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La Gloria de Eisental - Vigésimo tercer torneo.

Miér Ene 04, 2012 10:10 am por Jodri Rompehierro

Los juglares se encargan de llevar las noticias aquellos que no saben leer, y con sus cánticos transmiten toda la información. Esta vez cantan himnos de guerra, de lucha y combate. Pero más allá de su exagerada visión, comentan el que será el vigésimo tercer torneo de Eisental:


La Gloria …


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Para todos los usuarios.

Mar Ene 03, 2012 6:59 pm por Jodri Rompehierro

¡Muy buenas mis pequeños y Feliz Año Nuevo para todos!

Empezamos un año nuevo, y mi primera impresión no ha sido muy buena… Puede que esté confundido, o espere demasiado… Pero es lo que me parece y me cuesta decirlo… No sé si entenderéis a lo que me refiero.

En fin, aparte de …

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Un día especial

Mar Oct 25, 2011 7:05 am por Jodri Rompehierro

Un día especial


Saludos a todos y a cada uno de vosotros. Hoy es un día muy especial, y en nombre de todos los administradores tengo que contaros algo. Esta vez no voy a narrar ningún combate, ni a rolear con vosotros. Creo que lo que voy a deciros es más importante. Algo dentro de mí me …

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Una canción triste y ojos de serpiente

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Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Tom Armel el Mar Oct 25, 2011 6:22 pm

Un cálido y apetecible día se abrió, con tanto brío que incluso la mujer más anciana del pueblo se echó a la calle, setenta y dos años arrugaban la curtida piel que en un principio fue firme, manchó su tez con un leve oscurecimiento y negó su visibilidad hasta tal punto que debía tantear con un bastón allí por donde transitaba, una suerte que se supiese el pueblo y sus callejas al dedillo. Greta, que así se llamaba la adorable anciana, descendía calle abajo por la vía principal que desembocaba en la plaza, su bastón golpeaba la piedra que hacía de base para la multitud de edificaciones, la gente al verla venir se apartaba, sin embargo alguien no lo hizo, su estupidez era justificada por una vida bastante pobre e insulsa, un tipo corpulento, grande, con una calva incipiente, una mandíbula podrida y un aliento que desinfecta heridas, si tuvieses la oportunidad, o mejor dicho la desgracia de intercambiar unos cuantos vocablos con Grinkot, sabrías que es uno de esos tipos que no quieres encontrarte en una taberna, en mitad de un camino, en el salón de tu desvencijada casa y loados sean los Dioses que no lo permitan, en la cama en la que pernoctas, en definitiva por cualquier poro de su piel destilaba la palabra indeseable.

Grinkot el indeseable caminaba con tal cogorza encima a pesar de ser temprana hora, que se encarriló por el lado en el que la pobre Greta guiaba sus pasos a través del bastón de madera y los muros. Anciana y bestia se toparon en un cruento choque del que salió airosa la anciana, herida la bestia y destrozado el bastón. Un leve golpe en la espinilla de aquel enorme tipo bastó para hacerle exclamar una maldición, una que habría hecho sangrar los oídos de la anciana de haberlo entendido, el pie contrario de Grinkot, debido al sorpresivo salto que dio al alzar la pierna dolida, aplastó e hizo añicos el cayado del que se ayudaba Greta.

Esa era la estampa, una anciana desvalida había vencido al temible jefe de una banda de mercenarios, no, sin duda hubiera sido una hermosa historia que narrar, pero no, la anciana cayó al suelo al no poseer apoyo y la bestia parda, el indeseable, eclipsó con su sombra a la maltrecha mujer que sollozaba intentando recomponerse del susto, la mano del hombretón sujetó el brazo de la anciana, esta respaldó aquella dura, basta y experimentada mano de armas con la suya débil y temblorosa.

-¿Estás bien abuela?, Hip..Broarhh..-Una pestilente mezcla de ron, ajos y queso hizo que la anciana repudiase aún más a su nieto.

-Gregory Kotwurd, ¡Ayúdame a levantarme ahora mismo si no quieres que le cuente a tu madre que estás bebiendo a estas horas!-La anciana pareció recobrar la juventud de la que instantes atrás escaseaba y golpeó en el hombro del tiparraco un rápido tortazo.

-Lo, lo siento abu, de verdad, perdona, yo, oh rayos, Hip…he roto tu bastón, deja que…deja…que…Hip-A tientas el borracho nieto intentó meter sin éxito la mano en uno de sus pantalones para extraer unas cuantas monedas, Greta azotó con la misma eficacia con la que un gato espanta con el rabo las moscas la mano de Grinkot.

-Vamos a la plaza, me llevarás tú, por zoquete y borrachuzo, si tu padre viviese para verte, en buena hora se lo llevó Morr para no caer en la deshonra en el que lo entierras cada día.-El hombretón y la anciana guiaron sus pasos hasta la plaza, gran parte de esta estaba repleta de pequeños puestos de venta, artistas itinerantes, cotilleos y jolgorio, sin duda prueba de que hacía un buen día era la transitada población que se agolpaba en corrillo alrededor de uno de esos artistas, uno en particular, un mediano armado con un Laúd, Greta y Grinkot se acercaron curiosos, pocas cosas llamaban la atención a aquella anciana y una voz lo hizo.

Un mediano se encontraba en el centro de aquel tumulto, un taburete y un estuche eran los únicos pertrechos que dejaban ver una capa, su rostro era enjuto, pero vivaz y despierto, muchos se empujaban con tal de ver qué diablos hacía ese halfling, este no hizo sino abrir los tres cierres que permitieron extraer el instrumento, un laúd bastante gastado pero con cierto aire distintivo, Tom alzó la vista hacia las gentes y contuvo una leve sonrisilla, aquél era su público, prostitutas, ladrones, vendedores, malhechores y bienhechores, otros artistas e incluso algún despuntado noble, un cosquilleo como de costumbre revoloteó en el estómago del mediano, sin embargo este desapareció al notar la cálida madera de su instrumento entre sus manos y el anhelante público expectante, dejó que la curiosidad persistiese unos instantes más antes de abrir la boca, así el público estaría dispuesto a escuchar lo que iba a decir.

-¡Silencio!, ¡Callad buenas gentes!, ¡Atended a lo que Tom os cantará!, ¡Indiferente jamás nadie se va a quedar!-Una amplia sonrisa acercó aún más si cabe el público a Tom, el adoquinado era su escenario, su instrumento el único arma que esgrimiría contra el monstruo que era el público y su voz la que relataría la batalla.

Sus dedos gráciles ajustaron las clavijas y afinó un tanto el laúd, ya estaba afinado, pero debía asegurarse, asintió para sí con un pequeño cabeceo y del instrumento comenzaron a brotar notas, acordes, despegó los labios para con una dulce voz de soprano encandilar a las masas, una historia sobre Freloan el Grande y su amada Ingrid que tristemente perecía en pos de salvar a su amado en el castillo de Dietershafen, apartó su curiosidad y agachó la cabeza, observó sus dedos tocando las cuerdas en un intrincado baile, trató de que no resbalaran por estas, la voz le acompañaba, un sorbo de leche con miel hace maravillas al alba aunque la noche anterior estuvieses medio afónico por canturrear canciones de borrachos, la voz que emanaba del mediano era un río de plata ardiente, la canción era como las ramas de un viejo roble, la consonancia del instrumento y la voz de Tom describían rápidos círculos alrededor de las orgullosas ramas del árbol. El Halfling apenas era consciente del sudor que bañaba su frente, extasiado por la música y el asombro del público no cesó, no se detuvo siquiera a atisbar o a regodearse de su habilidad, simplemente tocaba, hasta que terminó, todo en la vida termina y esa canción así lo hizo, a pesar de ser una canción triste que ensombrecía el alma de quien la escuchaba, un regusto dulce se alojaba en tu boca por unos instantes, hasta su fin, que era cuando realmente te dabas cuenta de la tragedia que aconteció a la pobre Ingrid y toda la vorágine de desgracias explotaba para dejarte un sabor amargo.

