar cada vez que un esclavo salía del agua con las manos vacías. Los que conseguían alimento subían al bote a dejarlo en una pila, y volvían a zambullirse en el agua opaca y negra a por más alimento para los amos.

Seis notó en sus pies unos débiles arañazos, así que no dudo en patalear alterado por los arañazos, hasta que estos fueron sustituidos por una leve caricia sepulcral. El esclavo no sabía que hacer ahora, y se le agotaba el tiempo. En toda su etapa de inmersión no había descubierto nada mínimamente comestible, y el aire se escapaba poco a poco en graciosas burbujas ascendentes. Nadó en dirección a un pececillo milimétrico escondido en los destrozados corales, al igual que otros tres “compañeros”, pero el pez anticipó la jugada y se retiró mar adentro rápidamente.

¿Qué haría? Cada vez había más cadáveres tapando en la superficie la luz del sol. Entonces vio a un humano con cadenas que metía el brazo entero por una cavidad de un arrecife, buscando afanosamente algo desconocido para los demás. Seis vio en aquel preciso instante su salvación…

…………………………………………………………………………..

Una vez completado el periodo de caza, el bote echó amarras en los siempre solitarios y silenciosamente lúgubres muelles, y la mermada columna de esclavos, dirigida por el Señor de los Esclavos, cargó en una carreta sucia el alimento recogido por hoy, arrastrándola por las calles de la tétrica ciudad, envuelta por niebla verde.

Seis sonrió. La carne del humano degollado había resultado placentera para el paladar de su amo, y este lo dejó unirse a la casta privilegiada de los supervivientes (privilegiada porque seguían viviendo) Ahora, mientras caminaban hacia el hogar empezó a oírse entre el grupo un tenue rumor misterioso, un rumor musitado solo por los esclavos, a escondidas del látigos del Señor de los Esclavos, un rumor sobre una palabra desconocida para nuestro héroe. La llamaban “revuelta”. La había oído ya unas cuantas veces en los últimos ratos, pero su insidioso resultado le era desconocido e incógnito, como el Sol ¿Qué sería?

Sus breves pensamientos fueron interrumpidos por un aleteo frenético. Clap Clap Clap. Seis alzó la vista y vio un murciélago de alas negras revoloteando jugosamente cerca del suelo. Nuestro capaz, heroico, fuerte héroe intentó saltar, pero tropezó con una piedra y dio de bruces con el suelo. Otro esclavo, que también se relamió con la lengua, rápidamente se encaramó sobre un camarada, dio un salto vertiginoso, y cogió al murciélago al vuelo, para después caer sobre un charco de barro, donde salpicó sin querer a los demás expectantes esclavos.

Estos miraron hambrientos al “cazador” y en apenas unas milésimas de segundo el esclavo con murciélago fue sustituido por una vorágine de seres ignomiosos y rabiosos, entre los que se contaba nuestro intrépido héroe. Trozos de carne despellejada saltaban por los aires. Enseguida el Señor de los Esclavos zanjó las disputas alimenticias con un par de latigazos, y para asegurarse de que no hubiera más jaleo, devoró con placer el murciélago muerto tiempo ha, ya que no quería comer basura.

La columna volvió a avanzar después del pequeño lapsus. Los vagabundos y skavens sin techo huían al paso de la columna, ya que cualquier descuidado podía unirse involuntariamente a las siempre crecientes filas de los condenados a una vida (si vivian) ignominiosa y patética. Sin embargo, algunos no pudieron huir, y el Señor de los Esclavos los añadió gustoso a sus propiedades. Varios de los reclutas resultaban ser unos skavens que caminaban con dificultades, flacos, rabiosos y hambrientos hombres rata que no paraban de alegar al mandamás que les dolía a horrores las tripas.

Los demás hicieron caso omiso de sus palabras y siguieron caminando forzosamente hasta llegar a un gran edificio rectangular de piedras erosionadas y maderas corroídas, con cuatro altas chimeneas en el tejado, de las cuales salía humo de todos los colores. Para entrar en la fábrica solo había una puerta flanqueada por alimañas con armadura de bronce, y por si los guardias no fueran suficiente disuasión de cualquier ataque, si lo serían los gritos débiles de sufrimiento que se oían a varias leguas a la redonda, o un hedor pestilente de mayor alcance aun. En los alrededores de la fábrica de los esclavos no había una sola alma, y con razón. Nadie quería ver, oír u oler las temidas salas de producción de la ciudad.

Las alimañas dejaron entrar a los esclavos con más comida para las rugientes masas del populacho skaven. Entonces Seis se acercó al grupo de los nuevos reclutas. Estaba decidido a que, para ganar el favor de sus amos tendría que añadir a las despensas más comida, y precisamente los nuevos, débiles y quejicas, resultaban una fuente estupenda de poder, ingresos y supervivencia propia, no suya, por lo que no dudaba en que serían bien recibidos.

Pero antes de poder hacer nada vio que pasaba algo raro. Las barrigas de los reclutas brillaban de repente con un tenue resplandor verde, y sus cuerpos empezaban a hincharse de manera sospechosa. Justo antes de poder decir nada antes de explotar en un hongo explosivo perfecto, recordó cuanto tiempo llevaba al servicio de sus despóticos amos.

Seis días

BOOOUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUMMMMM

…………………………………………

La enorme explosión semicataclísmica iluminó la oscuridad reinante y apartó bruscamente la bruma durante breves momentos, antes de que el silencio volviese interrumpido su sólido reinado por chillidos cacofónicos de desesperación y el crepitar de llamas de todos los colores, intentando exitosamente destruir la quejumbrosa estructura de la factoría.

Una oscura forma erguida contemplaba los hechos apoyado en un bastón negro con pomo de plata. Con la otra garra sostenía en lo alto un vaso de madera con líquido translucido, un vaso observado melancolica y burlonamente por unos risueños ojos verdes. Estos elevaron la vista hacia el sombrero que taba su horizonte, y miraron de paso las características del cuerpo que habitaban: piel blanca, pelaje verde, y un traje del mismo color que el sombrero, morado, mirando todo el cuerpo, buscando alguna ceniza. Al, efectivamente, encontrar, sonrió de oreja a oreja y los ojos volvieron a mirar con un destello de la más pura e infantil diversión a las figuras llameantes que salían de la fábrica pidiendo auxilio no correspondido. Los ojos vieron que una de las figuras aullaba, corriendo desesperada hacia el Joker, el propietario de los ojos verdes.

-¿Qué pasa, quieres agua?- En la retaguardia del individuo sano una cola escamosa y perfumada de mal manera se agitó contenta. El skaven con pinta de payaso esperó expectante una respuesta satisfactoria. En forma de respuesta recibió algo parecido a un sí, por lo que el payaso se encogió de hombros y derramó el contenido del vaso sobre el quemado. Las llamas de su cara se apagaron, pero el sufrimiento no paró ahí, ya que el skaven siguió retorciéndose en el suelo, llevándose las garras a su piel, que empezaba a derretirse.

-¿Ey, que pasa, no te gusta la bebida? ¿Está usted quemado por su condición laboral? ¿Por su escasa y oprimente libertad? ¿Por sus anhelos de conseguir algo que obviament no conseguirá en toda su ratera vida? Pues no se preocupe, porque nosotros tenemos la solución: ¡Quemarlo vivo! Se librara usted de todas sus penurias y malvivires y los sustituirá pro por un agradable y pacífico limbo eterno, y todo ello, por el módico precio de su vida, más importes de cordura. ¡Ni siquiera tendrá que pagar impuestos! Conseguirá usted una variación trascendental desde su anticuado y demacrado aspecto que le asegurará prácticamente el entierro. No lo dude, cómprelo. Su cara no lo agradecerá, pero la mía si. (Aviso: efectos secundarios obvios y evidentes evidenciarán al sistema inmunológico una muerte lenta, tonta, y dolorosa, como un enano) Si tiene usted alguna queja, puede reclamarnos (Eso si, DESPUÉS del tratamiento)

Mientras de la fábrica seguían saliendo llamas vivas, el comediante se sumergió en la oscuridad, dejando así paso a unas horrendas criaturas humanoides. Como las monstruosidades eran carentes del sentido de la vista tenían que valerse del finísimo olfato de sus cuatro orificios nasales-respiratorios para oler el aire, y de paso, víctimas. Las criaturas iban desnudas (no hay nada digno de mencionar), enseñando así su piel azulada oscura y unas largas garras cosechaban todo lo que atrapaban, metiéndolo en grandes sacos a sus espaldas.

