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La Gloria de Eisental - Vigésimo tercer torneo.

Miér Ene 04, 2012 10:10 am por Jodri Rompehierro

Los juglares se encargan de llevar las noticias aquellos que no saben leer, y con sus cánticos transmiten toda la información. Esta vez cantan himnos de guerra, de lucha y combate. Pero más allá de su exagerada visión, comentan el que será el vigésimo tercer torneo de Eisental:


La Gloria …


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Para todos los usuarios.

Mar Ene 03, 2012 6:59 pm por Jodri Rompehierro

¡Muy buenas mis pequeños y Feliz Año Nuevo para todos!

Empezamos un año nuevo, y mi primera impresión no ha sido muy buena… Puede que esté confundido, o espere demasiado… Pero es lo que me parece y me cuesta decirlo… No sé si entenderéis a lo que me refiero.

En fin, aparte de …

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Comentarios: 9

Un día especial

Mar Oct 25, 2011 7:05 am por Jodri Rompehierro

Un día especial


Saludos a todos y a cada uno de vosotros. Hoy es un día muy especial, y en nombre de todos los administradores tengo que contaros algo. Esta vez no voy a narrar ningún combate, ni a rolear con vosotros. Creo que lo que voy a deciros es más importante. Algo dentro de mí me …

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Cartas Rotas

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Cartas Rotas

Mensaje  Skabscror el Mar Dic 06, 2011 3:34 pm

El tiempo era bastante apacible. Más lejos que nunca antes la amenaza del invierno, el transcurrir de los días languidecía muy lentamente en aquellos lares tan apacibles y relajantes, sin nada que turbase la paz. El sol, tal carro de fuego, brillaba solemnemente en el firmamento, reinando sobre el resto de los astros, ocultándolos con su reluciente magnificencia, y tornando toda la capa aérea en una enorme cúpula azul celeste, sin ninguna acumulación de vapores de agua asomando por el horizonte. La hierba era mecida suavemente por el viento cálido otoñal. Del cercano bosque de encinas de tallo onduloso tan solo llegaban de vez en cuando los sonidos de algún que otro ruidoso grillo fuera de su hora. Alrededor de la figura del sol volaban en círculos dos espléndidos buitres de orgulloso talle.

Uno de los buitres aminoró el vuelo y se posó encima de lo que unos días atrás fue una pared, ahora en ruinas y con rastros de incendio. En las sombras del bosque se oyó un silbido, un chasquido, un cuchillo y momentos después el buitre desapareció. Una forma oscura y baja correteó por las baldosas destrozadas para esconderse detrás de otro muro en ruinas. Observó suspicazmente otra figura de la misma índole que indagaba entre los restos recientemente quemados de una mesa. Los crujidos de los grillos se vieron interrumpidos por el clásico sonido del típico carnívoro al acecho, olfateando con su hocico el aire, buscando con todos los sentidos nuevas presas. El calcinado cadáver de un humano observó desde una esquina como transcurría la escena.

Otra figura recortada y bajita se escabulló por entre las ruinas, pasando por otros dos muros semi derruidos, y evitando los cadáveres humanos humeantes. Por un momento se detuvo, olfateó, tosió con una chillona voz, y siguió su camino hasta llegar a unas escaleras. Volvió a parase para repetir el proceso antes mencionado, y subió rápidamente las escaleras, esquivando con prodigiosa agilidad los peldaños rotos y los huecos donde sencillamente no había nada, así hasta llegar al final de las escaleras, el segundo piso. Allí el panorama era tanto menos desolador. Por el pasillo salió un humo que atacó a la desprevenida figura y casi la obligó a agacharse por la asfixia provocada. Usó un pañuelo negro para cubrirse el hocico y continuó su camino. En el centro del pasillo se hallaba la bomba infernal con la cual habían hecho estallar el edificio. Subyacentes al pasillo, había cuatro habitaciones. En tres de ellas tan solo había sábanas, camas y humanos en estado de descomposición, además de un gran desorden. Todas las ventanas habían sido arrancadas de cuajo y tenían grandes arañazos. También por todo el suelo había restos del techo

Pero ninguna de las tres primeras habitaciones atraía especialmente la atención del desconocido, que entró en la cuarta habitación, saltando sobre la puerta de madera del suelo y llegando a la habitación. Esta carecía por completo de suelo, ya que toda la habitación se había derrumbado junto con las vigas. En un prodigioso salto la figura saltó sobre el vació hasta legar a la ventana de cristales rotos de la pared opuesta. A través de los cristales, Skbrrtiz pudo ver con gran claridad el cadáver del estúpido posadero tendido en el suelo del camino. Había intentado huir. Lástima. Había tenido que limpiar de sus cuchillos carniceros la mugrienta sangre de una cosa rosada.