El público aplaudió, pocos dejaban monedas, muchos reían intentando ocultar las lágrimas que durante la canción empañaron sus ojos, otros sin embargo no ocultaban su tristeza y regresaban afligidos a las compras o menesteres que los tenían ocupados, muchos compañeros artistas le felicitaron, Tom quedó satisfecho, podría llevarse algo de comida a la boca y sobradamente llevarle a la familia Normand el frasco de medicina que les había prometido. Habían sido amables, más que eso, dieron a Tom un techo y un poco de pan duro con el que alimentarse la fría noche en la que llegó, este juró y perjuró que Dama, la madre de la familia, no perecería por un burdo resfriado que se había alargado tanto que llegó hasta el punto de ser peligroso.

Tom guardó el laúd en el estuche, echó los cierres y se lo colgó a la espalda, aún había algún rezagado que lo felicitaba por tan portentosa obra, el halfling no pudo sino asentir y continuar guardando sus pertrechos.

Tom Armel
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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Kendrall el Vie Oct 28, 2011 11:04 pm

Como el dulce aroma de una esponjosa y caramelizada tarta de frutas Ulthuanenses recién horneada, aquella esplendida mañana una embriagadora y tenue melodía amenizaba las preocupaciones de los más madrugadores transeúntes. Hasta los más lúgubres y recónditos callejones de Eisental se veían iluminados por la gracia y finura de aquel mágico sonido. La suave brisa matutina soplaba levemente embelesada por cálidas corrientes de aire que mecían orgullosas de un lado para otro las celestiales notas que brotaban como florecillas silvestres, de los sonrosados dedillos, de algún pintoresco artista, que las cultivaba con sumo cuidado y premura en su paradisiaco jardín primaveral.

-¡¡Eh bribonzuelo, vuelve aquí con eso!! -bramó una enfurecida mujer asomándose desde su ventana, escoba en mano y con la rabia presente en sus hinchadas y palpitantes venas que se le marcaban por todo el cuello- ¡¡Maldita rata de alcantarilla!! ¡¡RENAROOO!!

-Quema-quema-quema...fu-fu-fu... ¡lo-lo-sientoooooOOO!¡no-no-puedo-parar... no-no-no,vo-voy-echando-chi-chi-chispas! fu-fu-fu - aulló Kendrall girando la cabeza mientras corría humeante como una locomotora, casi a cien por hora- quema-quema-quema-quem... oh-oh,oh...

Antes de doblar la esquina un tipejo obeso como un hipopótamo y desmelenado casi a conciencia por unas greñas andrajosas que no había por donde cogerlas,y el cual desprendía un hedor nauseabundo que parecía formar una especie de atmósfera amarillenta entorno a él, la cual podría olerse en cien leguas a la redonda, surgió sin previo aviso cortándole el paso al encabritado mediano. Quizá fuera por las horrendas cicatrices que surcaban diagonalmente su rostro, o quizá por la cara de pocos amigos que dibujo súbitamente en él, pero Kendrall comprendió rápidamente que estaba en serios apuros.

Clavó sus anchas piernas en el suelo, gruesas y fofas igual que las de un troll jubilado y extendiendo sus bastos brazos a ambos lados, aguardó ansioso como un veterano portero de hockey, esperando interceptar al escurridizo maleante que había sido descubierto con las manos en la masa, y se dirigía directamente hacia su red.

Las cuencas del sorprendido Kendrall trataron de escupir alarmadas sus órbitas fuera de ellas con tanta presión, que si hubiera estado más cerca del gordinflón, éste habría caído de sopetón, completamente redondo hacia atrás a causa del susto o la impresión. Ante la perspectiva de no poder frenar su avance a tiempo, y de que iba a colisionar ,si o si, de morros contra aquella inmunda bestia surgida del abismo, el mediano no pudo hacer otra cosa que lanzarse en plancha contra él.

El hombre cruzó sus brazos en un lento y desacompasado movimiento que el renacuajo pudo esquivar sin problemas mientras resbalaba por el suelo cual trineo por las nieves, rozando y haciendo tintinear levemente sus cascabeles al pasar bajo sus piernas.

Kendrall abrió los ojos y no vislumbró una mierda, se relamió los labios orgulloso y edulcorado por su actuación, y tras dar una voltereta que lo hizo reincorporarse otra vez, siguió zapateando como alma que lleva el diablo, a ciegas, y con la cara pringosa, embadurnada y ardiendo de escozor, por culpa de la segunda capa de crema de manzana que llevaba aquel pastel, pero bueno, estaba buena así también.

Dos calles más abajo el mediano se seguía rechupeteando los dedillos mientras zig-zageaba entre el populacho como una liebre supersónica, que atemorizada huye de una jauría de perros hambrientos de aserrada dentadura aguillotinada. A ese trote siguió hasta que llegó a una amplia plaza en la que se tuvo que detener en seco por la aglomeración de personal, exhausto y con arritmias taquicárdicas en su corazoncito, poco a poco fue recuperando el aliento. No tardó mucho en descubrir un tumulto de personas que se apeletonaban frente a lo que posiblemente podría ser un escupefuegos, un malabarista, o quién sabe ¡quizás un mago! rebosante de curiosidad por cada uno de sus poros volvió sin perder un instante a las andadas, ahora sí que estaba como un espagueti en su salsa carbonara.

- Paso... paso... cuidadín-que-ardo... gracias-gracias... uys, cachis-perdone, se-me-atrancó-la mano - balbuceaba entrecortadamente abriéndose paso entre la multitud como un prodigioso carterista ambulante, y siguiendo el ritmo de la música entonó interrogante - ¿qué-está-pasando? ¿qué-está-pasando?

Por fin llegó a la primera fila del corrillo tras colarse de rodillas bajo las faldas de una señorita. Miró a su alrededor conmocionado, lo que antes eran cara alegres y palmadas entusiasmadas al son de la música, se transformaron en un ápice de segundo en sonrisas melancólicas y ríos de lágrimas desconsoladas. Ante su absoluto desconcierto, ya que se había perdido toda la actuación y no se había enterado de la misa una media, las pupilas del bribón se tornaron de un vibrante y cristalino brillo vidrioso, las cuales dejándose arrastrar por la emoción del momento comenzaron a chorrear a moco tendido sin contemplaciones.

Agarró un pañuelo, se sopló consternado los mocos, y haciéndole unos pequeños pliegues por los bordes para secarse meticulosamente las mejillas, se lo tendió cual galante caballerito a la señorita que tenía al lado, para que enjuagara en él sus penas también.