Algunas criaturas entraron en la llameante fábrica, y otras bien iban a los alrededores, capturando todo bicho, viviente o no, para sus misteriosos amos, todo era recolectado en los piojosos sacos de terciopelo, todo tenía el mismo fin y objetivo, un fin desconocido para todos los tímidos observadores de las lejanías. Uno de estos observadores no sabía cuál sería dicho incógnito objetivo, pero sabía a quién le interesaría la información. El vigilante, a lomos de una montura alada, volvió por donde había venido para dar parte a sus superiores por un módico precio…

…………………………………………………………………..



-Prezizamente kería hablar kon uztedez, pero no kon uzted

Antes de continuar la frase, Oglock aferró con fuerza la jarra de cerveza y la alzó para facilitar el acceso del líquido por su sedienta garganta. Cuando el contenido de la jarra hubo terminado, depositó brutalmente el vaso encima de la mesa, provocando que temblara por la brutal fuerza de su dueño, aunque no fue más que el preludio de un gutural eructo proveniente de la boca del medio-orco. Ante dicho sonido, el skaven que estaba delante de Oglock no pudo evitar hacer evidente su desprecio hacia “PielDestroza” con un meneo negativo de la piojosa bata descolorida de su ajada vestimenta. El patrón, indiferente, le echó un ojo a su visitante y se llevó la mano a la entrepierna, y al no encontrar nada se acordó con gran disgusto del motivo de la reunión. El visitante habló con una voz chillona desagradable para los oídos orcoides del skaven sentado en la silla.

-El gran señor-amo Nietsekarf lamentable-tristemente ocupado-atareado en otros-diferentes asuntos-planes. Yo ser su mensajero-segundo al mando.

Oglock escupió con desprecio al suelo al oír el nombre su malfactor. Luego miró al orco negro apoyado en la pared que no hiciera nada. Este orco no era un guardaespaldas cualquiera de su amo, que también. Tenía una estatura equiparable a la de su jefe, y estaba armado hasta los dientes con armas tan variopintas como la espada de un antiguo templario, o un par de hachas enanas, pasando por un puño de hierro aferrado a su puño. Llevaba botas pertenecientes a un comerciante extremadamente obeso en sus tiempos, e iba totalmente embutido en una armadura de color negro ceniza con placas de todas las razas. A sus espaldas llevaba su símbolo personal, un escudo que simbolizaba una cara grotesca y fea posiblemente de un orco. Los únicos detalles que rompían su silencio eran el entrechocar rítmico de las ruidosas placas rojas de los hombros, varios bufidos despreciativos, y de vez en cuando un raro chasquido que indicaba que Orkhunter Sesenta Y Cuatro, el lugarteniente del Señor Oglock el Horrible e estaba rascando aburrido su piel verde oscura. La orden de Oglock significaba de momento más aburrimiento. Solo de momento… El jefe gritó acalorado:

-¡Me da igual kien koño zeaz! ¡Kiero explikazionez!

El invitado pareció momentáneamente acobardado, pero luego, mientras retrocedía unos pasos por detrás de las dos alimañas guardaespaldas, se armó de valor, bbuscando rápidamente sin que nadie lo apercibiera rutas de escape (¡Un skaven es experto en eso!) y habló ligeramente postrado a su patrón:

-¿Explicaciones-xigencias? El glorioso clan Mind le proporcionó un gran cuerpo a la altura de su grandiosidad-piedad, oh, grande entre los grandes señores de los clanes, glorioso señor de la Piedad y Misericordia…

-¿Perfekto? ¿Perfekto?- cabreado por la mención, Oglock levantó sus posaderas de la silla y señaló así a Orkhunter que el momento de divertirse a costa del bien ajeno había llegado. Este, obediente a su jefe, salió torpemente de las sombras, con una ligera mueca burlona en su brutal rostro acorazado. Sacó un hacha arrojadiza de su espalda y celero como el rayo la lanzó a la cabeza rátida de uno de los guardaespaldas. La otra alimaña, ignorante del hecho, corrió con la alabrda entre las garras hacia el orco, presta a arremeter, pero Orkhunter cogió con una mano el arma y se la despojó despectivamente. Con otro gesto le dio un cabezazo al skaven, noqueándolo al instante. El mensajero del clan Mind corrió lo más que pudo hacia la puerta, no obstante en el último momento una pierna negra lo obligó a tropezarse y darse con el suelo, para verse despegado de el segundos después por una de las manos de Orkh. Este último descargó todo el peso de su puño sobre el estómago del hombre rata, doblándolo por la mitad., dejándolo en todo momento con vida suficiente como para oír la balbuceante respuesta de Oglock el Horrible:

-¡Me donazteiz-dizteis un cuerpo defektuozo-malo! ¡No me dijizteiz k eztoz mizerablez (señalo a su ayudante) no tienen sexo! ¡En loz doz zentidoz! ¡No tengo ya a “cozita”! (empezó a sollozar) ¡Ya no puedo mirar a mi kriadora (señalo un bulto enorme en el suelo) zin zentirme kulpable! ¡Ni zikiera puedo tener ijoz k matar! ¡Ezte cuerpo ez una mierda!

Entre sollozos y lamentos, el miembro del consejo de la cuidad miró al objeto de su ira totalmente justificada. Durante unos segundos consideró enviarlo de vuelta con sus amos para retransmitir el mensaje, pero finalmente decidió rodear la mesa, ir hacia el skaven, sacar un hacha de sus pertrechos y clavarla salvajemente en la cabeza rátida al son de un grito de guerra (¡Al fin y al cabo era un orco!) Acto seguido arrojó el cadáver a las mugrientas calles y volvió a su mesa, cuando un repentino y violento sonido llegó a sus orificios auditivos, para después verse sacudido por una onda expansiva que lo sobresaltó sobremanera e hizo caer al suelo algunos objetos. Oglock echó un vistazo por un agujero de la pared que daba a la ciudad (se encontraban en un tercer piso), ojo avizor a su “mayordomo” (¡Al fin y al cabo era skaven!)En algún punto de la ciudad había llamas. Llamas de…algo que se estaba quemando, sin duda alguna. Oglock vociferó a su segundo sin despegar la mirada del agujero:

-Rápido-rápido, di a loz inutilez k vayan a investigar ¡Vamoz! ¡No kiero veroz!

Una vez estuvo fuera el orco de verdad, Oglock retornó sus posaderas a su lugar legítimo y suspiró cansado. Con un gruñido de malestar cogió la jarra de cerveza por el asa y puso los rebordes en contacto con sus labios verdes. Sin embargo, tuvo que dejar otra vez la jarra en la mesa escupiendo asqueado, a que el contenido del vaso se componía de grava. Después de escupir al suelo, reparó en una fila columna de polvo que caía metódicamente sobre la jarra. El polvo provenía del techo, el cual sufría en aquellos precisos instantes severos temblores. Acto seguido el techo de la habitación se derrumbó, y con un gran estruendo varios cascotes y escombros cayeron delante de la mesa, dejando en lo que quedaba del techo un bonito agujero circular. Aun así, Oglock tan solo tenía ojos para una figura de entre los escombros, que medía por lo menos el doble que el. Y lo que más le llamaba la atención era que la misteriosa sombra tenía unos ojos verdes malsanos devolviéndole la mirada.

Apenas tuvo tiempo Oglock de analizar más detalladamente al intruso, ya que este lanzó a su barbilla orcoide un conmocionador gancho cuyo puño atravesó fácilmente la mesa, lo impacto en plena barbilla y lo hizo salir por los aires de la silla, chocando estruendosamente con la pared. La figura avanzó unos cuantos pasos tambaleantes hacia su víctima, mientras esta se revolvía patosamente en el suelo. Cuando el atacante se paró a pocos pasos de Oglock, este se levantó de repente con la mano cerrada en un puño verde, buscando y encontrando la garganta enemiga.