Skbrrtiz hizo la parodia de lo que un humano habría llamado "mueca de desprecio". Una vez más el inútil de Skabscror no dejaba de encargar al Clan Eshin objetivos tan inútiles como misteriosos. No entendía muy bien la finalidad de aquella misión. No era que al skaven no le gustara hacer volar por los aires las edificaciones de unas estúpidas cosas rosadas, de hecho, había disfrutado de lo lindo escuchando los gritos de agonía y jugando con el cadáver del tabernero, lo que pasaba es que no entendía que interés podía tener una taberna para los objetivos del clan de Skabsror. Bueno, lo que importaba era poder sacar tajada de aquello. Ya estaba pensando en miles de excusas que ponerle a Skabscror para aumentar la tarifa inicial.

En esto estaba pensando cuando su extraordinario olfato captó el olor de cosas vivas. Con un chasquido, ordenó a los Mil Ojos ocultarse en puestos de observación, mientras Skbrrtiz ojeaba a través de un resquicio a los viajeros que desconocedores de su presencia marchaban hacia la taberna de las Cartas de Shallya.

Skabscror
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Re: Cartas Rotas

Mensaje  Ethariel el Miér Dic 07, 2011 9:17 am

Un fuerte olor despertó a Ethariel. Este, sobresaltado por el hedor, se incorporó demasiado rápido, haciendo que le rodara la cabeza. Por un momento, había perdido la noción del espacio, y no conseguía concretar dónde se encontraba. Lentamente pero sin pausa, la memoria del elfo iba encajando entre si las ideas en su cabeza. Se encontraba en el interior vacío de un sauce centenario, enrollado como un gusano en su grueso saco de dormir. Una tenue luz se filtraba por la abertura del tronco, por la que había conseguido entrar la noche anterior, dejando entrever las diminutas partículas de polvo que circulaban sin rumbo a través del aire. El rocío de la mañana había creado una fina capa de agua, humedeciendo las paredes del árbol, y de paso, empapando el ya de por sí incómodo saco de dormir.

Los huesos de Ethariel crujieron con los primeros movimientos. Como siempre que dormia al raso, la espalda del elfo empezó a chirriar y a gemir de dolor. Si el suelo ya era siempre una mala cama, un árbol de incontables y fibrosas raíces era mucho peor. El elfo, sin muchas ganas, empezó a desperezarse. Mientras comía los últimos restos de carne en salazón que le quedaban en un saco hecho de hierbas silvestres, recogió el improvisado campamento. Comprobó que la humedad no hubiera afectado a su arco, debidamente guardado en su estuche de cuero; contó las flechas que le quedaban y concluyó que iba falto de ellas; también observó que apenas le quedaba pan para pasa el día y decidió que durante el mediodía, o encontraba una posada, o debería conformarse con las nada reconfortantes raíces silvestres que guardaba para esos casos. A continuación, sin ninguna prisa, empezó a atarse el jubón, que por desgracia estaba frío y húmedo. La gran cantidad de correas que necesitaban ser atadas para ajustar la armadura hacia la tarea monótona, larga y pesada. Cuando al fin ató el último botón, pasó a ser el turno del largo y negro cabello. Al elfo siempre le había gustado los cabellos bien cuidados; y aunque no mostraba nunca en público su larga melena, estaba orgulloso de ella. Era de los pocos caprichos que Ethariel tenía. Empezó a trenzarlo cuidadosamente, con manos expertas, precisas y rápidas. En menos de lo que había tardado en atarse el jubón, tenía ya el cabello recogido, de manera que no le molestara. Finalmente, se ató su trapo rojo de lino alrededor de la cabeza, cubriendo el cabello por completo, así como la profunda y negra cicatriz que surcaba su rostro. Cinco minutos más tarde, estaba listo para proseguir su camino.

El edor que lo había despertado de un sobresalto no empezó a definirse hasta un rato después. Incluso para Ethariel, distinguir los olores en el bosque, y por la mañana, no era tarea fácil. El aroma a sabia se entremezclaba con el de madera mojada; creando una maraña de olores. Más el olor que había interrumpido la vigilia del elfo era inconfundible: carne quemada. A judgar por la intensidad de la peste, el lugar de dónde provenía estaba aun lejos. Cómo muy pronto llegaría entrado el mediodía…

Las horas transcurrían con tranquilidad. El elfo había seguido el curso de un riachuelo, que, tal como esperaba, lo había conducido hasta su destino. A medida que se acercaba hacia el lugar, pudo observar cómo la maleza iba dispersándose cada vez más; incluso estaba empezando a ver cómo la mano del hombre había trabajado esas tierras: árboles talados, arbustos desprovistos de sus ricas vainas y semillas; era seguro que por allí se encontraban humanos. Tras unos minutos, Ethariel pudo entrever lo que parecía la estructura de un edificio. No fue hasta pasados unos segundos que no vio el humo que se desprendía de la madera calcinada. El elfo, sobresaltado por el descubrimiento, paró en seco la marcha. Se descolgó el arco de la espalda, lo sacó de la funda junto con na cuerda, y empezó a montarlo. Pasado un minuto, y habiendo comprobado que el arco estaba debidamente tensado, volvió a colocarlo en su funda, aunque esta vez abierta. Reajustó su carcaj, trasladándolo de sus nalgas a su muslo, y a continuación sacó la espada del saco, desenfundándola de su vaina. Sólo entonces prosiguió la marcha, cimitarra en mano. Empezó a fijarse más en su entorno. Buscaba, antes de acercarse demasiado al edificio, y de está forma estar ya expuesto (puesto que el bosque finalizaba allí dónde se encontraba el edificio), pistas o rastros que le indicaran de antemano si por el bosque había pasado alguien… o algo. No le gustaba la idea de llegar y encontrarse con un grupo de goblins sedientos de orejas elficas.