Entonces perplejo miró boquiabierto hacia el frente y descubrió que el artífice y protagonista de todo aquel revuelo había sido uno de los suyos. Mientras el halfing ordenaba y recogía sus enseres preparándose para marchar, vio como algunos espectadores le daban algunas monedas y lo alagaban por su trabajo, sin dudarlo un instante, Kendrall metió la mano en un bolsillo, uno cualquiera tampoco hay que detallar tanto, y agarrando un puñado de monedas se acercó sonriente al muchacho.

- ¡Oh,qué-lástima... lo-lamento-mucho-amigo...- le dijo amablemente posando la mano pesaroso sobre el hombro del artista, y dejando que la cascada de peniques fluyera estrepitosamente como un torrente de agua turbia hacia sus manos añadió sonriente- ¡Toma! para-que-la-próxima-vez-te-salga-mejor-el-truco...¿a-dónde-vas-ahora-tan-aprisa?¿tienes-alguna-otra-actuación-pendiente? ¿puedo-ir-puedo-ir?no-me-gustaría-perdérmela, adoro-a-los-magos...¿puedes-enseñarme-algún-truco? la-verdad... no-sabía-que-hubiera-magos-entre-nosotros...¡oh! qué-mala-educación-la-mía,¡casi-lo-olvido! no-me-presenté - se disculpó extendiéndole la mano para saludarlo- soy-Kendrall-Piesligeros-Palolargo-Dedosrojillos-Delbosqueverde... no, ya-sé-lo-que-estás-pensando, y-no-no-no, no-soy-del-bosque-verde,no, soy-de-Nido-de-Algodones...¿y-tú-quién-eres,de-dónde,qué-haces-aquí,en-Eisental?¿qué-llevas-ahí?

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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Tom Armel el Sáb Oct 29, 2011 1:05 pm

Cuando creía que su público se había marchado, Tom se sorprendió al notar unas palabras tan rápidas como el disparo de un virote, una mano palmeó su hombro, al darse la vuelta no pudo sino gracias a una acción instintiva propia de la raza, sostener todos esos peniques que aquella persona le tendía en una lluvia de metal cobrizo entre sus manos a modo de cuenco.

-Por qué has de sentirlo, ha salido estupendamente, bueno, se agradece, pero no es cuestión de...-Se calló al ver que continuaba hablando pisándose sus propias palabras.-Pues verás voy a…-De nuevo continuó fusilando a Tom aquel mediano de rostro bañado en expresiones.-No, pues sí, no se ningún truco, verás es que no soy mago.-Observó la extendida mano de Kendrall y agradeció a los Dioses que terminase con su perorata, tomó un respiro como si el que acabase de gastar tanta saliva fuese él.

-Un placer Kendrall, eres demasiado nervioso amigo, habla con más calma, por ahora el aire tiende a ser gratis así que respira tranquilo, espera.-
Con un rápido gesto dividió las monedas en ambas manos y cada una la introdujo en un bolsillo de su capa dejándolas libres para poder estrechar la mano como correspondía.

-Mi nombre es Tom Armel Montealto Ramatorcida Pastoverde Piesligeros, ¡Dioses!, ¡Somos primos!, ¡Qué digo primos!, ¡Primos hermanos!, ya decía yo que me sonaba tú cara, bueno, en realidad no, pero escuché a mi padre Tommy que le dijo a mi tío Rash, que a su vez su mujer Lurie, vamos mi tía, supongo que también será tu tía, que tenía una hermana que tuvo un hijo llamado Kendrall, ¡Ese debes ser tú!-
Estrechó la mano y tras esto lo abrazó como si se conocieran de toda la vida, se separó pletórico de alegría.

-Cuéntame que es de tu vida, bueno, perdona la emoción, hace mucho que no veo a un familiar, no desde que partí de Brionne, y no soy mago, esas artes son demasiado extraordinarias para alguien como yo, se me da bien el laúd que es lo que guardo en ese estuche, sería toda una experiencia saber hacer magia, una vez vi a un mago, bueno, bueno, no me enrollo, aquí hago como muchos otros ganarme la vida e intentar ayudar a las buenas gentes, esto último no lo hacen muchos, aquí hay mucha buena gente, ¿Sabes?, la familia Normand es una de ellas, la madre está muy enferma, debo llevarle la medicina que compré esta mañana.-Sacó un vial con un contenido amarillento en su interior.-Está hecho de jengibre, astrágalo y ajo.-Lo guardó nuevamente en el bolsillo del que lo extrajo.-Y tú primo, ¿Qué haces por aquí?.-Tom se llevó las manos a la cintura y arqueó una ceja.-Vamos, la casa está cinco calles hacia allí.-Dijo alzando el dedo calle arriba y emprendiendo la marcha, dio por hecho que Kendrall vendría, después de todo eran primos recien encontrados y si se separaban solo la suerte de Ranald podría unirlos de nuevo, no está de más decir que en estos tiempos aciagos Ranald no era mucho de despilfarrar su suerte.

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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Kendrall el Sáb Oct 29, 2011 8:29 pm

Siempre le habían dicho que vivía en las nubes ajeno a todo lo que le rodeaba, que era un culo inquieto atestado de almorranas, un cabeza de chorlito con cerebro de mosquito, una zarigüella voladora lanza piedras, una rata de las que se aplastan y crían plagas... ¿pero nervioso? Kendrall se quedó de piedra un segundo, no más, le habían puesto muchos apelativos a lo largo de su corta pero vigorosa vida entre los suyos, pero nunca, nunca, nunca, alguno de ellos lo había calificado de tal.

¿Por qué le habría dicho eso? Era normal que tan lejos de su hogar rebosara de felicidad al encontrarse con uno de los suyos, y más que se dejara arrastrar por la emoción que sentía, quizás ese mediano había sido humanizado como los de las historias que le contaba la yaya Silar. Siempre decía que los halfings que vivían demasiado tiempo rodeados de esos larguiruchos, acababan por amoldarse a sus costumbres, que se marchitaban a un ritmo frenético como si el otoño arreciara permanentemente en sus corazones, que perdían la alegría y el sentido de vivir, se volvían más hostiles, más canallas, y casi tan antipáticos como un elfo arraigado férreamente a sus raices. Según decía se volvían menos curiosos y menos aventureros, y es realmente ahí dónde reside la magia de estos pequeños e inocentes seres que todo lo manoseaban y se fascinaban inconmensurablemente ante los nuevos y desconocidos detalles que se abrían ante sus ojos, como si fueran unos recién nacidos que vislumbran por primera vez la luminosidad del sol y las estrellas, la magnificiencia y fuerza del mar o la composición metamórfica del elemento ígneo en mitad de un hoguera, bueno, como unos bebés pero con una bífida lengua viperina que no puedes esperarte cuando va a saltar sobre ti, en definitiva, que se volvían más serios y tercos que un enano sobrio en medio del océano.

Kendrall abrió mucho los ojos, y cogió una larga bocanada de aire como si en ello le fuera la vida, había que aprovechar ese momento, quizás mañana el alcalde de Eisental intentara cobrarles un abusivo impuesto a los forasteros que aspiraran de su preciado óxigeno... desde luego, qué raros son estos humanos meditaba el mediano para sí mientras aguantaba la respiración, tornándose más rojo por momentos, hasta que sin poder remediarlo explotó entre toses.