Dolido ligeramente por el impacto, el intruso retrocedió, llevándose las extremidades superiores a la zona afectada. Oglcok ya iba a terminar el contraataque sobre su enemigo cuando un par de enormes brazos lo agarraron del pecho, y lo lanzaron contra la pared. Ni siquiera tuvo tiempo Oglock de tocar el suelo, ya que los dos todopoderosos brazos estaban enroscados de nuevo en torno a su gaznate verde, lo cual no le impidió abrir la boca:

-¡Orkh! ¡Inútil! ¡Ahora zi k te kiero ver!

La acción consiguiente de la criatura fue echarlo para atrás, balanceando lentamente su enrome cuerpo orcoide como si fuera de juguete, y después de recular un poco el atacante estrelló a Oglock contra la pared una vez más, destrozando el débil granito y consiguiendo que Oglock tuviera una caída libre de quince metros hacia el suelo, cayendo sobre el toldo y bártulos de un timador-comerciante skaven.

El Horrible intentó sin éxito aplacar la confusión que enturbiaba todos sus sentidos. Sin éxito. Se tiró un pedo para comprobarlo. No, no podían ni oler. ¿Eran esos sus dientes? ¿Qué estaba pugnando por salir de su garganta? Urgía una retirada ¿Dónde coño estaba Orkhunter? Con un mareo impresionante en el cerebro, alzó la vista y vió a su aspirante a asesino, postrado ante el. Parecía una rata ogro. Tenía la cabeza tan escondida por vendajes viejos que lo único visible eran los dientes afilados como cuchillas y los ojos previamente mencionados. Para reafirmar su fortaleza, sus fuertes músculos desnudos estaban tensados, sin prestar atención a los harapos negros que envolvían su cuerpo monstruoso, ni a los restos de algo parecido a una capa que ondeaba con el fantasmal viento desde la jorobada espalda. Lo que si que ya no vio Oglock fueron una serie de cables repletos de líquido verde inyectados literalmente en la carne del corpulento monstruo.

Lo que sí que vio con terror fue un puño alzado que segundos después descargaría todo su peso sobre la cabeza de Oglock. Entonces, mientras sufría el daño sangriento del impacto, comprobó doblemente aterrorizado que su asesino quería matarlo a golpes. Ahora sí que urgía una retirada. Con la idea en mente, alzó un poco la cabeza y dejó salir por su garganta sangre, pus e inmundicias de todo tipo. Vamos, que le vomitó en la cara a la rata. Sin esperar a ver si la había cegado o no, huyó calle abajo, arrastrándose como podía con su único pie medianamente sano. Cuando volvió la vista atrás observó que su asesino le lanzaba ahora una mirada que denotaba cierta inteligencia aún más terrorífica que sus grotescos músculos, una inteligencia consciente, muy al contrario de las ratas ogro del clan Moulder.

“Mierda”. Soltó una maldición mental cuando su pie semi-sano se tropezó con una piedra dispuesta arteramente por seguramente uno de sus omniscientes enemigos que quería que se diera de bruces con el suelo a posta. Antes de que pudiera volver a levantarse, notó un peso oprimiéndole la espalda, y comprendió así que su perseguidor le había dado alcance muy fácilmente gracias a la dichosa piedra de los huevos que no tenía. A lo lejos pudo ver una panda de skavens ambulantes huyendo calle abajo hacia cualquier escondrijo lo suficientemente lejos del altercado, intentando alcanzar las protectoras sombras.

Un hacha intentó clavarse en el costado de la rata ogro, pero a medio camino cayó al suelo junto a una mano inerte verde. Ignorando el dolor, el orco negro antiguo propietario tanto de el hacha como de la mano golpeó el hombro de la rata ogro con un escudo oxidado. El orco negro aulló desafiante a su adversario, y este aprovechó el momento para arrancar con sus dientes una lengua verde, bífida y babosa. Otros dos orcos que iban detrás echaron a un lado al herido y acometieron, hachas en mano. Silenciosamente un par de brazos de hierro dieron un giro de ciento ochenta grados para romper cabezas, placas, y moral. Los orcos, acobardados, retrocedieron ante el ataque.

Aprovechando la distracción, el orco deslenguado clavó un cuchillo en la pierna que retenía en el suelo al jefe. Un aullido de dolor estratosférico anunció a Oglock que era el momento idóneo para arrastrarse hacia las benignas sombras, cosa que hizo gustosamente mientras oía a sus espaldas gritos de dolor de diferentes proveniencias. No volvió la mirada atrás para ver la proveniencia.

Ahora, tras la pequeña contienda, el minúsculo cerebro de Orkhunter transmitió la orden de empuñar la espada extemplaria y atacar. Lanzó un tajo vertical hacia el gigante. Atacar. La vieja espada templaria atravesó tan solo el aire, y un deje de contemplación anunció a Orkh que había fallado. Atacar.. La rata ogro le lanzó un buen zarpazo que lo envió varios metros en el aire hasta dar con el suelo. Atacar. Mientras se levantaba, el asesino soltó más zarpazos a los orcos semiheridos, acabando con los vasallos de Orkhunter, y una vez terminada la tarea, olisqueó el aire, en busca de su presa. Atacar. Ahora que estaba de espaldas, Orkhunter se benefició de la ocasión dada por Gorko (o Morko) y hendió su espada en la espalda, atravesando uno de los cables verdes, el cual quedó cortado en el aire, vertiendo líquido verde sobre el suelo, al igual que la sangre roja de la herida, una sangre semi-tranparente. Atacar.

Una expresión cercana al horror asomó en el grotesco rostro del monstruo cuando vio el cable cortado. Los músculos de la abominación empezaron a mostrar nervios tensados, los músculos empezaron a contraerse, y los ojos verdes tenían ahora la locura brillando dementemente, y la dueña de estos intentó desesperadamente sin éxito unir ambos trozos del cable. Orkh retrocedió extrañado al ver la inesperada metamorfosis del monstruo. Atacar, coño. En un abrir y cerrar de ojos el monstruoso skaven huyó hacia las sombras, desapareciendo tan misteriosamente como apareció.

Orkh miró perplejo la zona donde antes había estado su rival. ¿Atacar donde? Oglock entretanto consiguió arrastrarse fuera del campo de batalla para revisar sus heridas, que ya empezaban a cicatrizar. Entonces se dio cuenta de que no estaba solo. Enfrente había un bulto negro lleno de bártulos, una especie de saco de mierda andante. El bulto estaba riendo con voz de niña maltetada.

-¡Zaco de mierda!- dijo Oglock, reconociendo al instante a Koldred

-Creo que me debes un favor-favor, oh, el más verde de los verdes.

Oglock gruñó entre dientes y empezó a cerrar su mano en forma de puño.

-Te he salvado-rescatado

Furioso, Oglock fue hacia la alimaña, pero Koldred fue más rápido aun y correteo calle abajo a cuatro patas hasta desaparecer de la vista de cualquiera, huyendo de la furia orcoide. Al día siguiente, oficialmente constataría que el Gran e Incólume Koldred el Magnífico con la gracia de la mismísima Gran Rata Cornuda había salvado a su heraldo Oglock el Horrible de una muerte patética a manos de ratas mutantes enloquecidas del tamaño de un dedo meñique.


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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Miér Nov 09, 2011 5:09 pm

Diario de la inquisidora Isabella/14 de abril/01:03 horas terrestres/ 9019137k

Por fin he llegado a ese frigorífico planetario de putas que llaman Toh. Desde luego el viaje ha resultado ser de lo más movidito. Para asegurarme de que el asqueroso squat no nos volviera a traicionar, atornillé sus pies al asiento de piloto, y dejé que la humana comprobara que no fuéramos traicionados de nuevo.