No fue hasta pasados unos minutos que le pareció escuchar el sonido de pisadas aproximándose… en efecto, desde el camino principal, que ya era visible a ojos del elfo, se aproximaban cuatro individuos, junto con lo que parecía ser una especie de cría de animal exótico, desconocido para Ethariel. Sin tiempo que perder, reculó sobre sus pasos y buscó la protección del bosque, desde dónde podía observar la situación sin ser detectado (al menos de momento). Guardó su espada y sacó el arco ya preparado, colocando una flecha en el surco de la madera del arma, permitiendo así un tiro rápido en caso de ser descubierto. Allí aguardó, agazapado en la verdor del bosque…


Ethariel ha efectuado 1 lanzada(s) de uno D100 (Imagen no informada.) :
22

Off-rol: lanzo dados porque me interesa rastrear la zona en busca de pistas. No se si es necesario teniendo la habilidad rastrear, pero como no se la dificultad del rastreo, tiro dados por si las moscas.

Ethariel
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Re: Cartas Rotas

Mensaje  Aregius El Oscuro el Lun Dic 12, 2011 3:59 pm

Aregius se permitió a si mismo hacer una mueca burlona que en otros lugares podría haberse interpretado como una sonrisa. El viaje a través del camino se le había hecho muy corto, tal vez debido a la poca distancia que distaba entre Eisentaal y aquella taberna que Guzmann llamaba ociosamente Cartas a Shallya. O tal vez debido a la amena conversación que había tenido durante la corta travesía con sus acompañantes bastante amables, pro cierto. La conversación entre ellos abordó muchos temas, pero Aregius se cuidó mucho de no mencionar alguna palabra sobre la razón de su estancia en aquel lugar, charla que se guardaba para otra ocasión, puede que cuando estuviesen a salvo en la taberna.

El camino era pedregoso, fácil de caminar pero de vez en cuando alguna piedra fisgaba entre los pies de sus viandantes, tal era la cantidad de sedimentos acumulada a lo largo del camino. En el firmamento brillaba el radiante sol, a pesar de la inminente amenaza de algunas nubes en el horizonte. Lo raro era que desde hacia unos pocos momentos ningún ruido provenía del bosque. Ni grillos, ni pájaros, ni ciervos, ningún animal turbaba aquella calma tan horrible. Por si acaso, Aregius tentó con sus dedos alargados el mango de su hacha, aunque no transmitió sus temores a sus compañeros pro miedo a que todo no fuese más que una intuición vana.

Entonces llegaron a la bifurcación donde Guzmann afirmaba que se situaba la posada. Y lo que vio lo dejó alucinado. La taberna, estar, estaba, pero ahora tan solo quedaban restos quemados y calcinados de lo que en su día debió de ser una estructura robusta y apacible por donde la gente pasaba a echar un trago. ¿Hasta aquellos lugares llegaba el horror? ¿Es que en ningún lugar del mundo podría hallar un maldito sitio lejos de la hedionda huella del caos? ¿Cuanto tiempo resistirían?
Sin hacer caso ahora de sus camaradas, sacó de su espalda su hacha craciana y la enarboló con ambas manos. Olisqueó el aire y avanzó hacia los restos de la posada, buscando con su aguda vista élfica supervivientes, o por lo menos a los causantes de aquello para poder vengar a los supervivientes. Aun así, tampoco le quitó ojo a los bosques.
Suspiró, pensando que hoy no probaría trago de bebida alguna…

Aregius El Oscuro
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Re: Cartas Rotas

Mensaje  Skabscror el Mar Ene 03, 2012 1:00 pm

Skbrrtiz tembló un tanto y liberó el almizcle del miedo. Esos viajeros eran... uno, dos, tres... lo superaban en número, y encima no los pillaba de espaldas. Sus otros dos compañeros también secretaron rápidamente el almizcle del miedo,, pero Skbrrtiz todavía tenía la esperanza de poder pilalrlso por sorpresa. Sin embargo su fino olfato captó un olor interesante en el aire. Indagó un poco más con la mirada y descubrió entre la hojarasca a una cosa-oreja que a su vez los había descubierto. El acechante soltó una maldición, ya que habían perdido e facto sorpresa por completo.

Con unos chasquidos indescifrables, ordenó a sus compañeros retirarse del a escena del crimen. No iban a trabarse en combate inútiles, así que ordenó la retirada, y ya darán parte luego a Skabscror. Al fin y al cabo las ordenes eran muy claras, quemar la taberna, nada más. No entraban en las órdenes un atajo de cosas humanas...

Skabscror
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Re: Cartas Rotas

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