- ¿Primos?¡Hermanos! La-tía-Lurie, sí... pero-Tom...Tom...Tom ¿¡El-pequeño-Tomy!? ¡¡Oh!! pues-no-eres-tan-pequeño-como-decía-mi-mami, no..- confesó Kendrall entusiasmado, pero intrigado a la vez mientras se acercaba unos pasos con la mano sobre su frente horizontalmente para comprobar cuanto media su primo, e instantáneamente se fundieron en un cálido e impetuoso abrazo, del que casi habría que haberlos separado con una ganzúa por la efusividad con la que le respondió Kendrall.

- A-mí-no-me-engañas-sé-lo-que-eres ¡Jopetines! qué-alegría-el-haberte-encontrado, ¡y-encima-mi-primo! artista, trotamundos, cantante, músico, y-y-y... curandero- le susurró Kendrall en un tono picaramente acusador, al tiempo que le guiñaba un ojo lleno de complicidad, ya que había escuchado el rumor de que los hechiceros no eran muy proclives a desvelar su condición tan a la ligera - ¡Jobaritas, qué-emoción-más-estelariquisima! Pero-no-pues-no, no-conozco-a-esa-familia, llevo-muy-poco-por-aquí, simplemente-salí-de-casa-a-pasear, como-siempre, pero-mis-pies-empezaron-a-andar-sin-parar, yo-no-los-podía-controlar, empecé-a-ver-cosas-aquí-y-allá, y-para-cuando-me-quise-dar-cuenta-me-había-recorrido-más-de-medio-imperio-y-quería-ver-más, explorar, y-llegué-a-Eisental, conocí-a-unos-enanos-muy-graciosos, pero-vamos-vamos, hay-que-apresurarse,ya-te-contaré,ya, si-esa-señora-está-tan-mal-como-me-cuentas-más-vale-que-actuemos-pronto... ¿por-cierto, la-familia-bien,no? espero-que-el-viejo-negocio-marche-viento-en-popa, quizá-debería-pasarme-por-allí-a-llevarles-unas-cosas...- farfullaba extasiado, y dándole una palmadita en la espalda a su primo, se situó sonriente a su lado mientras seguían caminando.

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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Tom Armel el Dom Oct 30, 2011 12:27 am

El camino se hizo ameno, sobre todo para dos medianos que no hacían otra cosa que hablar y hablar, sus labios parecían estar bien entrenados, cada uno se puso al tanto del otro sobre su vida, sus inquietudes y sobre todo sobre las cosas tan extraordinarias que habían visto durante sus viajes.

-Yo más o menos hice igual que tú, no podía permanecer siempre en el mismo sitio, Brionne era un lugar divertido, siempre ocurrían cosas, aunque todas fueran desagradables, entre unas cosas y otras, siempre tuve que ir de un lugar a otro, por cierto, hemos llegado.-
Tom se detuvo delante de una casa un tanto cochambrosa, sin duda alguna pertenecía a una familia pobre, esa zona del pueblo que daba un tanto al exterior era el lugar más abandonado de toda Eisental, pasaron un prostíbulo, un callejeo entre una tienda de un prestamista y una vieja panadería cerrada y ahí estaba, la casa de los Normand.

Justo al lado de aquella casa había un conjunto de cajas grandes, barriles y un tipo de mediana edad, humano, bastante escuálido, se encontraba apoyado en uno de los barriles con cara de pocos amigos, parecía proteger todo aquel cargamento, al pararse los medianos delante de la casa de los Normand les echó una escrupulosa mirada, Tom decidió llamar, dos golpes secos y uno suave, ese era el código que utilizaba para tranquilizar a la familia y hacerles saber que era él.

[Aquí hacemos una tirada 1d100 si observas al tipo] [CD=70]
[Si la tirada es >70 el mediano verá algo que se le detallará por MP]


La puerta se abrió estrepitosamente, unas manos agarraron a los medianos y tiraron de ellos al interior de la vivienda cerrando de un portazo. El lugar estaba oscuro, las cortinas estaban echadas y solo dos velas encendían aquel ambiente, dos figuras de la talla de aquellos dos personajillos se encontraban delante de ellos, una niña y un niño, ambos tenían churretes en la cara y ojeras en el rostro macilento, parecían gemelos de no tener la niña el pelo hasta la espalda y el muchacho el suyo cortado a tazón.

-Menos mal que has venido Tom, ¡Se lo han llevado!-
Eso fue lo único que dijo el niño llevándose las manos a la cara con cierta desesperación, la niña que era su hermana rompió en leves sollozos.

Tom se llevó una mano al rostro y acarició su mentón observando al niño, echó un vistazo a Kendrall y regresó de nuevo su vista hacia la pareja de hermanos, no parecía entender muy bien la situación.

-¿A quién dices que se han llevado, Eric?-
Enarcó una ceja siguiendo a los niños hasta la mesa que había al final de la sala.

-Tranquila Bea, no te preocupes, padre volverá, ve con madre y cámbiale el paño de la frente-El niño acariciaba la espalda de su hermana intentando reconfortarla, esta se dirigió a una habitación, cerró tras ella quedando en la mesa los dos medianos y el niño.-Tom, ¿Quién es este?

-No te preocupes por él, es mi primo Kendrall, ahora dime, ¿Dónde está Frank?-
Cruzó sus dedos en un abrazo apoyados sus codos sobre la mesa, su ceño estaba fruncido de preocupación.

-Verás.-
Eric fijó su vista en Kendrall, luego en Tom, durante su charla intercambiaba la vista entre ambos cada cierto tiempo.-Unos tipos llamaron la pasada noche, era muy tarde, tan tarde que todos dormíamos, incluso madre, es difícil hacerla dormir, la tos no le deja conciliar el sueño.-El niño jugueteó un rato con sus dedos nervioso, no pasaba de los diez años, era espabilado pero no tenía muchas fuerzas, su desnutrición y la falta de sueño era palpable, tenía el pelo castaño y unos ojos negros como el tizón.-Un grupo de hombres llamó con golpes fuertes a la puerta, padre nos escondió en el sótano, entraron y revisaron la casa entera, escuchamos golpes y maldiciones, yo le tapé los oídos a mi hermana.-Al decir esto guió su vista hasta la puerta en la que se había internado esta y acercándose un tanto más hacia nosotros comenzó a hablar con un tono más confidencial.-Se llevaron a padre, a madre la dejaron aquí porque al estar enferma dijeron que no les servía.-El niño se encogió de hombros como si no entendiera que significaba.-Se llevaron las pocas monedas que nos dejaste y una botella de vino que mi padre reservaba, también algo de pan duro y una cuña de queso algo mohosa, desde entonces no hemos comido nada, tenemos miedo a salir.-El niño contrajo el rostro intentando aguantar el llanto, haciendo acopio de valor impidió dejarse llevar y no derramar ninguna lágrima.

Tom tragó saliva sin esperarse tales acontecimientos, él creía que con aquella medicina sus problemas se solventarían, que todos sus males desaparecerían y que por fin podría hacer que aquella familia viviese con normalidad sus vidas, pero parece que Ranald no estaba con ellos, Eric permaneció callado, no parecía querer o tener que contar nada más, se encontraba algo conmocionado.