El planeta, Toh, resulta de lo más inhóspito, cruel, frío, desagradable y feo, como un orko. Ya desde el espacio te está enseñando un cartel planetario que pone “Eh, tú, capullo, vente al prostíbulo”. Lo único que ven interesante los imbéciles (entiéndase por squats) a este planetucho del tres al cuarto son las valiosísimas minas de uranio, que no sé porque cojones tienen que ser unos impuros de mierda los que las controlen. El Emperador muy seguramente mira al suelo y llora cada vez que una de esas repugnantes excavadoras perfora el suelo helado de las cavernas cataclísmicas de uranio. Los squats están tan imbécilmente obsesionados con el uranio que han destrozado las principales zonas fértiles del planeta que han destruido el hábitat de esos pijos y amariconados eldars que según algunos biologuchos reciben la denominación de exoditas. Y una mierda. La basura espacial sigue siendo basura espacial, sean pijos amariconados con armaduras negras, o sean pijos amariconados con armaduras rojas. En eso tengo que admitir que los squats y yo estamos de acuerdo. En que los “eldars” solo sirven para escuchar confortado la sinfonía que suponen sus gritos de horror al ser torturados. Solo que yo en ese saco metería también a los squats, y de paso a los Antiguos, esos putos vagos de mierda…

Al parecer ser todavía quedan algunos de esos largiluchos sueltos por el “congelador”, y, cómo no, los imbéciles e los squats se han visto incapaces de echar a esos ridículos tubos de escape del planeta. Normal, ni siquiera son capaces de echar a las pulgas de sus barbas de mierda. Estoy segura de que tampoco son capaces de vencer a los buenos baños, si es que tienen una ligera noción de lo que significa higiene. Seguro que es una palabra prohibida ahí.

Al parecer, el centro neurálgico de ese vertedero que llaman Toh es una fortaleza squat a la que simplemente llaman “Perdición”. Ostia. Que original. Un poco más y a lo mejor le ponen un buen nombre. (todo sea dicho irónicamente) Al parecer, está el propietario de la fortaleza, una especie de procseneta de aliens, y está el Señor de la Guerra, que es como el de la fortaleza, pero con un grupo de putas, que para más inri la llaman hermandad, a las que arman con palitos de fuego en una burda imitación de un ejército. Seguro que los orkos lo hacen mejor… Y, por supuesto, me olvidaba de las estrellas de la sociedad de imbéciles, una especie de jubilados con varios años a la espalda que hacen lo que quieren con sus súbditos. Y digo yo ¿De que coño sirven tantos procsenetas si al final un gilipollas con la barba gris es el que te dice que debes hacer? (Por no hablar de que en teoría sus dignos mandatarios tendrían que ser la fe y confianza en el Emperador) No lo veo. Es como si yo obedeciera ciegamente las ordenes de un vejestorio medio muerto sentado en su silla dorada sin que este ni siquiera me de ordenes. Lo veo absurdo. Por el Emperador…

En la nave las cosas van bien. Eso sí, entonces, para cuidar de que el squat no quiera traicionarnos, lo he clavado en la silla con varios clavo, de tal manera que no pudiera moverse, cosa que, efectivamente, no hacía. Había pensado en dispararlo, pero entonces recapacité sobre dos inconvenientes cruciales que intervenían en el desarrollo del proceso: no quería gastar mi preciadísima munición en cualquier alimaña squat de cualquier tipo, y en que si lo mataba, que fuera delante de sus primos, para que así aprendieran. (Total, sabiendo la poca porción de mujeres que tienen seguro que son gays y todo…no me extrañaría nada…)

Obviamente hubo quejas. Yo ordene a la hija de Landernus que se quedara día y noche (metafóricamente hablando) en la cabina de pilotos, para llevar los controles de la “botella” y también para vigilar al traidor. Ante las quejas que empezó a pronunciar la tripulación, yo disparé al techo y ordené que cualquiera disconforme con mis mandatos pudiera apearse tranquilamente de la nave. Eso sí, en medio del espacio, no vamos a gastar valioso combustible en fruslerías. Según mi calendario, creo que la nave tardó un par de días desde que habíamos recibido el asalto de los xenos hasta q ue habíamos llegado a Toh, pasando obviamente por el incidente con el xenos inteligente. Pero luego en la superficie ya hubo problemas…

La nave empezó a agitarse. Ya habíamos entrado en la atmosfera del planeta, y la hija de Landernus se afanaba por intentar hacer oír su voz por el intercomunicador, intentando comunicarse con los squats. Yo tengo otras maneras de comunicarme, pero en algun lugar habrá que dormir… Entonces de inmediato, la nave sufrió graves sacudidas, moviéndose, mientras que los motores se esforzaban cual herejes en cámaras de gas por intentar sobreponerse al, suponía yo, rudo viento de Toh. No lo consiguieron (aunque el tren de aterrizaje fue sacado, tuvo que hacerse a mano), y un tremendo y semi-apocalíptico bandazo anunció que habíamos aterrizado en la superficie de Toh.

¿Qué había fuera? ¿Dónde estábamos? Mientras que los motores se calentaran, tarde o temprano alguien tendría que aventurarse al exterior para comprobar el terreno, peligroso o no. La tripulación se reunió en la sala de reuniones, formó en círculo, y empezó a manosear pajitas de papel. Yo me quedé viendo el proceso de pei en una esquina, e impaciente, todo no hay que decirlo. Pregunté que que hacían y Landernus me contestó entre tosidos que estaban echando a suertes el cargo de explorador temporal de la expedición, suertes en las que él desde luego no participaba. Yo dije que no haría falta, ya que la decisión estaba ya tomada, y saldría yo. Hubo alguna cara de sorpresa disimulada, y también de admiración. Antes de que contestaran, saqué mi pistola de su funda y apunté con los caññones del arma al rubito de mierda. Este me miró doblemente sorprendido, y yo ordené:

-Y tu vas delante.

Así pues, se abrió la escotilla al mundo exterior, y se plegaron automáticamente las escaleras mecánicas. La primera sensación de mi nueva aventura fue que hacía un frío de cojones, ni mas ni menos. Mientras mis palmas intentaban elevar la una a la otra las bajas temperatura que las habían emboscado, mis botas, más firmes, dieron una patada a John y lo lanzaron escaleras abajo, impactando contra el suelo entre quejidos y lloros. Llorica.

Yo me asomé un poco por la puerta, para ver si venía algún dichoso monstruo a devorar a ese estúpido imbécil, pero desafortunadamente de las frías estepas blancas no salió nada. Mi unidad de autodestrucción sirve a la vez para calentar mi cuerpo, por lo que apenas sentí el frío invernal de Toh, pero si el resto de la tripulación hubiera querido cerrar la puerta en aquel preciso instante, yo habría asentido encantada. Al alcance de la vista había toda una serie de apocalípticas montañas repletas de nieve blanca, aunque debido a que estaba nevando muy fuertemente tampoco se podía ver muy lejos. El primer indicio de vida inteligente (primero y único en toda mi estancia en este planeta por el momento) fue un aullido de algún animal, o, si había suerte, depredador. Mientras yo exploraba el terreno, Gargo y los servidores intentaban calentar los motores, o un proceso parecido sobre el cual no pienso explayarme, para poder largarnos de aquel inhóspito lugar que yo, comparado con lo que tengo ahora, no veía ni sobre todo veo ahora tan inhóspito.

Entonces oí que Beatrix tosía un poco, y yo, preocupada, me volví para ver a la pobre tosiendo. La pobrecilla debía de estar cogiendo un catarro con el frío que entraba. Tal vez hubiera sido mejor cerrar la puerta. En aquel instante. Luego, cuando volví la mirada a la puerta, me encontré con que John volvía a la nave arrastrándose por los suelos y pidiendo desesperadamente auxilio. Yo supuse indebidamente que se estaba postrando ante mí, pidiéndome misericordia y perdón por sus seguramente innumerables pecados en contra del Emperador, sin imaginarme en momento alguno que en realidad estaba huyendo desesperado de la furia de un xenos de la raza tiránida de la bioforma hormagante de la subespecie suputamadrantedeloscojones que se abalanzó aullando sobre mí, tirándome al suelo. Sus garra derecha superior intentaba arañar mi precioso brazo de metal, la izquierda apenas podía esquivarla con mi cabeza, sus garras más posteriores arañaban mi armadura de precisión y su aliento emanaba hacia mi boca, salpicándome con sus putas babas. Tuve que sacar un brazo para retener los esfuerzos de la otra garra, y con el brazo metálico intentaba sin éxito acertar a su escurridizo caparazón. Todavía tengo vívida la imagen de mi célula de autodestrucción activándose, explotándole en la cara a mi asesino, y ya de paso a esos estúpidos extractos de hombre. Entonces noté que los ojos del tiránido se ponían blancos, y toda fuerza o vida abandonó al cuerpo quitinoso, dejándome a mí levantarme. Cuando me levanté y me puse a limpiar mi esencia pura de inquisidora vi que el que había matado a mi futuro asesino había sido otro futuro asesino también xenos, el kroot, el cual devoraba el cadáver de su última víctima. Puagh. Repugnantemente familiar.

Los demás tripulantes habían cerrado de una vez la dichosa puerta (pero no como yo quería), pero ahora podían oírse aullidos de hambre tiránida aun desde la nave. Según lo que oíamos parecía ser que íbamos a ser anchoas en lata si la nave no despegaba. Las primeras sacudidas a la nave indicaron que los hormagantes no eran excesivamente estúpidos. Un chasquido de cristales nos indicó más intrusiones en la nave, así que mandé a Vermellon y a Krok a solucionar los problemas que hubiera. Schawezztann y los ratling apuntaron tensamente a la puerta. Yo sude un poco.

Faltaba, según los gritos de Gargo, un minuto para que la nave pudiera despegar. No teníamos un minuto. Un aullido de guerra alienígena correspondido por más aullidos alienígenas retumbaban en mis oídos. Vermellon lanzaba el antiguo grito de guerra de los Guerreros del Arco Iris acompasado por la estridencia del bólter. Ruido innecesario, y posible encautamiento de alguna de sus propiedades. No, desde luego se nos acababa el tiempo. Propuse usar las cápsulas de escape, pero Schawezztann me dijo que las habíamos usado todas. Me pregunto quién habrá sido el hijo de puta que las ha debido de usar, no espera, retracto lo escrito, Landernus tendrá que ser el culpable. Putos Rogue Traders.

Y entonces tuve una idea magnífica, digna de cualquiera de los Altos Señores de Terra. Fui a la cabina de pilotos. Agarré la silla donde estaba sentado el repugnante squat y la arrastré pasillo abajo hasta la puerta. Ordené a Schawezztann que abriera inmediatamente y una vez la puerta abierta me acordé de los antiguos. Resulta que antes eran tan estúpidos de no emplear sus tiempos de ocio en trabajo de fábricas. Dedicaban horas y horas y horas a visualizar una especie de juego de gladiadores, en el cual una veintena de mandamases planetarios chutaban con el pie una pelota ovalada. Lo llamaban fútbol, y era adorado tal y como es adorado el Emperador hoy en día(por lo menos por mi). Pues bien, esos antepasados deben sentirse orgullosos de que yo haya resucitado ese jeugo ancestral, solo que en vez de una pelota chuté un enano furioso en su silla, y en vez de portería había toda una progenie de hormagantes hambrientos. Gol.

Cerré la puerta inmediatamente. Los motores empezaron a rugir y por fin la nave se elevó en el cielo, libre de represalias. Yo no pude contener el impulso de sonreír. Toda la tripulación me miraba en un total y absoluto silencio, excepto por Vermellón, quien encogió sus gigantescos hombros y volvió tranquilo a su camarote. Yo también.

Comparado con el incidente el resto del viaje fue bastante corto. Por fin aterrizamos en una pista de aterrizaje de los squats reservado inicialmente a unas naves de víveres que hoy no alimentaran a nada. Nos recibió el comité de bienvenida, consistente en, si mal no recuerdo, el hijo del Señor de la Fortaleza y un par de piojosos guardaespaldas. El squat líder llevaba barba marrón, con retales blancos de nieve. Según pude ver por el equipamiento, aparte de una armadura pobremente manufacturada llevan pequeños abrigos insuficientes para abrigar una polla. Aunque, claro, si los últimos rumores relativos a los squats son ciertos…

El “embajador” habló:

-¿Qué hacéis aterrizando aquí? ¡Por los Ancestros! ¿Por qué no seguisteis las estipulaciones acordadas para el aterrizaje por radio? ¿Dónde está Thorek?

Como ví que se dirigía impíamente a Landernus, yo me puse en el lugar del viejo, empujándolo de su pequeño trono al suelo. Mientras los servidores y Beatrix levantaban al viejo, me dirigí como era debido al moco con pelos:

-Vamos a ver, microbio con pelos, a ver si te queda claro. A partir de ahora mando YO. Eso significa que todo es propiedad mía. La nave, la pista de aterrizaje, esta ridícula casa de prostitutas espaciales, TÚ. Si te digo que calles, te cortarás la boca. Si te digo que mames, más te vale chuparme la polla. Y si te digo que eres un microbio con pelos, escóndete de mi vista, o te aplastaré como a un miserable microbio. ¿Lo has entendido?

El squat retrocedió sorprendido. Luego me miró coléricamente, reculó un poco, y finalmente, cabizbajo, asintió muy levemente. Sus dientes se estrechaban entre si una y otra vez. Tiene frío. Marica. Acto seguido, le ordené que se callara, así que, obedeciendo a mi orden de antes, se arrancó la lengua y me la dio para que yo se la tirara a Krok, siendo tragada con gusto. A continuación le ordené que me llevara el solo cara a cara con el Señor de la Fortaleza, normalmente el líder de toda fortaleza alimaña. Los únicos que quisieron quedarse fueron Beatrix, Illasi y Landernus. Yo denegé la oferta al último, ofreciéndole algo mejor. Ser mi montura durante mi viaje a las estancias del Señor de la Fortaleza, llevándome sobre sus espaldas. Tiene lumbago, por cierto. Fuimos por una serie de laberínticos pasillos, repletos de cables y demás, pasillos mugrientos y putrefactos. Olía a rancio, y a squat, todavía peor.

Finalmente llegamos a una puerta redonda, con el símbolo de la fortaleza grabado en el centro de la puerta. Al parecer, para poder entrar hay que usar un complicado método de identificación de voz a gritos, un santo y seña que solo sabía casualmente la familia del Señor de la Fortaleza. Le dije al squat que abriera la puerta, pero él me señalo que no podía hablar, así que por desobediente desperdicie una bala de mi pistola en su cráneo.

Como no iba a tener fácil acceso, ordené a Schawezztann que pusiera una bomba en la puerta para abrirla. Nos alejamos un poco, ya que explota en seguida. Y justo cuando nos escondimos para ver que pasaba, la puerta se abrió. Apareció un squat joven en ella, y si mal no recuerdo dijo esto:

-¿Mande?

BOUUUUUUUUUUUUUMMMMM

Eso último lo dijo la bomba.

Y así entramos triunfalmente en la sala de mandos, con mi pistola en el aire. Hay que decir que la sala de mandos squat tal vez sea la única habitación en todo el planeta con algo de tecnología, si es que la tecnología ha adquirido la forma de botones sucios con años de tecleo y paneles de mando de la edad gótica llenos de polvo. Hoy solo había tres ayudantes para el Señor de la Fortaleza, un squat enano, uno mediano, y otro un tanto más alto. Todos miraban desde sus escondrijos mi paso triunfal, escondidos en improvisadas trincheras con las que se escudaban, manoseando patéticamente pistolas de baja manufactura. Sorprendentemente el único piojo que dio la cara fue el mismísimo Señor de la Fortaleza, con un martillo echado al hombro. Tenía una barba larga, mohína y gris, y me miraba con cierta pesadumbre a la cual yo no encuentro razón alguna. Su menester es servirme. El squat empezó a hablar.