[El niño evita la mirada cuando intentas interceptarla, tirada 1d10+Empatía+(Posibilidad de Bonificador), CD=60][Si la suma total es superior a 60 superas la tirada]


Tiradas de Tom:

Tom Armel ha efectuado 1 lanzada(s) de uno D100 (Imagen no informada.) :
39
Tom Armel ha efectuado 1 lanzada(s) de uno D10 (Imagen no informada.) :
4



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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Kendrall el Mar Nov 01, 2011 4:06 pm

Los pequeños no tardaron en ponerse al día de sus numerosas e increíbles aventuras durante el camino. Cuando por fin llegaron a las puertas de una poco agraciada chabola, Kendrall se puso a mordisquear una sarta de choricillos que llevaba colgada a modo de collar casi desde que salieron de la plaza mayor, pero entre la animada conversación que mantuvieron y lo bonito y curioso que era todo aquel recorrido, no se había dado cuenta de que la llevaba al cuello hasta que se detuvieron.

Tom llamó a la puerta mientras Kendrall se hurgaba a conciencia las orejillas , ahora entendía porque su primo hablaba tan raro y distorsionado recapacitó analizando las yemas de sus dedillos, le pegó un lametazo al trozo de nata y bizcocho que había tenido entaponando su tímpano y se puso a fantasear sobre lo que podría tener aquel tipo flacucho que lo mirada ceñudo, cómo si escondiera algún misterio que solo él conociera dentro de tanta caja y barril. No había nada que pudiera llamar más la atención a Kendrall que una preciosa y nuevecita caja cerrada a cal y canto, aunque estuviera vacía, eso era algo que al mediano no le preocupaba ni le importaba en demasía.... ¡ la de cosas que podría meter ahí dentro! ya estaba dando unos pasos para entablar una amistosa conversación con aquel hombre, cuando un fuerte tirón lo arrastró hasta la oscuridad más absoluta... ¿se habría caído dentro de una caja?

- ¡Eh, socorro! ¿Dónde-estamos? ¡Ah, hola-pequeños! ¿Cómo-habéis-llegado-hasta-aquí? - preguntaba como loco adaptándose poco a poco a la escasa luminosidad de la vivienda, al descubrir de que tenían compañía


- ¿Qué-se-han-llevado? yo-no-he-tocado-nada-primo, sabes-que-existe-un-código-entre-familiares, y-entre-amigos-de-mis-familiares-los-cuales-pasan-automáticamente-a-ser-amigos-mios-también... ¿por-qué-lloras,pequeña, somos-amigos,no? - trató de consolar a la desconsolada jovencita acariciándole suvemente los cabellos.


-¡Eso, Eric!- alentó el mediano tras la pregunta de su primo, con actitud reprochante y los brazos en jarra sobre las caderas- ¿de-que-se-me-acusa-esta-vez? cuentanos...

Cuando la niña se hubo marchado, y solo quedaron los tres hombrecillos alrededor de una carcomida mesa, Kendrall escuchó atentamente y con el rostro imperturbable, lo que el niño tuviera que decirles.

-¿Ya-les-has-dado-la-medicina? -le recriminó con un codazo a su primo, al escuchar como el crío hacia referencia a las dolencias de su madre, y siguió con los oídos tan abiertos como los ojos, escudriñando al mocosete.

-¿¡Miedo a salir?!- Exclamó alarmado cuando Eric concluyó su historia- ¿por-qué? si-ahi-afuera-no-hay-ningún-peligro...solo-había-un-hombre-cuando-entramos... hay-música, gente-y-niños-como-tú-corriendo-de-aquí-para-allá,y-comida,¡comida-por-todos-lados! y-de-todos-los-colores-y-formas-inimaginables.Pequeño, no-hay-que-tener-miedo.... Mira-lo-que-encontré-yo ¿tienes-hambre,no?

Kendrall se arrancó una tira de varios chorizos de la sarta que llevaba de collarín, y dirigiéndose hasta Eric se los puso delante de sus narices, los oscuros ojitos del muchacho relampaguearon hambrientos un instante, la incertidumbre asaltó su rostro, y quizás por miedo o timidez, quién sabe porqué, el crío tardo más de la cuenta en reaccionar.

-¡Tómalos! yo-ya-he-comido, y-si-te-quedas-con-hambre-podemos-ir-a-por-más... No-tienes-nada-que-temer-ahora-que-el-tio-Tom-y-el-tio-Kendrall-están-aquí. ¿Verdad, primo?

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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Tom Armel el Mar Nov 01, 2011 6:37 pm

Tom extrajo el vial al notar el codo de su primo golpeando en su lomo, se había olvidado completamente a lo que realmente había venido, una tragedia eclipsa a otra tragedia, el contenedor de cristal se intercambió de la mano del mediano a la de Eric.

-Es cierto primo, ten Eric, esto deberá curar a tu madre, me dijo el matasanos que debía de tomar un sorbo a media noche durante siete días, solo espero que le siente bien, a mi las medicinas nunca me han…-
Se calló al ver que afloraba su vena halfling, observó como Kendrall le tendía una ristra de chorizo y el niño iluminada su cara la arrancó de sus manos la comida con tanta ansia que ni se molestó en dar señales de desesperación bocado tras bocado.

Tom asintió al último comentario de su primo-No paro de darte la razón Ken, sin duda alguna con nosotros no tendrás que temer nada, tus tíos son ávidos aventureros que pueden ahorcar a un troll entre sus diminutas manos, tal que así.-Hizo aspavientos con las manos como si intentase estrangular a un enemigo invisible.-Bueno es saber que siempre vas a tan aprovisionado-Dijo Tom con media sonrisa perfilada en sus labios mientras dejaba a su ya ahogado enemigo imaginario.

Eric dirigió una mirada de agradecimiento a Kendrall, no podía hacer más, su orgullo le impedía poder agradecer nada con palabras, cuanto más pobre es la persona más grande es su orgullo y no está de más decir que la familia Normand es extremadamente pobre, el chico abrió los labios manchados con el aceite del chorizo, a pesar de estar muerto de hambre había dejado tres trozos, dos para su madre y uno para su hermana, el hambre la había cegado por unos instantes y había comido tres pedazos sin preocuparse en nadie más que su estómago, algo avergonzado dejó el chorizo a un lado y sostuvo con la zurda el vial, continuó relatando.

(EXITO de Kendrall en la tirada de Empatía: 45[Empatía] + 4[Tirada] + 20[Bonificador por dar de comer al chico])

-Veréis, cuando estábamos abajo.-Dio un golpecito con el índice en el tablero de la mesa indicando el sótano, que se hallaba justo debajo de ésta su entrada.-Por una de las grietas pude observar algo, no es que sea muy importante pero es lo único que pude ver, era el tatuaje de unos de los que vinieron, era un círculo y dentro de él dos dados rojos con un uno en la parte de arriba de los dos, lo pude ver porque era lo más llamativo, adornaba el cuello de un hombre, uno calvo.-Apretó los labios de impotencia.-Ese tipo fue el que pegó a mi padre un puñetazo en el estómago, dos lo sujetaron y se lo llevaron por la puerta, en total conté seis personas, estuvimos un buen rato escondidos, hasta que por el miedo de perder a madre en uno de sus ataques de tos el otro miedo desapareció, sin embargo cuando me di cuenta de lo que había ocurrido echamos todas las cortinas y no salimos a la calle, hasta que llamaste Tom.-Dijo esto guiando su vista hasta él, después sus ojos se desplazaron hasta el pintoresco Kendrall, su orgullo se rompió en pedazos cuando el llanto acudió a él.-Creía íbamos a morir de hambre…-Dos ríos comenzaron a brotar de los ojos de Eric, el niño desconsolado escondió su mirada tras su antebrazo y se apoyó en la mesa, el chico finalmente había explotado.