Pero antes de que empezara la típica perorata de los viriles ancianos, yo le ordené silencio, dije que estaba muy cansada después del viaje agotador a través de los túneles (cuando dije eso oí unos quejidos fantasmagóricos. Necesitan un exorcista) y yo necesitaba descansar. El squat asintió silenciosamente. Yo busqué afanosamente y sin éxito durante un segundo algún lugar cómodo, cosa encomiable en aquel fétido lugar alejado de la mano del Emperador. Mientras, el kroot se sentó tan panchamente encima de un teclado, para gran incomodo de los squats. Me cae bien ese Krok. Ordené al squat enano que se pusiera en el centro de la sala. Luego ordené al squat mediano que se pusiera a un par de pasos de distancia por detrás del squat enano. Y posteriormente mandé al squat alto ponerse pegado al squat mediano. Yo senté mis posaderas en el squat mediano, apoyé mi espalda en el squat alto y con un suspiro de alivio puse mis botas encima de la cabeza del squat enano. Por fin. Por fin le he encontrado una utilidad a esta raza. Sofás imperiales. Lástima que los sofás vengan con piojos, pero me lo tomaré como un defecto de serie subsanable. Incluso tienen sonido ambiental (no así olor ambiental)

Acto seguido el Señor de la Fortaleza me preguntó amigablemente sobre en qué habitación querría yo estar, a lo cual yo le pregunté cuales eran en concreto sus aposentos. El squat, confuso, me dio la respuesta y yo le respondí a su vez que habían dejado de ser sus aposentos y que la habitación que yo supuestamente quería podía metérsela por el culo tan amigablemente. Faltaría mas. En estos momentos yo y mi tripulación de “confianza” nos hallamos en la mansión-fortaleza del Señor de la Fortaleza. Yo he aprovechado para mandar un mensaje al Adeptus Arbitres de Eniootat, pidiendo un detective del Adeptus Arbitres para que investigue ciertos asuntos en los cuales he podido reparar. Me temo ya de entrada que algo sucio se cuece en este planeta…


…………………………………………………………….

El Señor de la Fortaleza observó meditabundo el holograma del Señor de la Guerra, el cual transmitia su imagen desde varios años luz de distancia. Sin saber el porque de la convocación, el squat del holograma preguntó a su amigo que problemas acauciaban la mente del venerable anciano.

-No es problema, sino problemas, Señor. Nos encontramos frente a un problema interplanetario gravísimo. Los Ancetros Vivientes nunca nos advirtieron sobre esto. Los gremios no están preparados. Yo no estoy preparado.

-¿Cuáles son KRITZZZZKAK?

-¿Por donde empiezo? A, si. Los putos eldars siguen con su guerra de guerrillas han… (pausa) han vuelto a emboscar otra partida de mineros. Huyen entre las sombras sin que podamos hacer mucho. Los restos del tentáculo del a flota enjambre Kraken siguen acehando también desde las sombras, esperando el momento oportuno para atacar. Todos nuestros intentos de echarlos con nuestros recursos han sido en vano. Hemos tenido recientemente encuentros con esos apestosos del Caos. Los nuevos reclutas no se toman los ritos de iniciaciación a la hermandad en serio. Casi se diría que la única zona del planeta tranquila es la estación de la luna…

-Sin embargo hay algo aun más grave. Lo de los xenos y los traidores se puede solucinar fácilemente, ya que mi vuelta y la del éjercito será en breve, tal y como va avanzando la campaña. Dejate ya de tanta intriga y ve al grano.

-Mi hijo ha muerto

-KRATCHCLACKKK

-No, ha sido ningún xenos, ni ha sido ningún traidor. Ha sido un inquisidor

-KRIKKKKKK?

-Pero es que tu no lo entiendes. No es un inquisidor cualquiera. Es una inquisidora.

-GRRRRRPÑCHT

-Pero es que tu no lo entiendes. No es una inquisidora cualquiera. ¡Es la inquisidora Isabella!

-No…

-Si, hermano, es cierto. Ha venido indefinidamente al planeta. El Exterminatus se acerca…

-TTTTTKT

Entonces, de repente el Señor de la Fortaleza se levantó, con una idea en mente. Ahora estaba sonriendo y casi parecía más joven.

-Pero, espera… se me ha ocurrido una idea… ¿Y si…? ¿Y si a los reclutas rebeldes los amenazamos con que, si fallan en el deber, acompañaran a Isabella? Si… Además, tengo entendido que Isabella quiere hacer una expedición. ¡Podemos mandarla a las montañas! ¡Para que se ocupe ella misma de los tiránidos! Y si muere…¡Aun mejor! ¡Enviaran otro inquisidor

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Re: #1 · ▲¿Qué hacen dos mujeres, dos huevos y yo mismo?

Mensaje  Hraigh el Miér Nov 09, 2011 5:09 pm

(AVISO URGENTE-NOTA DEL AUTOR: El sigueinte fragmento que usted va a leer contiene elementos considerados ofensivos comunmente por la actual sociedad occidental, y por la oriental tambien. La información relevante quedará entre asteriscos, y la información...bueno, el contenido implícito para adultos será todo lo demás. Si usted lo lee, será a su cuenta y riesgo, asi ya tengo una excusa para posibles juicios XD)



*Allebasi observó el campamento desde una colina. Los árboles tapaban la temprana luz del amanecer y los pajaritos empezaban ya a silbar desde las ramas. El campamento se componía de por lo menos de una decena de tiendas pequeñas y una más grande situada en el centro de los conos, todos iluminados por la luz del sol al amanecer y por las leves chispas de una hoguera recién apagada. Había un centinela: más bien una. Era una bellísima y voluptuosa damisela bretoniana e Iba envuelta en un largo vestido de cola verde oscuro, apoyada en un báculo. Allebasi se acercó sigilosamente a la mujer, finalmente la emboscó por detrás.*

Surgió de los matorrales, sacó un pañuelo de cloroformo y lo puso en la boca de la bretoniana. Esta no se durmió debido a que cerró firmemente sus delicados labios, por lo que la cazadora de brujas tuvo que recurrir a medidas más drásticas. Manoseó con su mano por la falda de la damisela, y finalmente metió una mano por un agujero del trasero, provocando que la damisela bretoniana abriera la boca para soltar un chillido de placer. Cuando se durmió, Allebasi metió los brazos por sus respectivas mangas, escondiéndolos entre el vestido verde. Luego hizo un nudo con los brazos del vestido, atándolo por detrás, y aprovechó la larga cola del traje para atar el vestido en la rama de un árbol, dejando así a la bretoniana colgando boca arriba cual capullo antes de nacer de nuevo.

*Ahora que el centinela estaba ya noqueado, Allebasi fue al campamento tranquilamente, directa a la tienda grande. Una vez entró en la tienda se encontró la madre de los desordenes. En una esquina había una jaula de tamaño humano, en otra un cofre de tamaño mediano vació en su totalidad, y dispersos por allí y por allá miles de bártulos y objetos, la mayoría inservibles también en su totalidad. En algún punto en medio de aquel desierto de caos había una cama mullida, sucia, piojosa y descolorida, y tumbado en ella una persona. Era un anciano de barbas grises, vestido de mala manera, un fiel reflejo de la cama de la cual era el propietario, al igual que todas las demás tiendas y sus ocupantes, los cuales eran mercenarios. Allebasi susurró al viejo:

-Chsst…despierta…

-No...Inquisidor Torquemada, ya le he dicho que todavía no es la hora…

-No soy Torquemada

El viejo abrió los ojos al escuchar la voz de una mujer, y rápidamente se levantó para contemplarla.

-¿Quién eres?

-Por favor, Albus Lorthgar… ¿Ya no reconoces a tus exputas cuando las ves?

-Eres… ¡Allebasi!

-La misma que folla y calza

-¡Allebasi, que es de tu vida!- el viejo ahora estaba del todo de pie, con una gran sonrisa enmarcada

-Bien…ahora soy inquisidora… pero eso no viene a cueto…venía por que esta vez estoy en algo gordo, y necesito su ayuda

-¿Yo? Encantado de la vida

-Te pagaría con esto-sacó un saquito lleno de monedas de oro. Albus cogió el squito en el aire y se dispuso a contar una a una todas las monedas. Luego miró apesadumbrado a su antigua socia.