La cara de Tom reflejaba la tristeza que lo embargaba, apretó el puño con fuerza y se giró orientando su cuerpo de cara a Kendrall.-Primo no podemos permitir esto, tenemos que rescatar a Frank, Frakn es el padre de Eric y Bea por si no lo sabes.-Remarcó esto último alzando un dedo, ese mismo dedo viajó en el aire hasta señalar al niño.-Eric, tú debes quedarte aquí y cuidar de tu madre, te traeremos provisiones, te prometo que…-El miedo hizo que los ojos de Tom se abriesen como cuando pillas infraganti a la mujer que amas con otro en la cama, la puerta sonó con dos fuertes golpes, el corazón del mediano se detuvo y de hito en hito miró a Kendrall, su garganta deslizó un poco de saliva.

Eric sorprendido tanto o más como los halfling se llevó las manos a la boca para silenciar su propio llanto, aún llorando observó a los medianos para ver que harían, el niño se quedó petrificado en esa pose, dos nuevos golpes aún más fuertes hicieron que los corazones que anteriormente se helaron, comenzaran a latir con tanta fuerza como si hubiesen corrido cien millas, la puerta del cuarto en el que se adentró la niña se abrió para que ésta se asomara hacia la mesa con la duda marcada en el rostro, estaba también asustada, aunque era mucho menos consciente ahora.

Tom hizo un gesto a la niña, tan vehemente que esta cerró precipitadamente la puerta, por supuesto haciendo ruido, uno que pareció alentar al que se encontrase fuera a llamar con más insistencia. El mediano se lamentó de haber hecho aquel gesto, dubitativo se encontraba de pie junto a la silla donde antes descansaron sus posaderas, estaba en tensión, instintivamente llevó su mano a la empuñadura de su espada corta.

Tras unos segundos, tres golpes ahora más intensos y sonoros hicieron que la puerta se resintiera de lo vieja que era, el silencio era lo único que los precedía, Tom acercó sus pies hasta la mitad de la habitación, echó otra mirada más a su primo, otra al muchacho, su pulso temblaba con la mano aferrada a la empuñadura.

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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Kendrall el Mar Nov 01, 2011 9:08 pm

Al ver el ansia y la voracidad con la que el crío agarraba el chorizo y lo engullía, Kendrall no pudo hacer más que soltar la ristra y apartar sus manos, temeroso de perder algún dedo ante el peligro inminente que lo acechaba.

Después de la sanguinolenta liza con el embutido, Eric continuó hablando, mientras el mediano no podía evitar fijarse en las pieles del marrano que se habian quedado colgando entre los amarillentos y desgastados dientecillos del muchacho. Kendrall se quitó los chorizos del cuello, agarró uno para él y le ofreció otro a su primo, antes de dejarlos sobre la mesa, pensando que la familia necesitara de aquellas provisiones más que él.

- Ojos-de-serpiente... ¿los conoces primo? - preguntó Kendrall, volviéndose a levantar y acercándose al muchachito para tratar de consolarlo con unas palmaditas en la espalda- Has-sido-muy-valiente, vamos-vamos, no-llores-campeón,¿como-que-hambre? con-la-de-ratas-que-hay-en-esta-ciudad-para-cazar... tú-has-hecho-todo-lo-que-has-podido, no-te-martirices, ahora-dejales-el-trabajo-sucio-a-los-profesionales.

Los halfings intercambiaron una mirada de complicidad, de esas que no necesitan decir mucho más, ya que ya sabían lo que tenían que hacer, estaba impreso en su naturaleza guiarse por los latidos de sus pequeños corazones con tal de alcanzar el bien supremo.


Tom estaba dando las últimas indicaciones al muchacho cuando de pronto sonaron dos fuertes golpetazos en la puerta.


- Primo... si-es-la-guardia,no-abras... no-paran-de-incordiarme-desde-que-llegué...
- susurró Kendrall mirando a la puerta con los ojos como platos , como cuando encuentras a la mujer que amas, en la cama, junto a la mujer que deseas, vamos que existen unos primeros instantes de indecisión en los que no sabes que hacer, pero luego la curiosidad es la que siempre mata al gato.


Kendrall rebuscó algo a lo que aferrarse por toda la habitación, por si tenían que pasar a la acción antes de tiempo. Finalmente agarró la pata de un taburete roto, se la puso al hombro como si fuera un bate, y se acercó sigilosamente con su primo Tom hasta la puerta. "Vamos yo abro, y tu le atizas" le trató de transmitir con un lenguaje de signos poco ortodoxo cuando vio que éste tenía la mano en la empuñadura de su espada, y sin más dilación, empezó a girar el pomo de la puerta.



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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Tom Armel el Miér Nov 02, 2011 9:46 am

Una mirada basta cuando dos personas se entienden, esa era la única cosa reseñable que ocurrió hasta ahora entre Kendrall y Tom cuando el chico desconsolado no sabía qué hacer, un mutuo pacto, igual al de dos caballeros pertrechados en armaduras pesadas, estrechando sus manos y firmando con el blasón de sus nobles familias, jurando por su honor, sus tierras y sus familias. En realidad compararlos con un par de caballeros es una barbaridad, ninguno de ellos haría tal estupidez, no arriesgaría a su familia, ni siquiera sus tierras, no tenían blasón, ellos podían apostar la hierba que fumaban en sus pipas, la botella de aguardiente que escondían en un falso escalón de una escalera, quizá si el pacto era realmente importante podían arriesgarse a perder un par de peniques. Tom no necesitaba ponerse una soga al cuello para obligarse a hacer lo que debía, como mucha gente hacía para acatar sus propios ideales, él simplemente lo hacía, ponía en riesgo su integridad, su vida, porque era lo que su corazón le dictaba.

Los chorizos quedaron reposando en la mesa, el hambre del niño era algo pasado, antiguo, el golpeteo de la puerta era lo apremiante, transformó su sonido a uno metálico, “Clack, Clack”, los dos medianos raudos se acercaron hasta la puerta, Tom se fijó en Kendrall, este iba cargado al hombro con un arma contundente improvisada, la pata de un taburete.

Un par de señales bastó para trazar un plan a los pequeños e inquietos halfling, en realidad el primo Kendrall fue el artífice de este en su totalidad, Tom sujetó con firmeza la empuñadura y poco a poco extrajo la corta espada, afilada como el canto de un cristal roto. Los golpes se sucedían tras breves pausas, el primo de Tom sujetó el pomo de la puerta con parsimonia, lo giró con un golpe rápido y el mediano con su grito más feroz de batalla alzó la espada para golpear a, ¡Un tipo armado!, armado con un martillo de carpintero y con la boca llena de clavos, los escupió todos haciendo sonar una leve lluvia de metal contra el pétreo suelo y calló de culo con la cara cargada de espanto, Tom detuvo la carrera contra el desdichado hombre a tiempo, si a Jim le hubiesen dicho que alguna vez se acojonaría de un mediano nunca lo creería, se habría echado a reír hasta acabar llorando, sin embargo ahora si alguna vez se lo decían su cara tornaría más roja que un pimiento morrón.

-¡Aaahhh!, ¡No me matéis por Sigmar, que tengo una familia que alimentar!-Gritó ahora liberado del metal que sostenía antes entre sus labios, agitaba sus manos mientras Tom blandía la espada frente a él.

-¡¿Quién diablos eres?! , y más importante, ¿¡Que has hecho con Frank!?-Acercó un tanto más la espada a su derribado enemigo amenazante, este negaba con la cabeza repetidas veces y tartamudeando se explicó, era un tipo delgado pero con un bartolón cervecero, su nariz pequeña y respingona, un pelo rubio que si fuese lavado como correspondía no parecería castaño, unos dientes amarillentos y unas manos curtidas en el campo.

-Y-y-yo, yo so-so-so-lo, clavaba los carteles, ¡Creedme!, llamé y nadie contestó, creía que nadie habitaba esta casa, la creía abandonada, soy Jim, trabajo para la guardia clavando sus carteles.-
Señaló con el dedo hacia la puerta y después sacó un puñado de papeles más de una bolsa que colgaba de su hombro, unos carteles eran iguales al que había clavado en la puerta, otros eran un pelín más grandes con el rostro de cada uno de los desaparecidos trazados con carboncillo, aún tirado en el suelo su aspecto era un tanto ridículo, su pálida cara mostraba el miedo que había pasado, poco a poco fue recobrando el color cuando constataba que solo se trataba de dos medianos, el bochorno sería lo único que reflejaría su cara hasta que se gastase el pago por colocar los carteles en la taberna de Jodri.

Sin duda la casa parecía abandonada e inhabitable desde el exterior, era normal que usase su puerta de madera como tablón en una calle transitada por gente pobre y maleantes. Jim no parecía ser uno de los tipos a los que los medianos buscaban. Tom desplazó su vista al cartel que había colgado de la puerta mientras envainaba la espada corta, tuvo que agudizar bien el ojo para alcanzar a leer bien, el tipo lo había clavado bastante alto, Tom pudo vislumbrar los cuatro clavos aferrados a la madera tras los fuertes golpeteos del martillo, ahora comprendió que los últimos golpes no eran llamadas a la puerta, sino martillazos clavando aquel mensaje.

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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Kendrall el Miér Nov 02, 2011 12:34 pm

¡Dale duro, primo, dale duro! ¡que no escape! - gritó Kendrall alentando a su valeroso primo que según abrió la puerta de improvisto, se abalanzó sobre el intruso estoicamente haciendo que culeara y cayera hacia atrás, gracias a un terrible rugido digno del mayor de los héroes en la peor de las batallas libradas, y relatadas posteriormente en todos los rincones del imperio, de Kislev a Wissenland, y cuyo eco aún resuena portentoso en los abrumados corazones de los bardos que recuerdan dicha hazaña en sus canciones.

- ¿Una familia que alimentar? ¿A costa de qué mendrugo? grrrrr..¿de destrozar otra y hacerla pedazos? - gruñó el mediano fuera de si, arreándole varios palazos consecutivos entre la rodilla y la espinilla mientras su primaco abordaba el galeón por la proa- ¡Eso-eso! ¡Habla canalla o muere para siempre!

Kendrall cogiendo un poco de aire para recomponerse y volver a la carga en cuanto pudiese, observó como el rubiales de cabellera tostada balbuceaba como un niño presa del pánico... cómo para ser éste uno de los matones que andaban buscando, aquel tipo parecía el típico cobarde capaz de regalar a sus hijas a una horda de goblins antes de que lo atizaran con la cachiporra entre los genitales. No, los malotes que debían encontrar no escupirían todo lo que sabían entre sollozos, a las primeras de cambio, sin haberlos torturado un poquito siquiera.

-¿Para la guardia? ¿Qué te dije, Tom? -Kendrall frunció el ceño con una vena palpitante apunto de estallar enmarcada en el centro de la frente, y sin avisar saltó de pronto con todas sus ganas sobre la barriguilla de cervecero del tipejo aquel - ya están estos rufianes otra vez... ¡Deberíais estar buscando al padre de estos chicos y no holgazaneando como siempre! -lo amenazó seriamente señalándolo acusadoramente con el dedo índice, tratando de imponer algo de respeto desde su elevada posición al tiempo que hacía equilibrios para no caerse del inestable terreno que estaba pisando- ¡ya le dije al carcelero que volvería para la hora de cenar! ¡hay asuntos más graves que me requieren, hacer algo de provecho vosotros también mientras tanto!

Kendrall gorgoreó como el lorito de un pirata que se ha atiborrado de galletas,y se bajó del barco de un salto con intención de atisbar lo que ponía en el letrerito tan chulo que había incrustado en el mismo centro de la puerta, y el que su primo trataba de descifrar meticulosamente.

-¿Qué-pone, qué-pone? - Inquirió posando las manos sobre los hombros de Tom, y cuando parecía que iba a darle un masaje para ayudarlo en su ardua concentración, cogió impulso y de un brinco se encaramó sobre él como un feliz bucanero en la torre de vigía. Entrecerro los ojos con cara de entendido, se llevó el dedo a la boca para bambolear su labio inferior con un gesto dubitativo, y finalmente exclamó- ¡Aham... no entiendo ni papa primo, ¿tú sabes leer?

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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Tom Armel el Miér Nov 02, 2011 6:07 pm

Una torre de dos medianos constituía el cuerpo de un humano bastante alto, dos metros y veinte centímetros me aventuraría a decir, de esa guisa se encontraban Kendrall y Tom, frente a la puerta medio cerrada de la casa de los Normand, detrás de ellos aún sentado en el suelo estaba Jim, con una cara de asco hacia los medianos que rezumaba rencor, segundos atrás le amenazaron por motivos que desconocía completamente e incluso uno de ellos le aporreó la pierna con un palo, dando justamente en una zona propensa al dolor del viudo, se le saltaron las lágrimas y lo hubiesen visto de no estar pendientes de aquel anunció que colgó, se levantó renqueante sujetándose de sus maltrechas rodillas y frotándose el golpe que recibió de Kendrall, Tom haciendo fuerzas para mantener a su primo encima de sus hombros dio media vuelta al escuchar a este el problema de la lectura del documento.

-Dime primo, ¿Para qué desperdiciar el tiempo leyendo un libro si tenemos al autor delante de nuestras propias narices?-Se agachó para hacer posar los pies de Kendrall en el suelo y extraer la cabeza de sus piernas. El ceño de Tom se frunció oteando al barrigudo Jim que de pie seguía sin entender nada sacudiéndose sus pantalones.

-Vamos, di...esto…-Se llevó dos dedos al mentón y tamborileó con ellos hasta dar con el nombre.-Jim, si eso es, dinos Jim, ¿Qué pone en esos carteles?-Señaló con su pulgar hacia atrás el cartel que adornaba la puerta.

El humano abrió sus fosas nasales y cerró la boca en una mueca indescifrable en un intento vano de parecer digno, alzó la testa como si se tratase del gobernador de todo el imperio, sabedor de que tenía valiosa información y esos medianos estaban interesados.