-Oh, pero…lo siento mucho, querida, pero no es suficiente. Resulta que hace poco la banda ha tenido sus problemillas y… vamos faltos de dinero. ¿No podrías añadir algo más?*

Entonces de repente se oyó a las afueras un sonar de trompetas. Allebasi, sorprendida, salió de la tienda para ver que ahora el centro del campamento lo ocupaba un séquito de los elfos oscuros de Naggaroth. Una decena de elfos negros con armaduras de placas rodeaba la hoguera, dirigidos por una elfa bruja de aspecto bastante sensual. Llevaba hombreras puntiagudas, botas de soldado, una corona con una gema roja, placas en una pequeñla zpona de cada muslo, una especie de sujetador de metal, como si fueran garras, agarrando las etas firmes y grandes, una esquirla de metal tapando el ombligo, y un tabardo de tela roja tapando la zona inferior. Era una elfa bruja. Pero, encabezando la expedición, había un noble elfo oscuro montado encima de una esclava élfica desnuda, con las tetas colgando en el aire. El corcel, al ver a Allebasi, descabalgó a su jinete y fue a dos patas hacia la inquisidora, con la mirada colérica.

-¡Tu! ¡Puta engreída! ¡He vuelto a recuperar lo que me pertenece! ¡No sabes lo que me ha costado convencer a ese idiota caído en desgracia para venir aquí! ¡Ahora lo pagarás caro!

-¿No has pensado en una cosa?- la inquisidora se quitó un guante

-¿En qué?

-Sois menos

-Estúpida furcia, eres una…- antes de que pudiera terminar la frase la inquisidora se puso a sus espaldas y metió su mano por el culo, provocando que gimiera de placer. A continuación Allebasi la lanzó al suelo. Mientras de una de las tiendas surgió una figura enorme de varios metros de altura, una horrenda ogra con vestido típico de comadrona. De un tortazo lanzó a un druchii por los aires. El resto, o bien fueron a por la ogra, o bien mantuvieron la mirada puesta en las tiendas. La esclava elfa se levantó furiosa, y cargó rabiosa contra Allebasi, la cual simplemente se limitó a dar un paso a un lado, esquivando a su enemiga, y de paso, dando un tortazo al culo de la elfa, al tiempo que decía: “¡Olé!”. De otra tienda salió un pistoletazo, y un estallido voló el casco de otro elfo oscuro. Seguidamente un humano con pintas de mosquetero salió de la misma tienda para trabarse con otro guardia.

La esclava elfa se revolvió furiosa de nuevo, y se lanzó a por Allebasi, pero en el último momento esta volvió a hacerse a un lado y, aprovechando que estaba desnuda, la cogió del pelo, y la forzó a agacharse de cintura para arriba. Mientras la humana acariciaba burlona el culo élfico, un humano salió del bosque para enfrentarse con los decrecientes enemigos que habían invadido su campamento. Era casi completamente calvo, excepto por una fina capa de pelos negros, y una barba bifurcada que no dejaba de ser curioso en lo suyo, en ser curioso. Sus ojos eran grises, y lanzaron una característica mirada de autoridad a la trifulca del campamento. Movió sus musculosos y robustos hombros y fue a socorrer al humano con pintas de mosquetero, apartando con una mano una alabarda, protegiendo con su escudo la otra parte del costado. Luego se colgó el escudo a las espaldas y se armó con un enorme martillo de manufactura enana que no tardó en presentar sin más dilaciones a los enemigos.

La esclava empezó a quejarse de las caricias y a insultar a quien se las daba. Allebasi se limitó a meter su mano por un orificio del trasero de la elfa, provocando que esta interrumpiera los insultos con un grito de éxtasis. Mientras Allebasi se reía un poco del éxtasis involuntario de su presa, de otra tienda salió un caballero bretoniano con su armadura a medio cambiar, cargando con una lanza de punta de dragón a un druchii que pretendía apuñalar al hombre calvo. Antes de que este pudiera reaccionar, tan solo pudo ver instantes después a su ex aspirante a asesino empalado por una lanza. Se encogió de hombros y siguió blandiendo el martillo, provocando que los guardias negros empezaran a retroceder (¿Qué que está haciendo la ogra? Rascarse el culo) De la misma tienda salió un halfling con un laúd. El halfling corrió a una roca, se sentó, y empezó a tocar una balada. A modo de tambor, Allebasi le dio a la concubina unos cuantos azotes en el trasero (seguía conservando la misma postura de ele al revés) y cuando ya tenía el culo un poco rojo la dio una fortísima palmada en la misma zona que la lanzó de bruces contra el suelo. La elfa, una vez en el suelo, empezó a frotarse con las manos la zona afectada. Mientras Allebasi andaba hacia su “enemiga” (no había prisa) Albus Lorthgar salió completamente vestido con una armadura llena de abolladuras y una daga en la mano. Nada más ver el panorama, se sentó junto al halfling y se puso a contar cuantas bajas causaría cada miembro de su banda por si luego tocaba repartir. Tosió un poco.

Rápidamente la esclava intentó ponerse en pie, pero la humana la volvió a tumbar de una ligera patada. Luego, Allebasi se tumbó y cual si de una víbora se tratara elaboró la siguiente presa: con el brazo izquierdo puso en la espalda élfica los brazos de la víctima, atrapándolos. Los pies los enredó en torno a los desnudos de la elfa, reteniéndolos también. Mientras que la humana toqueteaba divertida los pechos de la elfa con la mano derecha, del bosque salió un enorme saurio de escamas azules oscuras con pieles y placas de oro, un saurio escamadura armado con una espada de pinchos que iba detrás del humano calvo. Un guardia elfo golpeó a la criatura con la alabarda, pero esta se rompió al chocar la punta contra las duras escamas. Seguidamente la respuesta del saurio fue una certera dentellada con la que se comió de cuajo la cabeza del druchii.

Entretanto la elfa bruja de antes fue directa a por Allebasi, tumbada en el suelo, armada con una daga envenenada. Para esquivar el tajo la inquisidora rodó a un lado junto a la concubina, clavándose así la daga en el suelo. Allebasi aprovechó la distracción para meter la cabeza de la esclava elfa en el suelo, dejándola certeramente clavada. La elfa bruja corrió de nuevo hacia Allebasi, esta vez con otra daga. Allebasi se puso a las espaldas de la elfa, la dio una patada que la arrojó al suelo, y arrancó de un mordisco el tanga de la elfa. La elfa bruja miró confusa a su adversaria, con la prenda de ropa todavía en la boca, pero Allebasi no perdió el tiempo y dio a continuación una cachetada en el culo a la bruja que la hizo huir al bosque. Cuando esta hubo huido, reparó de nuevo en su enemigo más antiguo, el completamente desnudo. Seguía intentando desesperadamente sacar la cabeza del suelo, quedando en la postura ideal para que la cazadora de brujas tomara carrarilla y soltara contentísima un puntapié en el culo élfico, ayudando a la concubina a sacar la cabeza del suelo, ya de paso volver a estrellarla contra el mismo. Mientras, otro elfo oscuro cayó víctima de los esfuerzos conjuntos de la banda entera, quedando ya muy reducida la guardia elfa, la cual tan solo podía intentar formar una defensa en torno a la hoguera.

La elfa volvió a intentar atacar con un alarido de guerra. Divertida, Allebasi volvió a esquivar a la elfa con un gesto cómico, se puso detrás de ella y tornó el grito de guerra en chillido de placer cuando introdujo la mano por un orificio del trasero. Mientras, los elfos oscuros, al ver el panorama, huyeron del escenario de batalla con la cola entre los rabos.