-Bueno, se trata de algo que viene de lejos, desapariciones en todo el pueblo durante la noche, es normal que ustedes no sepáis ese tipo de cosas, yo es que siempre estoy con un pie y un oído dentro del puesto de guardia, claro, allí se escuchan todos los sucesos que tienen lugar en el pueblo.-Dedicó unos segundos a regodearse de su estatus tirando del cuello de su deshilachada camisa y esgrimiendo una sonrisa bobalicona.

Tom permaneció en silencio, se cruzó de brazos y pensativo miró a su primo, no sabía qué demonios pasaba, ¿Desapariciones?, miró a Jim frotándose con un dedo por encima de su labio superior, este de nuevo alzó la cabeza como si tuviese un resorte escondido debajo de aquella papada, miraba a los medianos con condescendencia, como si se tratase de un altivo noble.

-¿Y desde cuando se dan esas desapariciones?-Tom descruzó sus brazos para hacerlos posar en sus caderas a modo de jarra, la actitud de aquel tipo le cansaba en demasía, el taconeo de su pie derecho lo delataba, sin embargo acaudaló su paciencia por un bien mayor, necesitaba esa información que quizá estuviese relacionada con Frank y esos tipos.

Jim se frotó su ancha cara realizando aspavientos con la mano, sin duda era una imagen ridícula, estaba intentando demostrar que lo necesitaban, dar un sentido a su insulsa vida después de las cogorzas y las putas en las que gastaba el dinero que ganaba clavando carteles, finalmente abrió la boca.

-Exactamente no lo sé, pero lo que sí sé es que lleva el tiempo suficiente para comenzar a ser un quebradero de cabeza.-De nuevo dudó unos instantes de aquello que iba a decir, parecía que Tom le planteaba ecuaciones tan complejas que ocuparían una pared entera solo transcribirlas, sin embargo por suerte para los medianos no estaba muy acostumbrado a hacerse el importante y se le olvidó cavilar más de la cuenta mientras hacía gestos inútiles.-Creo que llevan ya una decena de desaparecidos, siempre de noche, no hay testigos, ¡Mentira si los hay!-Se desmintió dando un grito a sí mismo y con un pequeño salto en el sitio recordó la información.-Un anciano, pero creo que murió a los pocos días de informar a Nathan.-Se encogió de hombros y miró expectante a los halfling, por supuesto esperando una recompensa o quizá un aplauso, si Jim no era el tonto del pueblo, el que actualmente poseía dicho título debía de andarse con cuidado pues sin duda en poco tiempo podría hacerse con él.

-Creo que fallé en mi anterior comentario sobre autor de ningún libro primo.-Tom suspiró desviando la vista hacia Kendrall.

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Re: Una canción triste y ojos de serpiente

Mensaje  Kendrall el Jue Nov 03, 2011 1:40 pm

Ehm... claro-claro ¿qué? ¿dónde? no-sé, primo, tú-eres-el-listo...mi-padre-ya-sabes-que-era...que-era-un-poco... - respondió confuso a la pregunta de su primo mientras se bajaba de su apeadero, y se acarició la barbilla pensando que sería alguna clase de acertijo raro de estos que solían hacer los de su especie, él nunca los entendió.


Antes de que terminara de hablar un ruido detrás suyo le llamó la atención, giró la cabeza y vio unos intrigados ojos color carbón analizándolos por detrás, Kendrall se encongió de hombros y le hizo un leve gesto con la cabeza para que hablara.


- ¿Qué-qué sucede, Ken? - ahogó un susurro el muchacho sacándo la cabeza por entre la puerta y mirando a ver que ocurría fuera.


-Tú-tio tom, Eric....- murmuró Kendrall llevándose la mano a la cabeza y haciendo círculos sobre la sien con los ojos en blanco- creo-que-ha-perdido-la-chabeta, ahora-quiere-ser-escritor...¡y-no-sabe-leer! toma-guardáme-esto, no-me-gustaría-que-acabara-en-malas-manos,hay-dinero-y-otras-cosillas-que-puedes-empeñar-si-lo-necesitarais. Vuelve-dentro-anda, a-nosotros-nos-aguarda-un-futuro-incierto.


El mediano agarró un par de objetos de su mágica bolsita antes de tendérsela al chiquillo, que lo miraba con una mezcla de estupefacción y agradecimiento. La agarró fuertemente estrujándola contra su pecho, miró su contenido con una rápida ojeada, sus pequeños ojitos, negros como los cojones de un grillo, brillaron víctimas del miedo al cruzar una última mirada con su tío, preocupado por lo que les pudiera pasar ,arrimó la puerta silenciosamente y volvió a sus quehaceres dentro de la casa.


Cuando volvió su atención a la conversación que estaban manteniendo los adultos, se dio cuenta de que su primo lo estaba mirando, cruzado de brazos y en una pose adusta. Kendrall puso cara de interrogación, sepultó su labio superior con el inferior, arqueó los brazos y extendió las palmas de sus manos a ambos lados en un gesto de absoluto desconcierto. Después su primo volvió a la carga contra aquel raquítico larguirucho con otra pregunta que salió disparada como un proyectil de su ballesta automática última generación... ¿más desapariciones? Kendrall se alegró de haberle dado la bolsa a Eric, ahora si que no podían acusarlo de nada, ¿qué culpa tenía el de que los objetos que extraviaba la gente aparecieran por medios sobrenaturales dentro de su bolsa? Ninguna.


Jim se estaba haciendo de rogar, aquella actitud no pillo por sorpresa al ingenuo de Kendrall ya que muchas veces se había visto obligado a actuar de un modo similar, frunció el ceño y siguió escuchando escrutadoramente lo que tuviera que decirles. Esos bruscos cambios de tono en sus palabras, y el juego sucio que utilizaba en sus muy meditadas palabras, le hicieron comprender al mediano que aquel tipo les estaba mintiendo, o no les decía completamente todo lo que sabía, solo había una manera de actuar con aquel tipo de gentuza, todos eran altamente proclives a enfermar por los estragos que producía en ellos la fiebre amarilla.


-¡Oh-claro-que-no! tú-nunca-te-equivocas-primo, será-culpa-del-autor... estaría-borracho-cuando-mojo-la-punta-de-su-pluma-en-sus-calzones-en-lugar-de-en-el-tintero. Déjame-a-mí. - puntualizó Kendrall metiendo la zarpa en uno de sus andrajosos bolsillos - He-visto-muchos-poemas-escritos-en-las-embadurnadas-caras-de-estos-humanos, todos-necesitan-algún-tipo-de-aliciente-para-inspirarse.

El mediano después de revolver un rato sacó el puño tembloroso, y sin abrir la mano se lo mostró tranquilamente a Jim, hizo un rápido quiebro de muñecas, chasqueó los dedos, y una dorada y reluciente moneda de oro bailó levitando en el aire unos segundos ante la atónita mirada del larguirucho, éste extendió la mano y la agarró sonriente.


- ¡Ah,no! - sonrió Kendrall con un torva sonrisa en el rostro - Lo-primero-es-lo-primero, habla-rufián-o-no-verás-un-solo-penique-más.

Kendrall ha efectuado 1 lanzada(s) de uno D100 (Imagen no informada.) :
56

El mediano abrió la otra mano mirando a su primo pícaramente, esperando que todo estuviera en su lugar.


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Modo defensivo (maxima concentración)

Prestidigitación (acción de movimiento)

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