La elfa, cabreada, cogió un cuchillo del suelo y se lanzó furiosa a por Allebasi, soltando un alrido de guerra. En el último momento la futura vencedora del “duelo” esquivó el ataque, metió su mano en un orificio del trasero, tornando el grito de guerra en un sexual orgasmo, cogió de las muñecas a su adversaria y la volvió a tirar a suelo dándola un giro previo en el aire de 360 grados, cayéndose lejos el arma. Inmediatamente después puso sus pies sobre las rodillas de la tumbada, cogió con una mano el cuchillo y con la otra obligó al ejemplar a enseñar la mejilla. Lamió la mejilla y, pensándoselo mejor, decidió hacer otra cosa. Le dio la vuelta al cuerpo, y ella también se dio la vuelta,, poniendo sus pies en los brazos, arrodillada. Con la mano libre tanteó el trasero élfico hasta que por fin encontró una pequeña zona de la nalga derecha. Ahí dibujo en letras pequeñas con el cuchillo su firma, provocando que la elfa gritara, quejándose del dolor infringido. Cuando hubo terminado, soltó un escupitajo en la mano libre y limpió de sangre el culo élfico. Y mientras que la inquisidora elfa metía su mano por un orificio del grácil trasero élfico, convirtiendo de nuevo el dolor en placer sexual involuntario, el príncipe elfo, medio borracho, se levantó del suelo. Al ver el panorama reinante intentó huir al bosque cual alma que lleva el diablo, seguido de cerca por sus guardaespaldas supervivientes…por si se perdía…, pero en el último momento el halffling lanzó su laúd a la cabeza del druchii, matándolo al instante.

Allebasi se levantó de nuevo, dejando que la dolorida elfa se diera cuenta de su situación. Esta acarició sus nalgas, y al no encontrar sangre, miró a su alrededor. Sorprendida, intentó abrir la boca para decir algo, pero la otra mujer la cerró la boca de tal guantazo que volvió a caer al suelo. Primero fue la cabeza la que cayó al suelo, luego el cuerpo, y antes de que cayeran las piernas Allebasi las retuvo rápida como el rayo. Acto seguido las movió ciento ochenta grados, hasta poner las piernas a la vista de su propietaria, indefensa desde su posición. Después Allebasi se sentó encima de las tetas élficas, enseñando su culo inquisitorial a la elfa, puso las piernas encima de los sobacos desnudos. Con la mano sin guante acarició el trasero de su nueva esclava, que estaba enseñando el trasero desnudo a unos alucinados mercenarios. La elfa empezó a quejarse y a llamar de todo a la vencedora.

-¿Por dónde íbamos, Lothgi?- justo cuando iba a ser insultada con la denominación de prostituta la inquisidora metió una vez más su grácil, delicada y desabrigada mano por un orificio del trasero carnoso, provocando no por primera vez que la esclava soltarla un gemido de placer. La mujer miró a Lothgar una vez más.

*-Ah, sí… bueno, creo que ya tenemos un precio- dijo, dándole un azote a su propia firma y haciendo que la elfa se retorciera un poco, mientras seguía con su gemido de placer.*

………………………………………………………………………………………………….

Albus comprobó si la mercancía estaba en buen estado. La toqueteó los pechos, pasó su mano rugosa por el delicado ombligo, la pasó también por la espalda, olió los sobacos perfumados, tocó los huesos de los hombros, puso la mano en los mofletes de forma que la mercancía parecía querer basarle, y así movió la cabeza de un lado a otro para ver ambos lados de la cara, acarició las piernas, acarició el trasero y viendo el buen estado del ejemplar dio un un par de cachetes a la firma de Allebasi. La mercancía se quejó.

-Puto viejo ver…- pero no le dio tiempo a terminar la frase, ya que Albus metió su canosa mano por un orificio del trasero, y la existencia interrumpió sus insultos con un gemido de placer, a la que se llevaba las manos al trasero y se retorcía. Albus, contento de la adquisición, metió a su nueva mascota en su jaula de tamaño humano, la cual seguía orgasmando.* Terminados los negocios el viejo elfo le presentó a Allebasi su banda de mercenarios.

El primero en ser presentado fue DedosCortados, un rechoncho halfling con chaleco verde y mallas de cuadrados rojos. Era el cantante del grupo, y su sueño era formar algún día una banda de músicos con la cual estafar a las princesas y engañar al populacho, pasando por una previa fase de ganar todo el dinero posible.

El siguiente fue el caballero bretoniano, que ya se había puesto toda la armadura de placas, quedando totalmente enlatado. Se llamaba Patrice DelaCours, y lucía una armadura ajada y oxidada con blasones rojos y ropas negras (o a lo mejor en su tiempo tuvieron otro color diferente) Su escudero era un…no tenía escudero. Allebasi no le preguntó que hacía un noble bretoniano de sus pintas entre mercenarios, y el tampoco dio muestras de querer dar respuesta alguna.

A la ogra de coleta naranja ya la concía. A falta de un nombre, ella misma ya se llamaba “Ahrrrg”

El humano con pintas de mosquetero y mostacho pelirrojo era un estaliano. Tan solo faltaba su sombrero, el cual encontró fuer del campamento. El que soltó antes el tiro de pólvora era también estaliano, con un traje de los tercios medio descosido y un arcabuz, y todavía quedaba un irranio malpulgoso embutido en pieles de todo tipo de animales, armado con espada toledana de mala calidad y pistola de mano. Sus nombres eran Cortés, Jorge y Ezkapuña, respectivamente, y entre ellos no tenían más lazo familiar que el de la alianza de provecho y hecho. Y por supuesto, el dinero.

De la misma tienda emergió un árabe de las Tierras del Sur, con turbante antaño blanco y las típicas ropas de los jinetes de los desiertos de Arabia comúnmente conocidos por el populacho como tuaregs. Era el único que usaba camello, y también el único que llevaba cimitarra, de nombre Segadora. Tenía la tez morena (lo siento, en warhammer no hay negros XD) Su procedencia arabesca causaba que fuera una y otra vez objeto de miles de insultos e improperios por parte de Patrice.

Pero el grueso de la tropa mercenaria la componía, como no, tileanos, cinco tileanos que se levantaron al mismo tiempo. Bozzolo, Cazzo, Asino, Sciocco y Popolare eran todos más o menos iguales: pelo negro (menos Popolare) apostadores natos, obsesionados con el dinero, armados hasta los dientes, tramposos, competitivos, aficionados a las cartas, timadores, estafadores, copiones… en fin, Tilea pura y dura.

Y el que ejercía de segundo al mando era el hombre clavo de antes, que con el martillo ya guardado fue a saludar personalmente a la inquisidora. Su nombre era Stark, Jakob Stark, “El middenlandés errante”, un guerrero consagrado a combatir el Caos. No era muy hablador, por lo que dejó que fuera Albus el que lo presentara. En realidad Jakob tan solo trabajaba con Albus debido a que el middenlandés le tenía mucho respeto al viejo por su pasado de veterano, y porque tenía la urgente necesidad de combatir al Caos como fuera, y si era encima pagado, tanto que mejor. Por lo que parecía era un tanto arisco, ya que después de ser presentado por el viejo se retiró descortésmente a su tienda con un encogimiento de hombros. Por lo que parecía, debía de ser muy fuerte, y, quien sabe, creyente en algún dios, cosa que afirmó Albus cuando dijo que era un ulricano, fiel enemigo de los sigmaritas como todo devoto de Ulric que se precie.*

Finalmente Albus señaló el hecho de que la damisela bretoniana no estuviera ahí. Allebasi fue de vuelta al bosque, cogió el bulto que había colgado y lo tiró al suelo. Luego cogió con una mano el nudo y arrastró hasta el campamento a la damisela como si fuera un saco. Cuando hubo llegado, delante de lso mercenarios, sacó un cuchillo e hizo un pequeño agujero en la retaguardia. Luego cortó el nudo de la falda, dejando a la vista los piececitos de la dama. Minutos después esta se levantó. Vio a la inquisidora y vió el nudo su falda cortada pro la mitad.

-Puta y asquerosa furcia de…- Antes de que pudiera terminar la frase Allebasi se puso detrás suya y metió su mano desenguantada por un orificio del trasero, causando que la bretoniana gimiera de placer y se llevara las manos al agujero. Todos los mercenarios se rieron. DedosCortados, viendo que la elfa también se descojonaba, metió los cinco dedos de su mano por un orificio del trasero de la elfa, provocando que esta se llevara las manos a las nalgas desnudas y soltara un gemido de placer, acompañando a la bretoniana en un orgasmo conjunto.




Hraigh
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